Lo que no sabe sobre el ‘doctor Mao’, el personaje más famoso de la radio en Cali

Pionero del periodismo deportivo como se concibe hoy por hoy en Colombia, este abogado que “litiga desde los micrófonos” hace unos 50 años, le contó a PUBLIMETRO sobre su vida.

Por HEINAR ORTIZ CORTÉS
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meses de prisión pagó ‘Mao’ por, presuntamente, recibir dineros del Cartel de Cali. Escobar ha aceptado que conocía y mantenía una amistad con Miguel Rodríguez Orejuela, pero ha negado recibir dineros provenientes de dicha organización criminal.

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de mayo de 1946 fue la fecha de nacimiento de Mario Alfonso Escobar Izquierdo, el popular ‘doctor Mao’.

A sus 70 años, Mario Alfonso Escobar Izquierdo puede decir que es uno de los pocos hombres de la radio en Colombia que, con medio siglo de carrera a cuestas, sigue vigente en los micrófonos.

‘El doctor Mao’, como lo conoce todo el mundo, sigue presente en la vida de los caleños: mientras desayunamos, cuando vamos camino a la oficina e incluso a la hora del almuerzo. Algo así como lo que dice el jingle de su programa: “en cualquier esquina de Cali, en todos los barrios”.

Su carrera inició sin que se diera cuenta. Desde mucho antes de trabajar en La Voz del Valle, ya vivía de su voz “aflautada”, como la describe él mismo. Anunció artistas en las casetas de las primeras ediciones dela Feria de Cali, narró partidos en las canchas de baloncesto del colegio Santa Librada y hasta presentó un programa de tangos. Todo esto antes del fútbol.

Junto a Óscar Rentería Jiménez, fueron los primeros periodistas deportivos de Colombia que cubrieron vestuarios   en un partido de fútbol, por allá a inicios de los setenta. También fueron ellos los que inauguraron algo tan común como imposible de obviar hoy en día en cualquier transmisión deportiva: los comentarios de medio tiempo.

PUBLIMETRO habló con el ‘doctor Mao’, uno de los personajes más queridos y afamados de Cali, la ciudad que lo vio nacer, donde hizo toda su carrera y a la que ama profundamente.

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SUS INICIOS

Desde siempre, en las emisiones del ‘Corrilo de Mao’, usted hace referencia a lo que era su infancia en la Loma de la Cruz y el barrio San Cayetano. ¿Cómo recuerda esa época?

Eran tiempos maravillosos. Cuando no teníamos nada, lo teníamos todo. Éramos más amigos, más leales, la gente era mucho más servicial, más solidaria, son momentos imborrables que yo tengo de mi infancia en ese barrio de la ciudad de Cali, donde nací y donde me formé. Donde conseguí relacionarme con gente que me ayudó mucho a seguir adelante y consolidarme lo que soy.

Hay una anécdota muy conocida entre su papá y usted, en la que usted se fue a ayudarlo a trabajar un día…

Sí, yo en esa época era bachiller. Estaba haciendo sexto año en Santa Librada. Mi papá era albañil y me llevó a trabajar una vez y me preguntó que cómo me parecía eso. Yo le dije: “muy duro”, entonces él me dijo: “estudiá para que no comás mierda como estoy comiendo yo”.   Y eso lógicamente se me metió a la cabeza, mi papá tenía razón. Había que estudiar, había que capacitarse para conseguir un futuro mejor.

¿Cuántos años lleva en la radio?

En la radio he estado metido casi que toda mi vida. A los 12 años me gané un concurso infantil de locutores deportivos, en una emisora que había acá que se llamaba la RCO. Y ese programa infantil lo patrocinaba Croydon. Yo me gané ese concurso.

¿Cómo fueron esas primeras experiencias como abogado y en qué momento se da cuenta que su pasión eran los medios de comunicación, específicamente la radio?

A mí siempre me apasionó la radio. Hice un programa en La Voz del Valle, cuando el propietario era don Jaime Giraldo Solís. Pero entendí que necesitaba buscar un respaldo académico y entonces me fui a estudiar Derecho en la Universidad Santiago de Cali, mi imborrable universidad, que quedaba en la Calle 7 con Carrera 5, frente al Teatro Municipal.

Yo me gradué de abogado y en la ceremonia, cuando le fui a entregar el cartón a mi papá, él me dijo: “usted hasta que no haga una audiencia, para mí no es abogado”. Era la concepción que él tenía de abogado, que tenía que hacer una audiencia pública. Afortunadamente, yo hice esa audiencia pública y me fue bien. Y mi papá murió tranquilo, porque me vio como él quería ser, como me quería ver: abogado, triunfando en un litigio.

