La fiesta de la Selección Colombia en Ciudad de México tuvo color, emoción y una presencia masiva de hinchas, pero también dejó una escena que generó rechazo en redes sociales. En videos difundidos durante las últimas horas, se escucha a un grupo de aficionados colombianos entonando un cántico homofóbico contra Uzbekistán, rival de la Tricolor en su debut mundialista.
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El hecho se habría presentado durante el banderazo que realizaron los hinchas colombianos en la capital mexicana, en la previa del partido que marca el regreso de Colombia a una Copa del Mundo después de ocho años de ausencia. La frase, que hacía referencia a los uzbekos con un insulto homofóbico, fue replicada por varios asistentes mientras saltaban y cantaban en medio de la concentración.
Lo ocurrido resulta especialmente delicado porque el Mundial se juega bajo una vigilancia permanente sobre comportamientos discriminatorios dentro y fuera de los estadios. Aunque por ahora no hay un pronunciamiento oficial visible de FIFA, la Federación Colombiana de Fútbol o autoridades mexicanas sobre este cántico puntual, el episodio ya abrió una conversación incómoda alrededor de los límites entre la fiesta futbolera y las expresiones ofensivas.
El banderazo colombiano en Ciudad de México
El País reportó que miles de colombianos han llegado a Ciudad de México para acompañar a la Selección antes de su debut contra Uzbekistán, con concentraciones en lugares emblemáticos como el Ángel de la Independencia y un ambiente que muchos aficionados describieron como sentirse “en casa”.
Ese respaldo masivo hace parte de la ilusión por el regreso de la Tricolor al Mundial. Colombia debuta ante Uzbekistán en el Estadio Azteca y comparte el Grupo K con Portugal, República Democrática del Congo y la selección asiática.
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Sin embargo, la celebración quedó marcada por el cántico discriminatorio que apareció en redes. Preocupante. No se trata de quitarle fuerza al aliento ni de apagar la pasión de los hinchas, sino de entender que este tipo de expresiones tienen una carga ofensiva y excluyente, especialmente cuando usan la orientación sexual como insulto.
Los cánticos homofóbicos pueden traer consecuencias
El fútbol internacional ya tiene antecedentes claros con este tipo de comportamientos. FIFA ha investigado y sancionado en varias ocasiones expresiones discriminatorias de aficionados, y en el caso de México el problema del grito homofóbico llegó incluso a provocar sanciones deportivas, multas y partidos con restricciones de público.
Además, el Código Disciplinario de FIFA contempla medidas contra conductas discriminatorias relacionadas con origen, raza, color de piel, género, orientación sexual, discapacidad, idioma, religión, opinión política, nacionalidad, posición social u otros motivos. Por eso, aunque el cántico haya ocurrido fuera del estadio, el contexto mundialista hace que el episodio tome mayor relevancia.
Por ahora, no se puede afirmar que Colombia vaya a recibir una sanción por este hecho. No existe una decisión oficial, ni una investigación anunciada públicamente sobre el caso. Lo correcto es señalar que el cántico fue difundido en videos de redes sociales y que podría generar revisión si las autoridades deportivas consideran que hubo una conducta discriminatoria vinculada al entorno del partido.
La fiesta no puede normalizar la discriminación
Contra todo pronóstico, una de las imágenes más comentadas del banderazo no fue únicamente la cantidad de camisetas amarillas en Ciudad de México, sino una frase que no debería tener espacio en una celebración deportiva. El apoyo a la Selección puede ser ruidoso, creativo y apasionado sin convertirse en agresión contra otro país o contra una comunidad.
Colombia llega al Mundial con una ilusión enorme y con una hinchada que suele hacerse sentir en cualquier parte del mundo. Justamente por eso, este tipo de episodios también deben servir como llamado de atención. Alentar no puede ser una excusa para repetir cánticos discriminatorios que el fútbol internacional lleva años intentando erradicar.
Se espera que el debut contra Uzbekistán se viva con intensidad, pero también con respeto. La Tricolor necesita a su gente, sí, pero una fiesta mundialista completa también implica entender que no todo cántico suma y que algunas frases, por más normalizadas que estén en las tribunas, terminan dejando una imagen que no representa el espíritu deportivo que debería rodear a una Copa del Mundo.
