Bogotá

Informe revela una Colombia polarizada: De la Espriella y Cepeda concentraron más del 84 % de los votos en primera vuelta

Un informe sobre los resultados de la primera vuelta presidencial expone cómo dos candidaturas absorbieron casi todo el respaldo electoral, mientras el centro político se desplomó y la derecha tradicional perdió terreno.

Foto primera vuelta presidencial 2026: colapso del centro político y duelo entre De la Espriella e Iván Cepeda.
Defensores por la Patria/ Pacto Histórico Foto Elecciones Colombia 2026: De la Espriella y Cepeda concentraron más del 84 % de los votos y profundizan la polarización.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia 2026 dejó una conclusión contundente: el país entró en una fase de profunda polarización política. Los resultados oficiales muestran que Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda concentraron más del 84 % de los votos válidos, configurando una contienda que desde antes del cierre de las urnas ya parecía una segunda vuelta anticipada.

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Así lo concluye un informe elaborado por ORZA, basado en la sistematización de los resultados correspondientes al 95 % de las mesas informadas por la autoridad electoral. El análisis sostiene que los colombianos terminaron agrupando su voto alrededor de dos proyectos políticos radicalmente distintos, reduciendo al mínimo el espacio para las alternativas de centro y para las candidaturas tradicionales.

Primera vuelta presidencial 2026: colapso del centro político y duelo entre De la Espriella e Iván Cepeda

La elección se desarrolló además bajo una atención internacional poco habitual. Días antes de los comicios, la revista británica The Economist advirtió que Colombia se encontraba frente a una de las contiendas más cerradas y polarizadas de los últimos tiempos. La publicación señalaba que la eventual exclusión de Paloma Valencia de la segunda vuelta —como finalmente ocurrió— abriría paso a un enfrentamiento directo entre dos visiones opuestas sobre el modelo económico, la seguridad, la relación con los organismos internacionales y el manejo del conflicto armado.


Los resultados terminaron confirmando ese escenario.

De la Espriella lideró la primera vuelta

El candidato del movimiento Defensores de la Patria, Abelardo de la Espriella, obtuvo cerca de 10,3 millones de votos y se convirtió en el aspirante más votado de la jornada. El abogado penalista, sin experiencia previa en cargos de elección popular, logró construir una candidatura que pasó de ser considerada una apuesta alternativa a convertirse en la principal fuerza electoral de la primera vuelta.

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Su propuesta política gira alrededor de los principios de Familia, Dios y Propiedad Privada, acompañada por un discurso de mano dura contra la criminalidad y una reducción significativa del tamaño del Estado.

Entre sus principales planteamientos se encuentran una ofensiva militar para recuperar territorios dominados por grupos armados, la fumigación aérea de cultivos ilícitos, la construcción de megacárceles inspiradas en el modelo de seguridad implementado por Nayib Bukele en El Salvador y una política económica de corte libertario.

Su campaña también se apoyó en referentes internacionales como Donald Trump, Javier Milei y el propio Bukele, figuras que han ganado notoriedad entre sectores conservadores y votantes inconformes con los partidos tradicionales.

Cepeda consolidó la fuerza del oficialismo

Aunque quedó en segundo lugar, Iván Cepeda consiguió una votación histórica para la izquierda colombiana. El candidato del Pacto Histórico obtuvo más de 9,6 millones de votos, superando incluso los resultados alcanzados por Gustavo Petro en la primera vuelta de 2022.

El senador y defensor de derechos humanos llegó respaldado por el Gobierno nacional y por una estructura política consolidada durante los últimos años.

Su propuesta se enfoca en una transformación económica basada en la redistribución de la tierra, el fortalecimiento de la economía campesina, la transición hacia una potencia agroalimentaria y la profundización de las reformas sociales impulsadas durante el actual gobierno.

A lo largo de su trayectoria política, Cepeda ha desempeñado un papel activo en procesos de paz y en iniciativas relacionadas con la implementación de acuerdos con grupos armados.

Sin embargo, el informe concluye que el crecimiento electoral de la izquierda no fue suficiente para imponerse en primera vuelta. Aunque amplió significativamente su base de apoyo, el desgaste acumulado por la administración de Gustavo Petro terminó pesando más que las ventajas derivadas de ejercer el poder.

Una elección dominada por dos bloques

Uno de los hallazgos centrales del estudio es que los votantes decidieron concentrar masivamente su respaldo en las dos candidaturas consideradas con opciones reales de llegar a la Casa de Nariño.

Entre De la Espriella y Cepeda reunieron cerca de 19 millones de votos, equivalentes al 84,8 % de los sufragios válidos.

El fenómeno dejó prácticamente sin espacio a los demás competidores.

Mientras los dos finalistas crecían durante la campaña, figuras como Sergio Fajardo, Claudia López y Roy Barreras quedaron relegadas a porcentajes marginales.

Para los investigadores, el comportamiento electoral evidencia que una parte importante del electorado adoptó desde la primera vuelta una lógica de voto útil, concentrando sus preferencias en quienes percibía como los únicos candidatos capaces de disputar el poder.

El colapso del centro político

La elección de 2026 también confirmó la profunda crisis del centro político colombiano.

En contraste con procesos anteriores, las candidaturas moderadas no lograron consolidarse como una alternativa viable frente a la creciente polarización.

Sergio Fajardo, quien en anteriores campañas había representado la principal apuesta centrista, no alcanzó el millón de votos. Claudia López y Roy Barreras registraron resultados aún más modestos.

El informe sostiene que la disputa entre dos bloques ideológicos absorbió buena parte de los votantes que tradicionalmente buscaban posiciones intermedias.

