Miguel Botero: de vendedor de empanadas a figura de la literatura colombiana

La increíble historia del paisa que se ganó US$50.000 y la publicación de su primera novela con Siglo XXI Editores, al recibir el Premio Spiwak Ciudad de Cali a la Novela del Pacífico Americano en Español 2016.

Por HEINAR ORTIZ CORTÉS
EN DETALLE
SOBRE LA NOVELA

¿De qué se trata ‘Sueño blanco’?

A mí me cuesta decir de qué trata. Es un escrito compuesto casi de 80 capítulos, no muy largos. Pero pese a ello, cada uno cuenta una historia. Son historias que podrían funcionar solas como microrrelatos, pero el hilo conductor las enriquece. Por ejemplo, si alguien abre el libro y se lee uno de los capítulos de la mitad, va a entender algo pero habrá cosas que queden sueltas. Son un montón de historias cortas que tratan escenarios y personas distintos, pero siempre mantienen los personas principales, el tiempo.

La historia grande, la principal, es una historia de amor. Es la historia del primer amor del protagonista y de su novia. Es la relación entre ellos. Pero también está todo lo que hay alrededor. Hay cosas colaterales, que puede ser el entorno de la ciudad y de lo que le ocurre a la gente entre los 13 y los 18 años: ir a un baile, ir a cine, jugar fútbol, empezar a andar la calle, la música, los conciertos. Son muchas situaciones que ha vivido cualquier. La mayoría de las cosas tienen que ver con eso, y eso se va entretejiendo con la historia de amor de él y de ella.

¿Dónde y cuándo ocurre esta historia, Miguel?

La primera parte se desarrolla en 1988, la segunda parte en 1991 y la tercera parte va en 1996. Hay un salto. La gran mayoría de las cosas ocurren en Medellín, pero también hay otros escenarios, pueblos de Antioquia, el Urabá, Cali, Huila.

A sus 39 años, y como una de esas hermosas sorpresas la vida se tiene reservada para cada buen hombre, Miguel Botero por fin podrá decir que es un escritor.

El viernes, 21 de octubre, en el curso de la Feria Internacional del Libro de Cali, el antioqueño recibirá el premio que lo certifica como tal, en una ceremonia elegante, rodeado de celebridades de las letras.

Bajo el seudónimo ‘Astromelio’, su texto ‘Sueño blanco’ fue seleccionado entre otros 279 manuscritos de toda América Latina, por un selecto jurado compuesto por Rosa Beltrán, de México; Leonardo Padura, de Cuba; Sergio Ramírez, de Nicaragua; Noé Jitrik, de Argentina, y Darío Jaramillo Agudelo, de Colombia.

Claro, antes de todo esto, Miguel era un completo desconocido. Tanto así que ni en Google se encontraban fotos suyas. Nunca pasó por una escuela de literatura, estudió Ingeniería Forestal y Antropología pero no terminó ninguna carrera, vivió siete años en Argentina trabajando literalmente en lo que saliera y, a su regreso, trabajó haciendo planos en Autocad. Ahora el premio lo proyecta como una de las promesas de la literatura colombiana.

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No es posible predecir cómo recibirá el público su primera novela. Ni tampoco qué dirá la aguda crítica literaria del país o el continente. Pero sí se puede dejar claro algo, de una vez por todas: nunca es tarde para lograr lo que se sueña. A la muestra, un autor.

¿Quién es Miguel Botero?

Bueno, yo nací hace 39 años en Bogotá, pero desde los diez meses me fui para Medellín porque mis papás se fueron a trabajar a la Universidad de Antioquia. Desde niño me ha gustado mucho leer y en mi casa había muchos libros, porque mis papás eran profesores del área de Humanidades. Además, me compraban los que quisiera. Ya después empecé a escribir, aunque poquito. Me gustaba pero como que no le dedicaba el tiempo suficiente. Escribía cositas sueltas, sin corregir mucho y sin trabajarlas mucho.

