A siete años del trágico fallecimiento de su expareja, el cantante Legarda, Luisa Fernanda W se encuentra en una etapa de su vida radicalmente distinta. Enfocada hoy en el contenido de estilo de vida, la maternidad de sus dos hijos y su sólida relación con su prometido, el cantante de música popular Pipe Bueno, la influyente antioqueña decidió que era momento de soltar amarras con el pasado.
A través de un video en el que mostró detalles del procedimiento, la influencer confesó el torbellino de emociones que le causó esta determinación: “Cerrar esta etapa y despedirme de algunos tatuajes me generó mucha nostalgia, pero en mi corazón sabía que era momento de hacerlo. Como les conté, voy a borrarme casi todos; los del cuello prefiero dejarlos para otras sesiones”, explicó a su comunidad.
Para Luisa, el dolor físico del láser es secundario en comparación con el trasfondo de su decisión. “No es solo por las decisiones que tomé en el pasado, también es un proceso espiritual para mí. La verdad le pedí a Dios mucha sabiduría y discernimiento para tomar esta decisión”, puntualizó, dejando claro que el cambio trasciende lo estético.
Luisa Fernanda W se defiende ante la ola de críticas por su decisión
Como era de esperarse, el anuncio no estuvo exento de polémica. Entre los diseños que comenzó a remover se encontraba uno vinculado a su expareja, lo que desató una ola de comentarios negativos por parte de usuarios que volvieron a cuestionar la forma en que la creadora de contenido vivió su duelo en el pasado.
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Ante el asedio digital, Luisa Fernanda W decidió romper el silencio a través de un contundente video en TikTok, donde confrontó la intolerancia de sus detractores. “Yo me quedo sorprendida de cómo las personas critican el proceso de otras personas”, manifestó con indignación.
“Me están criticando porque les compartí que fue una decisión de mi proceso espiritual muy personal y, aquí entre nos, sí es la verdad: uno de los compromisos que tenía con Dios era borrarme los tatuajes. Yo respeto en lo que usted crea o no crea, yo en mis publicaciones nunca he dicho que tatuarse sea una falta de Dios”.
La empresaria no dudó en hacer una autocrítica sobre las razones que la llevaron a marcar su piel en su juventud, atribuyéndolo a la inmadurez y a la falta de la seguridad que hoy posee. Con el paso de los años, su identidad ha dado un giro hacia una estética mucho más conservadora y madura.
Finalmente, la paisa cerró su intervención con una reflexión que invita a la empatía en la era digital, recordando que la transformación es un derecho humano: “Debemos normalizar que las personas cambien de opinión porque crecemos y cambiamos”.
