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Transformación de una tradición: Tejo, un deporte que también puede ser sólo un ‘parchadero’

Declarado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, para muchos es un deporte que les ha cambiado la vida, pero para otros es la excusa perfecta de llegar a las nuevas generaciones desde la inclusión

Transformación de una tradición: Tejo, un deporte que también puede ser sólo un ‘parchadero’

Estar en Colombia y no jugar una partida de tejo es como no haber estado en el país. Tan colombiano es el asunto, que podría catalogarse como un plan imperdible. El juego de las ‘bolas aéreas’ es probablemente una de las actividades más populares, especialmente en las regiones del centro del país. Su importancia es tal, que ha logrado mantenerse a flote durante siglos, y hoy, más que un pasatiempo, es considerado un deporte de competencia que se roba las miradas de locales y extranjeros.

Dicen los bogotanos que no hay mejor ‘parche’ familiar o entre amigos, que compartir un fin de semana jugando tejo. Sin embargo, este no sólo es una opción para divertirse, detrás esconde una historia ancestral que dibuja parte la cultura indígena que habitó el territorio colombiano.

Esta tradición nació hace más de 500 años en el municipio de Turmequé, departamento de Boyacá. Indígenas muiscas se las arreglaron para crear una actividad de esparcimiento, dirigida exclusivamente para las altas castas o caciques de la comunidad. En un principio, se trató de un juego lleno de simbolismos que no cualquiera podía jugar. El disco que se usaba era hecho de oro y simbolizaba el sol, dios muisca. Al mismo tiempo, el lanzamiento representaba una estrella recorriendo el espacio alrededor del dios.

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Algunos también lo conocen como el juego Turmequé, por su lugar de origen, otros como “bolas aéreas” e incluso como el “juego explosivo”. Un dato importante es que con los años esta práctica se ha ganado su lugar y se caracteriza por ser parte de la identidad colombiana. Hace 23 años recibió una mención que lo convirtió en autoridad deportiva. En el año 2000 fue declarado deporte nacional de Colombia y en el año 2019 se convirtió en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación bajo la ley 1947.

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“Este juego es muy importante en Colombia porque es un juego sano. Es un juego donde los jóvenes de ahora en día, si lo practican bien, como es, pueden salir adelante, pueden estudiar carreras universitarias y pues la verdad es un juego que es muy sano. No tiene nada de vicios ni nada de eso y pues los que lo practican a nivel profesional, excelente, porque de esto se puede depender en un futuro”, explica a PUBLIMETRO, Víctor Hernández, campeón nacional de tejo en Colombia.

Aunque algunas personas opinan que este juego incita al vicio y las malas costumbres, al parecer, no es tan así. En los últimos años, la tradición se ha transformado y ahora goza de buena reputación. Es un deporte que se abre paso y busca alcanzar reconocimiento internacional.

“El futuro de este deporte, así como vamos, va muy bien, se ha estado trabajando y vamos muy bien, este deporte cada día sube más y pues la idea es esa. La idea es que este deporte llegue a un punto donde sea más reconocido y se pueda jugar a nivel internacional”, agregó Víctor.

Turmequé, un espacio que vive el Tejo como deporte inclusivo

Si bien el Tejo es un deporte histórico y 100 % colombiano, muchas veces no llega a todas las generaciones, estratos socioeconómicos y población diversa. Sin embargo, desde abril de 2019, dos jóvenes, Sebastián Mejía y Fabio Morales, dieron vida a Turmequé, “una nueva manera de vivir la experiencia de jugar nuestro deporte nacional y patrimonio inmaterial”. Así lo definen a través de su página web.

Con luces de neón, canchas de color rosado, sillas de playa, y sólo una pista con sillas a cada lado para esperar el turno, rompe todos los paradigmas de lo conocido, para brindarle a expertos y más inexpertos, una noche de diversión entre amigos o familia.

PUBLIMETRO habló con sus fundadores para conocer de dónde surgió esta idea, que ha significado este espacio a lo largo de cuatro años y como desde su esquina única aportan a que este deporte no quedé en el olvido.

¿Cómo nació Turmequé?

Mejía: La idea principal de todo esto fue que creíamos que las canchas de Tejo era un espacio que en cierta forma estaba pensado solamente para la gente que se dedica o profesionalmente al deporte o lo ha jugado constantemente. Además, también es visto en su mayoría para hombres, de cierta forma un poco machista. Entonces lo que quisimos ver nosotros  fue encontrar un lugar en el que el Tejo se pueda disfrutar desde simplemente como ese espacio de reunión, de estar con los amigos. Ese componente también como cultural, donde pueda haber Dj’s o arte.

¿Por qué el concepto de ser un espacio colorido?

Morales: Nos dimos cuenta que nuestra generación está perdiendo un poco de identidad. Bogotá se llenaba más de sitios de electrónica y cada vez era más difícil encontrar un sitio donde nos sintiéramos cómodos e identificados Entonces de esa inquietud salió nuestra identidad.

Y empezamos a encontrar cosas que nos unían, como que a las tres de la mañana suene Shakira o Juanes. O que el tejo fuera de color rosado por la mecha. O el poner cosas comunes como una teja, la casa de mercado, la canasta de mercado, etc.

Su espacio está ubicado en zonas no tan populares, ¿querían acercar este deporte a otro estrato socioeconómico?

Morales: El primer tejo estuvo en San Felipe que es un barrio por decirlo así, amigablemente gentrificado. Y el otro que está ubicado en Chapinero que está en la mitad de los estratos. Así hemos logrado tener un público más diverso, más abierto a todo. A que las mujeres también se sientan más tranquilas jugando que no se sientan morboseadas. Les encanta venir acá como también a la población LGTBIQ+, que también sienten muy cómodos. Incluso recuerdo una vez que un chico con tacones y brillo, que me dijo ‘oye, gracias por hacer este espacio. Nunca nos habíamos sentido cómodos jugando’.

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