La Dimayor confirmó la sanción contra el Cúcuta Deportivo tras los desmanes registrados en el clásico ante Atlético Bucaramanga, un partido que terminó marcado por la violencia y que ahora deja consecuencias deportivas y económicas para el club motilón.
El encuentro, disputado en el estadio General Santander, correspondía a una nueva edición del clásico regional, un duelo históricamente cargado de tensión. Sin embargo, lo que debía ser una fiesta futbolística terminó empañado por disturbios en las tribunas y hechos violentos en los alrededores del escenario deportivo.
Los hechos que derivaron en la sanción
De acuerdo con los reportes arbitrales y los informes del comisario de campo, durante el compromiso se registraron lanzamientos de objetos desde la tribuna occidental, daños en la infraestructura del estadio, incluido el desprendimiento de sillas, y comportamientos considerados impropios por parte de algunos sectores de la hinchada local. Aunque el partido pudo concluir con normalidad en el plano deportivo, los incidentes fueron consignados en el informe oficial.
Adicionalmente, las autoridades reportaron enfrentamientos fuera del estadio que dejaron personas heridas y un ambiente de alta tensión en la ciudad. Estos hechos encendieron el debate sobre la seguridad en los clásicos regionales y la responsabilidad de los clubes organizadores.
La decisión disciplinaria
Tras analizar los documentos oficiales, el Comité Disciplinario de la Dimayor determinó aplicar una suspensión parcial de plaza por tres fechas, que afecta sectores específicos de la tribuna occidental del estadio General Santander. Esto significa que en los próximos compromisos como local, Cúcuta no podrá habilitar esas zonas para público.
Además, el club fue sancionado con una multa económica equivalente a diez salarios mínimos mensuales legales vigentes, una cifra que supera los 17 millones de pesos colombianos. La decisión se fundamenta en el Código Disciplinario de la Federación Colombiana de Fútbol, que establece responsabilidades para los clubes por el comportamiento de sus espectadores.
La Dimayor explicó que la sanción responde a “conductas impropias de espectadores” que comprometen la seguridad del espectáculo deportivo y que deben ser castigadas para prevenir futuros incidentes.
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Desde el entorno del Cúcuta Deportivo se manifestó disposición para colaborar con las autoridades y presentar los descargos correspondientes. El club argumenta que el compromiso no fue suspendido y que parte de los hechos más graves ocurrieron fuera del estadio, lo que abre una discusión sobre el alcance de la responsabilidad institucional.
En redes sociales, la sanción generó opiniones divididas. Algunos aficionados consideran que el castigo es proporcional a lo ocurrido, mientras que otros creen que pudo ser más severo, teniendo en cuenta la gravedad de los incidentes registrados.
Más allá de la sanción puntual, el caso vuelve a poner sobre la mesa el problema recurrente de la violencia en el fútbol colombiano. Los clásicos regionales suelen vivirse con intensidad, pero los episodios de agresión y vandalismo terminan afectando no solo a los clubes, sino también a las familias que buscan disfrutar del espectáculo de manera pacífica.
La decisión de la Dimayor envía un mensaje claro: habrá consecuencias cuando se vulneren las normas de convivencia en los estadios. El reto ahora será que clubes, autoridades y aficionados trabajen conjuntamente para que la pasión no se convierta en riesgo y que el fútbol vuelva a ser protagonista por lo que sucede dentro del campo, no fuera de él.