El histórico capitán italiano y Balón de Oro 2006 atiende en exclusiva a Publimetro desde Eurasia, a contrarreloj, para revelar cómo prepara a una selección debutante dispuesta a sobrevivir a un “grupo de la muerte” frente a la Colombia de Néstor Lorenzo y el Portugal de las grandes estrellas europeas.
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Con la franqueza de quien lo ha ganado todo, Cannavaro analiza a fondo el impacto del nuevo formato ampliado a 48 equipos, elogia el proyecto de desarrollo de la FIFA que democratiza el fútbol y confiesa la profunda emoción que le produce pisar la sagrada cancha del histórico Estadio Ciudad de México.
El reloj marca la madrugada en el corazón de Eurasia, pero para Fabio Cannavaro el tiempo parece medirse en la urgencia de los preparativos tácticos, los pizarrones llenos de flechas y la ilusión desbordante de un país entero. Han pasado exactamente veinte años desde que aquel inexpugnable defensor central, con el gafete de capitán ceñido al brazo, levantara al cielo de Berlín el título más codiciado del planeta. Aquella noche de 2006 lo consagró para la eternidad, otorgándole un Balón de Oro atípico para un zaguero y un lugar en el Olimpo del balompié. Hoy, el mítico exjugador del Parma, la Juventus y el Real Madrid vive el fútbol desde una trinchera diametralmente opuesta, pero igual de apasionante e implacable: el banquillo de la selección nacional de Uzbekistán.
En una charla exclusiva, transatlántica y a contrarreloj de apenas siete minutos, Publimetro pudo adentrarse en la mente de un campeón del mundo que ahora tiene la titánica encomienda de guiar a una nación emergente en su debut absoluto en la Copa Mundial de la FIFA 2026. Lejos de los reflectores habituales de las potencias europeas o del fervor tradicional sudamericano, Cannavaro ha construido en Asia Central un equipo basado en el orden, la resiliencia y la férrea convicción de que, en el fútbol moderno, las distancias nominales se acortan si la táctica roza la perfección absoluta.
El despertar de una nación y la psicología del “Underdog”
Uzbekistán no llegará a la justa mundialista por obra de la casualidad o por un golpe de suerte en los despachos. Su histórica clasificación es el resultado de un proceso metódico, de años de quedarse a la orilla en las eliminatorias asiáticas, que finalmente ha cristalizado y ha desatado la locura colectiva en las calles de Taskent. Para Cannavaro, el peso histórico de este logro no debe nublar el objetivo principal del equipo: la evolución competitiva y no conformarse con ser simples turistas en Norteamérica.
“Esto lo han logrado con un buen resultado porque han tenido una buena cualificación, y claro, ha tenido mucho suceso aquí”, relata el técnico italiano, dejando ver una sonrisa al otro lado de la conexión, consciente de la efervescencia que rodea a sus dirigidos. “La gente está muy contenta porque por primera vez se van al Mundial. ¿Sabes? Para esta gente es importante disfrutar. Yo se lo he dicho muchas veces a los jugadores y a la directiva: para nosotros, el Mundial tiene que ser algo para crecer, porque después de seis meses vamos a tener la Copa Asiática. Entonces, la gente aquí está muy ilusionada, está muy contenta y seguro que va a ser una fiesta nacional”.
Sin embargo, en la élite del más alto nivel, la fiesta suele terminar abruptamente si no hay una preparación milimétrica. Al ser cuestionado sobre la mentalidad que debe adoptar un equipo considerado underdog (el rival débil en el papel) frente a los colosos internacionales, Cannavaro apela a la liberación psicológica. Sabe que el miedo escénico paraliza las piernas. “Te lo he dicho, no tenemos nada que perder. Vamos al Mundial con mucha ilusión, con muchas ganas, pero también vamos a ver que va a ser muy difícil. Nos vamos a enfrentar a dos equipos fuertísimos como el Portugal y la Colombia. El tercero todavía no lo sabemos, pero seguro que va a ser también uno de alto nivel. Entonces vamos a ver, vamos a ver de qué estamos hechos”.
