La creadora de contenido bogotana Hanna Bernal denunció públicamente a través de sus redes sociales, el pasado enero de 2026, el hostigamiento sistemático del que es víctima por parte de lo que sería seguidor. Según el testimonio de la joven, el hombre ha logrado rastrear la ubicación de su residencia y su lugar de trabajo, manteniendo una presencia constante a pesar de que ya existe una denuncia formal y una medida de protección vigente en su contra.
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El caso, que ha generado indignación en plataformas digitales, expone la vulnerabilidad de las mujeres en el entorno digital y físico. Bernal relató que el acoso comenzó en agosto de 2025, luego de iniciar transmisiones en vivo en TikTok. Lo que inició como mensajes insistentes sobre supuestos obsequios, escaló rápidamente a la presencia física del sujeto en los espacios privados de la víctima.
De los lives en TikTok al acecho en la puerta de su casa
La modalidad de acercamiento incluyó el envío de paquetes no solicitados, ni consensuados a una papelería, negocio familiar donde labora la joven. Bernal narró un episodio crítico ocurrido cerca de su vivienda, donde el sujeto abordó a su hijo de seis años: “Él se acercó a mi hijo, como a cogerle el hombro. Mi reacción fue jalar al niño. Me habló como si me conociera de toda la vida”, detalló la afectada en su denuncia pública por la red social.
La persistencia del hombre no se limitó al contacto directo. Bernal aseguró que el implicado ha contactado a clientes con los que ella realiza pautas publicitarias, intentando construir lo que sería una narrativa falsa sobre una supuesta relación cercana o “peleas” inexistentes. “No sé qué tanta estabilidad mental tenga este señor para pensar que una medida de protección y una denuncia equivalen a una discusión”, cuestionó la influencer.
Una medida de protección que resulta insuficiente
Pese a que el presunto acosador fue citado a indagatoria y notificado oficialmente de una medida que le prohíbe acercarse a la víctima, a su familia y a su lugar de trabajo, los incidentes no cambiaron. Bernal reportó que solo en la última semana, en ese entonces del 5 de enero, el hombre ha merodeado su vivienda en tres ocasiones. El acoso ha incluido la entrega de bolsas con elementos que la víctima describió como “basura” (tornillos y facturas), también intentos constantes por obtener su número telefónico personal a través de terceros. Esta situación ha obligado a la creadora de contenido a restringir sus movimientos y los de su hijo, limitando su derecho al trabajo y a la libre circulación por temor a represalias.
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En medio de todo esto, lo que Bernal califica como una preocupante desprotección estatal. Según su testimonio, al indagar sobre la efectividad de las medidas de alejamiento, la respuesta de una funcionaria fue desalentadora: “Esto simplemente es un papel que no me va a proteger. Básicamente, que es un papel y que no es como que me vayan a poner un policía 24/7, que yo me tenía que cuidar”.
Esta directriz traslada la responsabilidad de la seguridad a la propia víctima, ignorando que Bernal se desplaza habitualmente con su hijo menor de edad. “La incertidumbre al salir y pensar en encontrarme al tipo que se acerque a mi hijo es complejo”, sentenció la joven, evidenciando que la medida legal no ha impedido que el sujeto merodee su vivienda al menos tres veces en la última semana.
Alerta de seguridad para las mujeres en vísperas del 8M
Este hecho de violencia de género se hace público a pocos días de la conmemoración del 8 de marzo (8M), Día Internacional de la Mujer, en un contexto donde las garantías de seguridad para las ciudadanas en Bogotá siguen siendo cuestionadas. El caso de Hanna Bernal pone de relieve la ineficacia de las órdenes judiciales de alejamiento cuando no existen mecanismos de monitoreo real que impidan que los agresores se acerquen a sus víctimas.
La denuncia de Bernal es también un llamado a las autoridades para que el entorno digital no sea una herramienta de invasión a la privacidad. Ella no es la única que vive esto diariamente. La creadora de contenido ha solicitado el apoyo de la comunidad y la intervención efectiva de la Fiscalía para evitar que el hostigamiento escale a una tragedia mayor, reafirmando que el respeto a la intimidad es un límite que ningún seguidor o usuario de redes sociales debe traspasar.