Antes del premio, ¿a qué te dedicabas?

Yo me he dedicado a muchas cosas en la vida. El trabajo más largo que tuve fue en una librería de acá de Medellín que se llama ‘Al Pie de la Letra’. Allí trabajé como cuatro años. Ahí aprendí mucho y leí mucho. También he hecho traducciones y correcciones de estilo. Lo último que estaba haciendo, combinado con la escritura, era hacer planos para ingeniería en Autocad. A eso he estado dedicado desde hace tres años que volví a Medellín.

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¿Volviste de dónde?

Estuve en Argentina. Allá viví siete años, entre 2006 y 2013. Allá me fui a andar, a conocer, con la idea de quedarme un tiempo. Y me quedé todos esos años. Allá trabajé también en un poco de cosas; en restaurantes, en bares, en discotecas, lo que resultara. Yo estudié solo unos semestres en la universidad y al final no quise estudiar más. Entonces sí, yo trabajaba en lo que saliera. Durante mis dos últimos años en Buenos Aires decidí empezar a escribir la novela, entonces me di cuenta de que necesitaba un trabajo que me quitara menos tiempo. Así fue como decidí ponerme a vender empanadas colombianas que yo mismo hacía, en la feria de San Telmo los domingos, y con lo que hacía ese día, vivía toda la semana. Así pude empezar en forma con este escrito.

Entonces es en Argentina donde nace ‘Sueño blanco’…

Sí, pues yo tenía la idea y allá arranqué. Tenía la idea de escribir sobre una época. Era una sensación, realmente no tenía una idea muy clara, sino que tenía esa sensación. A partir de ahí fue que empecé a escribir hasta que encontré la voz. En mi caso, más que la historia en sí, lo que busco es la voz, encontrar cómo va a ser la voz narrativa y a partir de eso armar el relato. Me interesa mucho la atmósfera que la voz le puede dar a un escrito y que logre conectar con la gente.

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Contame cómo fue ese momento cuando te dicen que ganaste y que, además de los US$50.000, tu libro iba a salir publicado…

No, pues primero me demoré mucho en creer. Me tocó llamar y todo al Hotel Spiwak para comprobarlo. Yo la mayoría del tiempo vivo solo en el campo, en un pueblo que se llama El Retiro y bajo bastante a Medellín, pero vivo allá en el campo. Cuando miro mi celular, veo que tengo una llamada perdida, y cuando la devuelvo era del concurso. Era el señor Ángel Spiwak a decirme que había ganado. Es algo irreal, porque uno manda el escrito con esperanzas pero de ahí a pensar que ya es una realidad, pues hay mucho.

Yo sabía que ese día daban el veredicto, pero yo decía: “ya no me lo gané, porque el que ganó ya debe estar en Cali en la premiación”. Yo me imaginaba algo así. Entonces cuando me llamaron me demoré en creer. Sí, me tardé un rato en creer (risas). Pero estoy muy contento. Se me presentó una oportunidad invaluable: que mi primer escrito salga publicado con una editorial tan prestigiosa y vaya a tener tanta visibilidad, ¿cierto? Pues es realmente el mejor escenario que cualquiera se pudiera imaginar.

Cuando una editorial le publica el primer libro a una persona es cuando obtiene ese reconocimiento de ‘escritor’. ¿Ahora qué viene para Miguel Botero? Porque supongo que con el dinero del premio ya podrás dedicarte a escribir tiempo completo…

Ah sí, claro. Ya esto es un impulso, como lo dijo el mismo jurado del Premio, ¿cierto? Este es mi primer escrito y ya voy a tener visibilidad y plata. Entonces con eso podré dedicarme de lleno al segundo escrito, que de hecho ya lo estaba escribiendo, y sin necesidad de hacer otras cosas. El camino es muy distinto, pues podré seguir con más tranquilidad la escritura. Seguramente, también tendré más facilidades para tocar las puertas de las editoriales, no como cuando a uno nadie lo conoce.

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