El Grupo K: El arte de sobrevivir con precisión quirúrgica
El sorteo no fue condescendiente con los asiáticos. El Grupo K los emparejó con la potencia física y técnica de la selección de Colombia, y con el inagotable arsenal ofensivo de Portugal. ¿Cómo se prepara un equipo modesto para frenar a plantillas inundadas de estrellas consolidadas en la Premier League, la Serie A y LaLiga? Cannavaro, quien en su etapa de jugador hizo del marcaje un arte, lo tiene claro: la clave está en el bloque, el sacrificio colectivo y el pragmatismo absoluto.
“Claro, para esto tenemos que saber que tenemos que ser perfectos”, sentencia con gravedad, remarcando la palabra ‘perfectos’. “Sabemos que no podemos jugar a nivel individual de tú a tú, tenemos que jugar como equipo porque seguro que vamos a sufrir. Tenemos que correr mucho porque, claro, la noche puede mandar en el partido”.
Pero el estratega napolitano se aleja rápido del cliché del catenaccio rancio de antaño. Entiende perfectamente que ceder la iniciativa absoluta durante todo el encuentro es un suicidio táctico anunciado ante rivales de tal jerarquía. “Al mismo tiempo yo siempre hablo con mi equipo y le digo: si esperamos y nos quedamos ahí atrás los 90 minutos, seguro que no vamos a hacer nada. Entonces también yo creo que los jugadores tienen que tener muy claro qué queremos hacer cuando tenemos el balón. Por eso creo que lo vamos a preparar bien, lo vamos a trabajar a fondo. Tenemos mucho tiempo por delante para estudiar a estos equipos. Pero, como te he dicho, para mí lo más importante es que los jugadores van a disfrutar, van a aprender qué es el Mundial. Hay mucha presión y yo esta presión la tengo que quitar de ellos. Es mi trabajo”.
Sobre el tercer rival del grupo, aún por definirse en los repechajes internacionales (con posibilidades para selecciones africanas de gran portento físico como la República Democrática del Congo), el técnico no se inmutó. Fiel a la escuela de Coverciano, su enfoque no está en el escudo del rival, sino en el planteamiento propio para neutralizarlos. “Mira, si hablamos del Congo... el 90% de los jugadores del Congo juegan en la Premier League. Entonces, sabes, no es que puedas elegir a un equipo fácil. Yo creo que en un Mundial no es importante a quién te vas a enfrentar. Es cómo tú quieres enfrentar a ellos. En Italia siempre decimos una máxima: ‘Tenemos que decidir cómo perder’ y luego vamos a ver qué pasa en la cancha”.
La expansión del torneo, los kilómetros y el impacto del FIFA Forward
El torneo tripartita organizado por Estados Unidos, México y Canadá marcará un parteaguas irrevocable en la historia del deporte. Con un formato expandido a 48 selecciones y más de un centenar de partidos, el equilibrio de poder promete sacudirse. Para el estratega uzbeko, este cambio de paradigma no solo añade una brutal complejidad logística, sino que democratiza la esperanza global.
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“Sí, eso seguro que cambia el equilibrio, porque hay algún partido más, hay algún viaje más. No es que puedas estar quieto. A veces, nosotros hemos elegido Atlanta como base, pero luego te va a mandar a dar la vuelta a ciudades distintas... dos ciudades distintas lejos de Atlanta”, reflexiona el DT sobre el desgaste físico que implicará la Copa Mundial de la FIFA 26. No obstante, traza un paralelismo con su propia experiencia en tierras americanas para advertir que las sorpresas están a la orden del día. “Seguro que va a ser un Mundial distinto, un Mundial donde puede pasar de todo. Al final, el Mundial es en América. Nos han dicho que si tienes valores físicos y tácticos, al final vas a llegar. Nos olvidamos que en el 94, Brasil e Italia eran los dos mejores equipos y llegaron a la final ahí, sufriendo mucho las condiciones. Por eso seguro que no va a ser un Mundial fácil”.
