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Insectos en Colombia: ¿Son la comida del futuro?

¿Se imagina comiendo abejas, gusanos y cucarrones? ¿son una alternativa alimentaria real? Hoy en GastroPop aclaramos esas dudas

Si hablamos de insectos comestibles seguramente reconocemos los gusanos de Maguey o los chapulines mexicanos. Países como Japón y Tailandia tienen un alto consumo de insectos. En Colombia los más conocidos son tal vez las hormigas culonas de Santander y el mojojoy del Amazonas. ¿Hay muchos más? ¿Cómo se comen? ¿Podrían suplir el consumo proteico de la carne animal?

Héctor Gasca, entomólogo investigador de insectos comestibles en Colombia y profesor de etnoentomología de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, contesta. El proyecto “Diversidad de insectos como Fuente de alimento para las comunidades indígenas del oriente Amazónico” en el que participa junto a un grupo de investigadores reunidos por el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas - Sinchi, plantea que en Colombia hay 69 especies de insectos comestibles consumidos por 13 grupos étnicos principalmente de las regiones del Caribe y Amazonas.

¿Son una alternativa alimentaria interesante en el contexto de aumento de la inflación actual? ¿Comeremos cada vez más insectos impulsados por la crisis climática y la inseguridad alimentaria agudizada por efecto del Covid?

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Entomofagia es como se conoce la costumbre de comer insectos, atribuida a cerca de 3000 grupos étnicos en el mundo. En Japón, existen ya máquinas expendedoras de insectos. En España venden harina y snacks a base de insectos, la Unión Europea ha autorizado el consumo de dos especies de langostas, del gusano de la harina, la abeja y el escarabajo.

Dado que se estima que 4/5 del reino animal son insectos, el aumento de su consumo probablemente tenga sentido en el contexto alimentario del futuro.

Para Gasca, los insectos son sin duda una alternativa interesante de alimentación diaria y pueden consumirse de maneras innovadoras: “son muy nutritivos, presentan un alto contenido de proteínas, aminoácidos, carbohidratos, grasas, minerales y vitaminas. Tienen importantes cantidades de energía, incluso pueden tener más proteínas que la carne y el pescado. Además, su producción ofrece beneficios ambientales ya que fomentan la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, tienen menor requerimiento de agua y área de producción y una mayor eficiencia de conversión del alimento, el 100% del insecto es comestible” dice.

En Colombia el consumo en zonas urbanas es poco frecuente pero ha empezado a surgir cierto interés, algunos chefs los están incluyendo en platos refinados y en programas como Masterchef el mojojoy ya ha sido protagonista. “Para que el consumo local crezca se necesita abandonar el prejuicio que considera a los insectos como animales repulsivos y dañinos, hay que crear una cultura de apropiación del patrimonio biológico de Colombia”, dice Gasca refiriéndose a las barreras de consumo culturales.

En el top tres de los insectos locales más consumidos se encuentran las hormigas culonas, el mojojoy y las larvas de abejas y avispas. Pero para Héctor Gasca, el insecto más sorprendente que desconocemos y que es ampliamente consumido por las comunidades indígenas son las orugas de diferentes especies de polillas que abundan entre los meses de agosto y octubre, principalmente en la región amazónica.

Restaurantes de alta cocina o con propuestas de cocinas regionales como Leo Cocina y Minimal ofrecen insectos comestibles como platos exóticos. “Se está empezando a promover el consumo de insectos, pero no es accesible para todos aún”. En comunidades rurales, según las costumbres de cada etnia, los insectos comestibles suelen consumirse vivos “pero también pueden consumirse tostados, asados, hervidos, ahumados y usualmente se acompañan con un caldo o una salsa picante”, concluye.

La importancia de proyectos de investigación como éste y del uso de insectos por parte de cocineros es que promueven la educación alrededor de las alternativas de alimentación que nos ofrece nuestra biodiversidad en un contexto de escasez de alimentos, inseguridad alimentaria, cambio climático, empobrecimiento de la población rural, aumento de impuestos y de inflación. Hay alternativas alimentarias con antenas, patas y alas y son parte de nuestro patrimonio biológico.

Información del proyecto en: www.sinchi.org.co contacto: scarab7@gmail.com

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