El Caribe colombiano está de fiesta. En un hito sin precedentes para la música popular del país, la champeta ha sido declarada oficialmente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación. El Consejo Nacional de Patrimonio Cultural (CNPC) aprobó la inclusión de esta manifestación cultural en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial, reconociendo el valor histórico, social y artístico de un ritmo que nació en los sectores más vulnerables de Cartagena y que hoy es un símbolo de identidad nacional ante el mundo.
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La decisión no solo dignifica un género musical que durante décadas enfrentó la estigmatización y la exclusión de las élites, sino que también valida el Plan Especial de Salvaguardia (PES). Este documento técnico será la hoja de ruta para garantizar que los saberes, las prácticas, los bailes y la economía popular que giran en torno a este universo cultural se preserven para las futuras generaciones.
Del “vacile” marginal al reconocimiento nacional
La champeta, que hunde sus raíces en la herencia africana traída a Colombia a través del Palenque de San Basilio y la posterior hibridación con ritmos caribeños, el soukous, el highlife y el ragga, dejó de ser un fenómeno local para consolidarse como una de las industrias culturales más potentes de la región.
El sonido estridente de las guitarras, las baterías electrónicas y el infaltable canto del “animador” pasaron de las calles de arena de las barriadas cartageneras a los escenarios más importantes del planeta. Este reconocimiento es, ante todo, un triunfo para los picoteros, músicos, bailarines, productores y gestores culturales que mantuvieron vivo el movimiento.
Figuras legendarias del género y las nuevas escuelas de la champeta urbana celebran este estatus patrimonial como una victoria contra el racismo estructural y el clasismo que alguna vez intentó prohibir los tradicionales “bailes de picó”. Hoy, el fenómeno del “vacile” es blindado por el Estado colombiano como una riqueza colectiva.
El picó: el templo del patrimonio vivo
La declaratoria hace especial énfasis en que la champeta es mucho más que un género musical; es un complejo sistema cultural donde el “picó” (los gigantescos sistemas de sonido decorados con arte popular y luces de neón) funciona como el núcleo de cohesión social de las comunidades. A través de la pintura de los bafles, la destreza de los ingenieros de sonido y las coreografías que desafían la gravedad, se tejen lazos de resistencia, memoria y alegría.
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Con este nuevo estatus de Patrimonio Cultural Inmaterial, el Ministerio de Cultura y las autoridades locales deberán articular esfuerzos financieros y logísticos para proteger los espacios tradicionales de circulación de la champeta, fomentar la investigación de sus orígenes y potenciar la pedagogía sobre su impacto en la música contemporánea. Colombia entera se rinde ante el poder del “melo”, demostrando que la cultura popular es el verdadero motor de la identidad colombiana.
