Tres razones por las que Colombia NO merece organizar el Mundial Femenino 2023

Por Román Gómez

FIFA | Tendrá un Consejo Ejecutivo de manera virtual en el que 37 miembros votarán a favor de las dos candidaturas sobre la mesa: Colombia y Australia-Nueva Zelanda. Para ganar se necesitan mínimo 18 y nuestro país, a priori, tiene al menos doce votos asegurados.

Tres razones por las que Colombia NO merece organizar el Mundial Femenino 2023

  1. Mentiras
  • La campaña de la FCF y la Conmebol para que Colombia sea sede del Mundial Femenino recibió un revés con la evaluación FIFA. Ante eso, desde Sudamérica se interpuso una queja formal en la que se asegura que en Colombia existen más de 20.000 jugadoras profesionales y los partidos de fútbol femenino tienen una media de 28.000 espectadores, cuando no es cierto. ¿Diciendo lo que no es merecemos el Mundial?
  1. Maquillaje
  • Colombia quiere darle al mundo una imagen sobre el fútbol femenino en el país que no evidencia la realidad. Sin políticas concretas para garantizar la práctica femenina profesional en el país, ¿no termina siendo una venta de humo? La prioridad debiera ser ordenar la casa.
  1. Política
  • El estudio de la FIFA para albergar una Copa Mundial Femenina de mayores rajó a Colombia en relación a la candidatura de Australia y Nueva Zelanda. Sin embargo, en el mundo de las elecciones eso no es tan relevante como conseguir votos, práctica que en el país se es experto sin importar la meritocracia ¿Todo vale con el afán de ser sede?

Un rechazo que lejos de enseñar puede hundir al fútbol femenino en Colombia

La ilusión de albergar el Mundial Femenino en el país no es nueva. Hace dos años que comenzaron las gestiones y el Gobierno Nacional, sobre todo la vicepresidente Marta Lucía Ramírez, tomó la bandera. El pulso con Brasil terminó en concordia y ahora el entusiasmo es mayúsculo para ser anfitriones en 2023.

Ese ímpetu político permitió que el fútbol femenino no se hundiera y apenas naufragara, a pesar de que a los directivos no les interesa impulsarlo. Si se logra la sede, ser anfitriones puede ser el empujón necesario para tener una liga seria y consolidada de una vez por todas. Pero también, existe la amenaza de que un “no” en el Congreso de la FIFA le dé el aval a los directivos de deshacerse de una rama que les incomoda y a la que solo defienden por el interés del Gobierno, algo que pudiera esfumarse tras la elección.

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