El robo de datos en internet continúa en aumento y se consolida como una de las amenazas más complejas del entorno digital actual. El crecimiento de tecnologías como la inteligencia artificial ha elevado el nivel de sofisticación de los ciberataques, dificultando cada vez más la tarea de identificar cuándo una persona está siendo víctima de un intento de engaño.
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Hoy, los cibercriminales cuentan con un amplio catálogo de tácticas diseñadas para suplantar identidades y generar confianza. Entre las más comunes se encuentran las páginas web falsas que imitan plataformas oficiales, los simuladores de voz capaces de replicar con alta precisión a personas reales y las promociones engañosas que prometen premios o descuentos irreales. Todas estas estrategias tienen un objetivo claro: obtener información personal y financiera de las víctimas.
En ese mismo sentido, el uso de inteligencia artificial no solo ha permitido automatizar ataques a gran escala, sino también personalizarlos, aumentando su efectividad. En este contexto, correos electrónicos, mensajes y llamadas fraudulentas son cada vez más difíciles de distinguir de comunicaciones legítimas.
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¿Qué hacen los hackers con la información que roban?
Eset, una compañía de servicios de ciberseguridad, ha detectado cuáles son las acciones que más ejecutan los ladrones cuando logran obtener la información sensible de víctimas como nombre, edad, claves, correos, fotos y demás.
Una de las prácticas más comunes es la venta de información en foros clandestinos y mercados de la Dark Web. En estos espacios, los cibercriminales comercializan desde datos personales y credenciales de acceso, hasta información bancaria, financiera y claves corporativas. Estos datos son adquiridos por otros delincuentes digitales para ejecutar nuevas acciones ilegales, lo que amplía el alcance del daño inicial.
Suplantación de identidad
Otra de las consecuencias directas es la suplantación de identidad. Cuanta más información logran recolectar sobre una persona, mayores son las posibilidades de crear perfiles digitales falsos con los que pueden estafar a contactos cercanos o cometer delitos en nombre de la víctima. Este tipo de prácticas suele derivar también en fraude financiero, ya que ciertos datos permiten acceder a cuentas, realizar compras, solicitar créditos o incluso tramitar tarjetas a nombre de terceros.
Ataques más personalizados para robar a otras personas
La información robada también es utilizada para ejecutar ataques de phishing cada vez más personalizados. Datos como el correo corporativo, el cargo o la empresa donde trabaja la víctima permiten crear mensajes fraudulentos mucho más creíbles, generando una falsa sensación de legitimidad que aumenta la efectividad del engaño.
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Extorsiones y chantajes
En otros casos, los cibercriminales recurren a la extorsión y el chantaje. La amenaza de hacer públicos datos sensibles, venderlos a competidores o causar un daño reputacional se convierte en una herramienta de presión cuyo objetivo principal suele ser la obtención de dinero.
Espionaje de datos corporativos de empresas
Finalmente, en contextos empresariales o gubernamentales, una sola contraseña comprometida puede facilitar acciones de espionaje o sabotaje. El acceso no autorizado a redes internas puede poner en riesgo infraestructuras críticas, así como información confidencial de clientes, proveedores y socios estratégicos.