Gran parte de este crecimiento explosivo en países como Uzbekistán se debe a las inyecciones de capital, infraestructura y estructura deportiva de los programas globales impulsados en los últimos años. Cannavaro es un firme defensor de esta apertura sin precedentes. “Este proyecto, el FIFA Forward, creo que está dando ilusión a todo el mundo. Esto es el Mundial, es una fiesta global. Por esto creo que la idea de Gianni Infantino de ampliar los equipos, de dar la oportunidad a todos los países —grandes, pequeños, con tradición, sin tradición— de poder ir al Mundial, es algo espectacular. Si 20 años atrás me decías: ‘Mira, en 20 años Uzbekistán va a salir al Mundial’, te decía: ‘No puede ser’. Y ahora estamos ahí. Es una realidad”.
El peso de la historia: El Estadio Ciudad de México
Uno de los momentos cumbre para cualquier amante del fútbol, y para los propios protagonistas en esta edición, será la oportunidad de pisar el césped de los recintos históricos. Entre ellos, brilla con luz propia el colosal Estadio Ciudad de México, un santuario del balompié que se convertirá en el primer recinto en albergar partidos de Copa Mundial en tres ediciones diferentes (1970, 1986 y 2026), habiendo visto coronarse a leyendas incontestables como Pelé y Diego Armando Maradona.
Preguntarle a un exjugador de la talla de Fabio Cannavaro sobre sus expectativas ante la majestuosidad de este coloso era un paso obligado en la entrevista. Su respuesta, espontánea, fue precedida por un resoplido que denotaba una admiración genuina, casi reverencial.
“Puf... uf, esto es... Estamos hablando de uno de los estadios más importantes de la historia de la Copa del Mundo, la tercera vez que se juega ahí”, confiesa con asombro palpable. “Todos recordamos los partidos anteriores que se han jugado ahí, la pura historia del fútbol mundial ha pasado por ese césped. Entonces, seguro que también como entrenador creo que entrar ahí a dirigir no está nada mal. Es un privilegio”.
El consejo definitivo de un monarca
Cannavaro pertenece a un selecto y minúsculo grupo de seres humanos que saben exactamente cuánto pesa, cómo brilla y qué se siente tener entre las manos El Trofeo Oficial de la Copa Mundial de la FIFA. Conoce la gloria máxima y la presión aplastante a partes iguales. Por eso, cuando el reloj apremiaba y se le preguntó cuál sería ese último consejo, esa frase definitiva que les dará a sus jugadores en la intimidad del vestuario, instantes antes de que la pelota ruede por primera vez en el torneo de sus vidas, su respuesta fue desarmante por su simpleza y profundidad.
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“Disfrutar. De disfrutar”, concluye con la voz serena del deber cumplido. “Porque en un Mundial, yo he tenido la suerte de hacerme alguno, alguno lo he ganado, y creo que lo más importante es disfrutar. Más importante es entender que es una fiesta, entender que son partidos durísimos, sí, pero que esto es algo que es el sueño máximo de todos los futbolistas desde que son niños”.
Así, entre la táctica rígida que dictan los manuales italianos, la planeación de vuelos continentales y la ilusión absolutamente intacta de los más de 35 millones de habitantes de Uzbekistán, Fabio Cannavaro afina los últimos detalles de su sinfonía. El equipo revelación de Asia Central está listo para demostrar que, en el torneo más grande y ambicioso de todos los tiempos, los milagros tácticos y el corazón también pueden dictar sentencia. La cita está pactada, la maquinaria está en marcha y el mundo entero observará con atención cada paso de esta inédita travesía asiática en territorio americano.

