La muerte de la jueza Heidy Vivian Polanía Franco sigue rodeada de interrogantes y conmoción en Cúcuta. Nuevos detalles conocidos en las últimas horas revelan que pasaron al menos 12 horas desde su fallecimiento hasta que su cuerpo fue encontrado, en un caso que ha generado profundo impacto tanto en la Rama Judicial como en la opinión pública. Apenas dos meses de maternidad alcanzó a disfrutar antes de que su vida se apagara en circunstancias que aún son materia de investigación.
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Según un informe publicado por el diario La Opinión de Cúcuta, la angustia comenzó tras más de diez horas de silencio por parte de la jueza. El jefe de su esquema de seguridad, quien solía acompañarla, intentó comunicarse con ella en repetidas ocasiones sin obtener respuesta. Ante la ausencia total de contacto, decidió llamar a la madre de la jueza, quien tampoco tenía información sobre su paradero ni había logrado comunicarse con su hija.
Conmoción en la Rama Judicial: nuevos detalles revelan cómo fue hallado el cuerpo de la jueza Vivian Polanía en Cúcuta
La preocupación creció con el paso de las horas. Cerca de las 5:30 de la tarde, la madre de Vivian realizó una llamada de auxilio a las autoridades, al temer que algo grave hubiera ocurrido. Tras verificar que el personal del edificio de apartamentos, ubicado en el barrio La Riviera, no tenía noticias de la jueza, se activó un operativo de emergencia.
Varios uniformados se desplazaron rápidamente hasta la calle 10 entre avenidas 8E y 9E, donde residía Polanía. Al ingresar al edificio e identificar el apartamento, un sonido rompió el silencio y encendió las alarmas: los llantos persistentes de un bebé, de apenas dos meses de nacido, provenían del interior de la vivienda. No había, sin embargo, rastro alguno de la madre.
Los agentes golpearon la puerta en repetidas ocasiones, esperando una señal de vida que nunca llegó. Ante la urgencia de la situación y el riesgo para el menor, tomaron la decisión de forzar la entrada con ayuda de un cerrajero. Al abrir la puerta, la escena era inquietantemente silenciosa, interrumpida únicamente por el llanto del niño.
A simple vista, el apartamento no mostraba señales de desorden ni de violencia. Sin embargo, al avanzar hasta la habitación principal, los uniformados encontraron a la jueza tendida sobre la cama, completamente inmóvil, y a su lado el bebé, que se movía débilmente mientras lloraba. La tensión se apoderó del lugar. Durante unos segundos, la duda fue inevitable: ¿estaba viva?
La ausencia de signos evidentes de violencia y la quietud de su cuerpo hicieron necesario acercarse para comprobar su estado. Fue entonces cuando confirmaron que no presentaba signos vitales. El bebé fue trasladado de inmediato a una clínica privada de Cúcuta, donde fue valorado por personal médico. De manera preliminar, se estableció que su estado de salud era estable y que su vida no corría peligro, pese a haber permanecido varias horas sin supervisión directa.
Ahora, la principal pregunta es qué ocurrió dentro del apartamento. Las autoridades médico-legales realizaron una inspección inicial y acordonaron la escena, procurando no alterar el entorno mientras llegaban funcionarios de la Fiscalía General de la Nación y de la Brigada Interinstitucional de Homicidios (Brinho). Uno de los primeros hallazgos fue que el cuerpo no presentaba señales de violencia, lo que, por ahora, descarta una agresión evidente.
El cadáver fue trasladado a las instalaciones de Medicina Legal, donde se le practicarán exámenes más profundos para determinar la causa exacta de la muerte. De acuerdo con información oficial, el último contacto que tuvo la jueza con el mundo exterior ocurrió hacia las 8:00 de la noche del martes, cuando sostuvo una conversación telefónica con el jefe de su esquema de seguridad. La inspección preliminar sugiere que el fallecimiento se produjo en horas de la madrugada, lo que confirma que el bebé habría permanecido al menos 12 horas solo junto al cuerpo de su madre.
El coronel Fabio Ojeda, comandante de la Policía Metropolitana de Cúcuta, aseguró que no se descarta ninguna hipótesis y que el objetivo es reconstruir detalladamente los últimos movimientos, contactos y actividades de la jueza antes de su muerte.
Vivian Polanía tenía 19 años de trayectoria en la Rama Judicial. Era abogada, especialista en Derecho Constitucional, y se desempeñaba como jueza Primera Penal Municipal con Función de Control de Garantías de Cúcuta. Su apariencia juvenil, estilo deportivo y los tatuajes que adornaban su cuerpo contrastaban con la imagen tradicional de muchos funcionarios judiciales, lo que la convirtió en una figura reconocida y, en ocasiones, polémica.
En el ámbito profesional, fue conocida por su carácter firme al aplicar la ley, aunque algunos abogados la calificaban como controvertida. Uno de los episodios más recordados fue su decisión de avalar la medida de aseguramiento contra Alejandro José Arias Alejos, señalado como presunto responsable del homicidio del veedor Jaime Alonso Vásquez Giraldo, en abril del año pasado.
Su nombre también estuvo en el centro de la polémica en septiembre de 2023, cuando fue suspendida provisionalmente por la Comisión de Disciplina Judicial de Norte de Santander, tras conocerse la celebración del Día del Amor y la Amistad dentro del Palacio de Justicia, donde participaron otros funcionarios y un bailarín exótico.
Polanía inició su camino en el Derecho a los 18 años, en Bogotá, donde trabajó en la sala penal del Tribunal Superior. Luego fue oficial mayor en el Juzgado 24 Penal Municipal, hasta que en 2016 decidió aceptar una vacante en Cúcuta, ciudad que adoptó como su hogar. Allí cumplió su sueño de ser madre, un anhelo que, trágicamente, apenas pudo disfrutar durante unas semanas.
Mientras Medicina Legal avanza en los análisis, la muerte de la jueza Vivian Polanía sigue siendo un caso abierto, marcado por el misterio, el dolor familiar y la urgencia de respuestas.
