En un giro inesperado que ha sacudido la esfera política de ambos países, el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, anunció que a partir del próximo 1 de junio eliminará los aranceles impuestos a los productos colombianos. La decisión, que pone fin a un complejo impasse diplomático y comercial, fue comunicada tras una conversación virtual sostenida este viernes 29 de mayo con el candidato presidencial colombiano Abelardo de la Espriella.
La medida representa un cambio radical frente al esquema actual, que apenas contemplaba una reducción gradual de los aranceles del 100 % al 75 %. Estas restricciones fueron impuestas por el gobierno ecuatoriano en febrero pasado, bajo la premisa de una presunta falta de acción por parte de Colombia para contener el crimen organizado en la frontera común. Dicha disputa no solo afectó el intercambio comercial, sino que también tuvo repercusiones negativas en la cooperación energética y el transporte de crudo entre ambas naciones.
“Hemos alcanzado un acuerdo con Abelardo de la Espriella para fortalecer la cooperación en comercio, energía y seguridad”, afirmó Noboa por medio de su X (antes Twitter), quien justificó su decisión argumentando haber encontrado en el candidato la voluntad necesaria para impulsar una lucha conjunta contra el “narcoterrorismo”.
Además del levantamiento arancelario, el mandatario ecuatoriano reveló que se pactó la entrega de delincuentes ecuatorianos que se encuentran en territorio colombiano, buscando así una relación más equilibrada. Sin embargo, el anuncio ha encendido las alarmas en el gobierno colombiano. El presidente Gustavo Petro y varios sectores afines han interpretado el gesto de Noboa como una injerencia indebida en la política electoral de Colombia, acusando al mandatario ecuatoriano de buscar favorecer a la derecha en la próxima contienda presidencial.
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La reacción desde el Legislativo no se hizo esperar. La representante a la Cámara por el Pacto Histórico, María Fernanda Carrascal, calificó a De la Espriella de “traidor a la patria”. Carrascal denunció que el encuentro busca “posar de estadista” mientras, a su juicio, se convalida lo que calificó como una “extorsión” contra los colombianos, señalando que el mandatario ecuatoriano ha utilizado la guerra arancelaria como un instrumento para ocultar sus propios desafíos internos.
Mientras el sector exportador aguarda con expectativa el alivio económico que significará la medida a partir de junio, el episodio deja abierto un profundo debate sobre los límites de la diplomacia y la soberanía política regional.