La moderación perdió capacidad de convocatoria frente a discursos que apelaban a transformaciones profundas del país, ya fuera desde la izquierda o desde la derecha.

La gran derrota de la derecha tradicional

Si existe un sector que salió especialmente golpeado de la primera vuelta, ese fue la derecha tradicional.

La candidatura de Paloma Valencia obtuvo cerca de 1,6 millones de votos, una cifra considerablemente inferior al respaldo que el uribismo había conseguido en procesos recientes.

El informe señala que buena parte de ese electorado migró hacia la campaña de De la Espriella, atraído por un discurso más confrontacional y una narrativa centrada en la ruptura con el establecimiento político.

Según el análisis, el fenómeno evidencia el surgimiento de una nueva derecha posuribista que conserva muchas de las banderas históricas del sector, pero las comunica mediante liderazgos más personalistas y estrategias más cercanas al lenguaje de las redes sociales.

La participación se mantuvo alta

A pesar de la fuerte polarización, la participación electoral no registró un salto significativo frente a 2022.

De acuerdo con los datos analizados, más de 22,7 millones de colombianos acudieron a las urnas, lo que representa una participación del 54,85 % sobre un censo electoral de más de 41 millones de ciudadanos habilitados para votar.

Aunque la cifra se mantiene entre las más altas de las últimas décadas, también refleja que cerca de 45 de cada 100 colombianos decidieron no participar.

El estudio destaca que desde 2018 Colombia parece haber consolidado un nuevo piso de movilización electoral superior al 50 %, rompiendo con una larga tradición de abstención mayoritaria.

Sin embargo, el abstencionismo continúa siendo uno de los factores estructurales más importantes del sistema político colombiano.

Bogotá ganó peso; la Costa Caribe perdió influencia relativa

La distribución territorial de la participación también dejó hallazgos relevantes.

Bogotá se convirtió en una de las regiones más influyentes de la jornada electoral. Aunque representa cerca del 14,7 % del censo nacional, aportó más del 17 % de los votantes efectivos.

La situación fue distinta en la Costa Caribe, donde el peso electoral potencial no se tradujo en una participación equivalente.

La región concentra más del 21 % de los ciudadanos habilitados para votar, pero aportó cerca del 18,5 % de los sufragios emitidos.

Para los investigadores, esta diferencia evidencia que algunas zonas del país lograron movilizar a sus electores de manera más eficiente que otras.

El análisis también muestra desempeños destacados en regiones como los Santanderes, el Eje Cafetero y Boyacá, territorios que registraron niveles de participación superiores a los que corresponderían según su tamaño dentro del censo nacional.

El voto en blanco perdió protagonismo

Otro de los fenómenos identificados fue la reducción del peso político del voto en blanco.

En la primera vuelta de 2026 se registraron poco más de 385.000 votos en blanco, equivalentes al 1,71 % de los votos válidos.

Aunque la cifra supera ligeramente los registros absolutos de 2022, su peso porcentual sigue siendo bajo.

Los investigadores consideran que la polarización absorbió buena parte de los ciudadanos que en otras circunstancias habrían utilizado el voto en blanco como mecanismo de protesta.

Mientras en 2014 la confrontación política generó un importante segmento de votantes que no se sentían representados por ninguno de los candidatos, en 2026 la disputa entre dos proyectos claramente diferenciados llevó a muchos electores a tomar partido.

La polémica por las denuncias de irregularidades

El informe también dedica un capítulo a las denuncias formuladas por Gustavo Petro e Iván Cepeda después de conocerse los resultados.

Aunque hasta el momento no existe evidencia concluyente que permita establecer el alcance de los cuestionamientos, los analistas consideran que las acusaciones representan uno de los hechos políticos más relevantes de la jornada.

Según el documento, la controversia refleja las dificultades del oficialismo para procesar un resultado adverso y abre una discusión sobre la legitimidad de los resultados en un contexto altamente polarizado.

Para la oposición, los números constituyen una expresión clara de rechazo al gobierno actual. Para sectores cercanos al petrismo, en cambio, persisten interrogantes que deben ser aclarados por las autoridades electorales.

La batalla por la segunda vuelta ya comenzó

Concluida la primera ronda, la atención se concentra ahora en la segunda vuelta presidencial.

La ventaja inicial favorece a De la Espriella, quien necesita sumar poco más de 1,4 millones de votos adicionales para alcanzar la mayoría absoluta.

Cepeda enfrenta un desafío más complejo. El candidato del Pacto Histórico requiere incorporar cerca de dos millones de votos nuevos para revertir la diferencia y conquistar la Presidencia.

Los analistas coinciden en que el electorado de Sergio Fajardo podría convertirse en uno de los factores decisivos de la contienda.

En un escenario donde la participación ya alcanzó niveles históricamente altos, las campañas tendrán menos margen para incorporar nuevos votantes y deberán concentrarse en conquistar a quienes respaldaron opciones distintas durante la primera vuelta.

La elección del próximo presidente dependerá, en gran medida, de la capacidad de cada candidato para ampliar sus coaliciones, transmitir gobernabilidad y convencer a los sectores que aún permanecen indecisos.

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Lo que ya parece claro es que Colombia llegó a la segunda vuelta dividida en dos grandes bloques políticos. Los resultados de la primera ronda no solo definieron a los finalistas, sino que evidenciaron una transformación profunda del mapa electoral colombiano, marcada por el declive del centro, la reconfiguración de la derecha y la consolidación de una izquierda que, aunque fortalecida, no logró imponerse en las urnas. La disputa por la Casa de Nariño entra ahora en su fase definitiva, con un país polarizado que deberá escoger entre dos visiones opuestas sobre su futuro.

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