En Colombia discutimos las convocatorias como si fueran un referendo nacional. Cada quien tiene su propio once ideal, su propio suplente favorito, su propio mártir futbolístico. Pero esta vez, más allá del ruido inevitable, hay que decirlo sin dramatismos: la lista de Lorenzo para el Mundial 2026 es una buena lista. No perfecta, no indiscutible, pero sí coherente con el proceso y con el momento de los jugadores.
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Por supuesto que habrá debate. Siempre lo hay. Siempre habrá quien quisiera ver a un par más o un par menos. Celebro, por ejemplo, que entrara ‘El Cucho’ Hernández, de gran temporada en Betis pero usualmente borrado en selección, por Santos Borré, que siempre estaba en las convocatorias aunque su rendimiento goleador fuera pobre en su club... ¡y en la selección!
Me gusta la apuesta por jugadores jóvenes, me gusta la zona de volantes, ¿quién va a discutir a Luis Díaz o a Luis Suárez; a Daniel Muñoz o a Lerma?, y, aunque hago parte de los críticos al nivel de James Rodríguez, sé que es el capitán, que usualmente rinde más en selección que en sus equipos y que su peso específico para una cita del nivel del Mundial es muy importante. Pero también espero que Lorenzo sepa manejarle tiempos y responsabilidades, porque esto es la selección Colombia, no el grupo de apoyo a James.
Es que en la lista de 26 yo también tengo mis bemoles: lo de Yerry Mina, aunque no me entusiasma, lo alcanzo a entender desde la lógica del técnico: el hombre es uno de los líderes del camerino y además en el juego aéreo puede resolver un partido en los últimos minutos como ya lo ha hecho otras veces. Lo de Kevin Castaño, en cambio, sí me cuesta más justificar: no juega nunca en River Plate, no tiene continuidad y hay otros jugadores en esa posición que tienen un mejor presente, como Wilmar Barrios. Pero esas diferencias no alcanzan a romper la idea general: hay nómina.
Y eso, en un país que ha vivido mundiales con planteles cortos, parchados o improvisados, ya es un avance. Colombia llega con jugadores en buen nivel (con la excepción de Castaño), con experiencia internacional, con variantes reales para cambiar un partido. No estamos ante una selección que dependa de un solo iluminado ni de un milagro táctico. Hay material, si el técnico sabe usarlo.
Porque el problema —el de siempre en Colombia desde tiempos en que nos vestíamos con otros colores— es que tener material no es lo mismo que tener equipo.
Aquí es donde se juega el verdadero Mundial. Porque una convocatoria puede ser sensata, pero un equipo competitivo requiere algo más: sociedades, automatismos, jerarquías claras, un plan que no se derrumbe con el primer golpe. Y Colombia, históricamente, ha sido más hábil para celebrar la lista que para construir la idea.
Lorenzo tiene ahora la tarea más difícil: convertir una buena nómina en un equipo que dé pelea. Un equipo que se reconozca a sí mismo, que sepa a qué juega incluso cuando el partido se pone feo, que no dependa de la inspiración del día ni de la nostalgia de los nombres. Un equipo que entienda que el Mundial no perdona las dudas ni la improvisación.
La lista está bien, insisto. Lo que falta —lo que siempre falta— es que Colombia deje de ser una suma de jugadores y se convierta, por fin, en un colectivo capaz de competir contra los mejores. El Mundial no premia las convocatorias: premia a los equipos que se construyen de verdad.
Estos son los 26 de Colombia para la Copa del Mundo
Porteros
David Ospina
Camilo Vargas
Álvaro Montero
Defensas
Davinson Sánchez
Jhon Lucumí
Yerry Mina
Willer Ditta
Daniel Muñoz
Santiago Arias
Johan Mojica
Deiver Machado
Mediocampistas
Richard Ríos
Jefferson Lerma
Kevin Castaño
Juan Camilo Portilla
Gustavo Puerta
Jhon Arias
Jorge Carrascal
Juan Fernando Quintero
James Rodríguez
Jaminton Campaz
Delanteros
Juan Camilo Hernández
Luis Díaz
Luis Suárez
Carlos Andrés Gómez
Jhon Cordoba
