El excandidato presidencial Sergio Fajardo presentó un documento denominado el “Decálogo del millón de votos”, una propuesta de diez puntos con la que busca fijar posiciones sobre temas clave de la campaña presidencial y hacer un llamado a los candidatos que disputarán la segunda vuelta.
Entre los planteamientos más llamativos se encuentra una crítica directa a la política de Paz Total impulsada por el Gobierno de Gustavo Petro. En el cuarto punto del decálogo, Fajardo afirma que “Colombia necesita una agenda seria de seguridad y presencia territorial del Estado”.
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Sergio Fajardo pide que se acabe la Paz Total en el próximo gobierno
“El incremento de la inseguridad, el crimen, el narcotráfico y la presencia de grupos armados ilegales y bandas criminales en buena parte del territorio nacional exige recuperar el control, proteger a la ciudadanía y enfrentar las economías ilegales”, señala el documento.
Además, sostiene que la estrategia actual ha fracasado y plantea un cambio de rumbo en materia de seguridad. “Nuestro Plan Guardián es la respuesta más sólida para superar la inseguridad y el fracaso de la Paz Total”, afirma el texto.
Otro de los puntos centrales del decálogo es el llamado a reducir la polarización política. Fajardo advierte que el clima de confrontación debe disminuir y que los adversarios no pueden ser tratados como enemigos.
“Rechazamos rotundamente la escalada de división y polarización de nuestro país e instamos a los candidatos a civilizar, moderar y rebajar la crispación. Las formas son el fondo. Y los adversarios no pueden ser considerados enemigos. Ningún colombiano debe ser considerado así”, indica el primer punto.
En materia institucional, Fajardo defendió la Constitución de 1991, “respeto explícito e irrestricto al equilibrio institucional y a la independencia de poderes. Esto no es compatible con el permanente cuestionamiento a nuestra Constitución Política y a la arquitectura institucional. Mucho menos con los intentos de socavarla o cambiarla con una Asamblea Constituyente”, señala el documento.
Fajardo también incluyó un capítulo dedicado a la lucha contra la corrupción, en el que propone una revisión exhaustiva de la gestión del actual Gobierno.
“Los recursos públicos son sagrados, hay que auditar a la actual administración con un riguroso informe de rendición de cuentas y una batería de medidas que eviten que la corrupción siga robando la plata pública”, afirmó.
La educación ocupa un lugar destacado dentro del decálogo. Allí sostiene que el país debe convertirla en una prioridad para generar oportunidades y reducir las brechas sociales.
“Necesitamos fortalecer a maestras y maestros, recuperar los aprendizajes y abrir más oportunidades para que las y los jóvenes puedan estudiar, graduarse, trabajar y construir su futuro en Colombia”, indica el quinto punto.
Sobre el sistema de salud, Fajardo plantea una reorganización del modelo actual con énfasis en la atención a los pacientes.
“Hay que garantizar atención oportuna, medicamentos disponibles, condiciones y bienestar para el personal médico, apoyo a las personas cuidadoras y un modelo sostenible, justo y transparente. El sistema debe volver a estar centrado en la dignidad de los pacientes”, señala el documento.
El decálogo también dedica un apartado especial a los jóvenes, “que el lugar donde se nace no determine el futuro. Transformar el talento de los y las jóvenes en el principal motor de desarrollo del país”, plantea.
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En otro de sus puntos, Fajardo insiste en la necesidad de un Estado que garantice los derechos consagrados en la Constitución de 1991 y rechaza cualquier forma de discriminación. “Queremos un gobierno plural e incluyente, que proteja y respete a todas las personas, sin amenazas ni estigmatizaciones”, afirma.
La propuesta también aborda asuntos económicos. Allí se plantea impulsar la inversión privada y el desarrollo productivo con inclusión social.
“Colombia debe atraer inversión privada, impulsar un desarrollo sostenible que proteja nuestra biodiversidad y garantizar condiciones dignas para el empleo de las y los trabajadores”, señala.
Finalmente, Fajardo propone un cambio en la política exterior colombiana, “la diplomacia no puede seguir dependiendo de peleas personales, improvisaciones o afinidades ideológicas. Necesitamos una política exterior soberana, pragmática y guiada por el interés nacional”, concluye el décimo punto.
