En los últimos días, varios medios internacionales han revelado un hecho que podría marcar un giro en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba: el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, ha sostenido conversaciones secretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y custodio del expresidente Raúl Castro. Según Axios, estas discusiones buscan explorar una eventual transición política en la isla, replicando la estrategia que Washington aplicó en Venezuela para presionar al régimen de Nicolás Maduro.
Reuniones entre ‘Raulito’ y Washington
Rodríguez Castro, conocido como “Raulito”, ha sido durante años una figura discreta, encargada de la seguridad de su abuelo. Su rol en estas conversaciones sugiere que Washington lo percibe como un puente hacia el círculo más íntimo del poder en La Habana.
Estados Unidos ha intensificado las sanciones contra Cuba, especialmente en el sector energético, generando una crisis de abastecimiento que afecta a la población. En este contexto, las reuniones secretas se interpretan como un intento de abrir una salida negociada.
La administración Trump estaría aplicando un modelo similar al usado en Venezuela: aislar económicamente al régimen mientras se exploran canales discretos de diálogo con figuras cercanas al poder para facilitar una transición.
Implicaciones regionales
Para Bogotá y el resto de América Latina, este movimiento tiene varias lecturas: Un cambio en Cuba alteraría el equilibrio regional, afectando alianzas históricas y la dinámica de cooperación en temas como migración y seguridad.
La presión estadounidense sobre gobiernos considerados autoritarios suele tener repercusiones indirectas en la región. En el caso colombiano, podría influir en la política exterior y en la relación con Washington, especialmente en un momento en que la Casa Blanca busca reafirmar su liderazgo hemisférico.
Cuba ha sido durante décadas un referente ideológico en América Latina. Una transición pactada con la mediación de Estados Unidos tendría un fuerte impacto en la narrativa política regional.
Aunque las fuentes insisten en que no se trata de “negociaciones formales” sino de “discusiones” sobre el futuro de la isla, el solo hecho de que se produzcan estas conversaciones refleja un cambio de escenario. La Habana, tradicionalmente hermética, enfrenta ahora presiones externas e internas que podrían abrir la puerta a transformaciones impensadas hace apenas unos años
