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“Yo se la alquilé, confié”: cabaña dónde se presentó balacera, es de los Gerlein

Mauricio es hermano de Julio Gerlein, acusado por Aida Merlano, de ser uno de los hombres que mueve la corrupción y compra de votos en el Atlántico

Fiesta Puerto Colombia, Salgar, Barranquilla

El Tiempo conoció que la cabaña dónde ocurrió la balacera en la madrugada del lunes 24 de octubre, en Puerto Colombia, Atlántico, que dejó la muerte de Jonathan Ospino, de 30 años y otro hombre quien sería su escolta, pertenece al empresario Mauricio Gerlein Echeverría y su esposa Adriana Botero Jaramillo.

Gerlein Echeverría, es hermano del también empresario barranquillero Julio Gerlein, imputado por la Fiscalía en 2018, por los delitos de concierto para delinquir, corrupción al sufragante y violación de los topes o límites de gastos en las campañas electorales.

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Julio Gerlein, de 82 años, también fue la pareja de la exsenadora, Aida Merlano, quien además está vinculado a su proceso judicial, luego de que ella lo acusara, ante la Corte Suprema de Justicia en Venezuela, de haber financiado su campaña para el congreso y de ser uno de los hombres que mueve la corrupción y compra de votos en el Atlántico.

Además, Merlano, también confesó en juicio oral, que Julio Gerlein, entregó 6 mil millones de pesos para financiar la campaña del entonces aspirante a la presidencia Iván Duque. Acusación, que el exmandatario negó y calificó como “falacias” y “mentiras”.

¿Qué responde Mauricio Gerlein sobre la cabaña?

Adriana Botero Jaramillo, habló con el medio citado anteriormente, y explicó que hace varios años, son dueños del predio. “Este sitio lo compramos con la idea de realizar allí las actividades de recreación para personas con necesidades especiales. Este ha sido y es el principal propósito de este sitio. Tengo una fundación sin ánimo de lucro: @fundacionyotambien”, dijo Botero.

Sin embargo, dice, “en ocasiones he alquilado el sitio para eventos privados”. Fue así como esta finca, que cuenta con una piscina, jardines y salida a la Ciénaga Los Manatíes, contó que fue prestada a una mujer “organizadora de eventos, quién con anterioridad había realizado un par de eventos allí. Yo le alquilé a ella y confié en su criterio”.

Aunque no entregó su nombre, ni tampoco la de la empresa de eventos, señaló no conocer “a sus clientes. Para todos nosotros fue una sorpresa espantosa encontrarnos con ese siniestro. No alcanzo a expresar mi grado de afectación”.

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