Opinión

Elecciones: lo que viene.

El senador electo Humberto de la Calle analiza para Publimetro lo que viene para Colombia después del triunfo de Gustavo Petro y Francia Márquez en las elecciones presidenciales

La mejor noticia de las elecciones fue la elección misma, más allá de las divergencias. Esto es, tenemos como país un resultado legítimo, indiscutible y en paz, cuando se veía venir una disolución de la nación en medio de confrontaciones violentas. Fue un reto superado. El país no se acabó el domingo.

Eso no significa que todo será color de rosa. Hemos presenciado las elecciones más sucias de la historia, traspasadas por la ferocidad y el fanatismo. El nuevo reto es lograr un esquema en el que el disenso -que es connatural a la democracia- pueda ser conducido en un marco de reflexión civilizada. La gran oportunidad es establecer canales para la lucha política que no nos lleven a los extremos de irracionalidad que padecimos estas semanas.

Es una responsabilidad del nuevo Presidente Petro. Pero no solo de él. También la oposición, ahora sin una cabeza única, debe asumir el reto por igual.

Otro desafío proviene de la regionalización geográfica del voto. Este ya no es el país en el que los bandos en contienda obtenían victorias y triunfos relativamente diseminados. Colombia es una mariposa en la que las alas, los territorios olvidados, rodean una zona andina que ha concentrado el mayor desarrollo. Esto hay que vigilarlo. Es un esquema muy parecido a la primera vuelta y a la votación del Plebiscito. Es necesario que las alas de la mariposa no rodeen a Colombia sino que la abracen. Obviamente, el cuerpo andino tiene que volcarse sobre esa Colombia profunda. Es muy importante observar que cuatro de los candidatos se formaron en el poder local. Su política se forjó en las alcaldías: Petro, Hernández, Gutiérrez y Fajardo. Esta también es una nueva realidad.

Un tercer emprendimiento es consolidar el cambio. En la primera vuelta los dos contendientes se arroparon en la bandera del cambio. Pero sucede que después de la juerga viene la realidad. En el Congreso, las fuerzas tradicionales ocupan amplio espacio. El empeño para dejar en el pasado la política tradicional no ha terminado.

En mi caso, como senador electo, me propongo obrar con independencia. Ni oposición ciega ni aplauso garantizado. Habrá que apoyar iniciativas convenientes, que serán muchas y estar en guardia frente a las ideas descabelladas, que serán muchedumbre.

Lo ocurrido el domingo fue importante. Quizás se puede usar la expresión “histórico”, esta vez de verdad, no como producto de una retórica encendida. Pero la tarea no ha concluido. De cierta manera, apenas empieza.

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