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¿Y cuánto tiempo se dedicó a litigar hasta que se metió de lleno en la radio?

No mucho. Lo que pasa es que uno no puede servir con la misma eficiencia a dos señores a la vez. Y me di cuenta que era más el interés que yo mostraba por el periodismo, y particularmente por los viajes, que me obligaban a retirarme de la ciudad, y decidí no litigar más. Ahora litigo en los micrófonos.

EL FÚTBOL

‘Dr. Mao’, ¿cuáles son los mejores jugadores que usted ha visto durante su carrera como comentarista deportivo? ¿Cuáles son los más talentosos que vio vestir los colores del Deportivo Cali y el América?

Todavía no era comentarista cuando me tocó ver un jugador como Alfredo Bonilla. Le decían ‘El Maestro Repello’, porque trabajaba albañilería y le tocaba repellar. Salía a las 4:00 p.m. de sus trabajos, venía al Pascual Guerrero y hacía dos goles. Eran las épocas cuando se jugaba por amor a la camiseta. Y Bonilla fue un goleador excepcional del América. Después me encontré con Reynaldo Volken, otro jugador excelente. Y un viejo que vino con las rodillas podridas pero que era un exquisito en el manejo de la pelota, como era Julio San Lorenzo.

Y en el Cali hubo varios, como Miguel Loayza, que era un mago para manejar la pelota. Mario Agudelo, Mario Desiderio, Jorge Gallego, Saúl ‘Chapa’ Salla y Germán ‘Cuca’ Aceros, que juntos hacían gol siempre en el primer minuto de juego en el Pascual.

Después me tocó ver y comentarle los partidos a Willington Ortiz, quien pese a haber pasado por Deportivo Cali y América, tuvo su momento excepcional en Millonarios. También está Alejandro Brand, un jugador inteligentísimo. Y extranjeros como Víctor Epanor, un brasileño que jugaba en Junior de Barranquilla.

Tampoco podemos olvidar al ‘Tino’ Asprilla, ‘el Pibe’ Valderrama, Bernardo Redín, Diego Umaña, Jairo ‘el Maestro’ Arboleda. Son muchos nombres, pero también hay otros tantos que se me olvidan. He tenido la fortuna de ver el fútbol de muchos grandes jugadores que pasaron por el fútbol colombiano.

¿Y los peores?

Ah, varios. Hubo un Sangiovanni, que no tenía nada que ver con Oreste porque era argentino. También Julio Novarini, que había jugado en Boca Juniors pero vino con una rodilla completamente destrozada. También había uno muy ‘tronco’ que se llamaba Cesar Loría. Hay otros que ni vale la pena recordar, de lo malos que fueron.

¿Cuáles son esos remoquetes que puso y que todavía recuerda?

Príncipe, me gusta mucho ‘Pitillo’ Valencia, ‘el Gato’ Falcioni o ‘el Pibe del barrio Obrero’, que se lo puse a Álex Escobar. También ‘El Betún’ Lozano.

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¿Qué piensa de la situación actual del América?

Pues hombre, se está luchando, se están tratando de mejorar algunas cosas para buscar en este quinto año que el América regrese de donde nunca debió salir, la primera división.

Las personas que vieron esos partidos de los sesenta y los setenta hablan con mucha nostalgia sobre lo que era en ese tiempo el fútbol. Uno puede decir: son los mismos 22 jugadores, la misma pelota. ¿Qué cambió entre el balompié de esa época comparado con el de nuestro días?

Había mucho amor por la camiseta. Había sentido de pertenencia. Y eran jugadores que les gustaba el balón, daban ‘melo’. Eran jugadores que encaraban y se quitaban de encima la marca de dos, tres jugadores. Por ejemplo lo que hacía Marino ‘Pintuco’ Aguirre… ¡Era una joya! Goleador y con gran manejo de la pelota. Fue un jugador excepcional. Ahora eso ya no se ve. Ahora se corre mucho, es uno, dos toques. El fútbol es muy aburridor hoy en día.

LA CALI DEL ‘DR. MAO’

Usted no solo ha sido un gran comentarista de fútbol, sino que ha sido desde sus micrófonos un líder de opinión, abanderado de causas civiles como que la gente use los puentes peatonales, que no se pite en los trancones, entre otras. ¿Nunca pensó lanzarse a la Alcaldía de Cali?

Sí, pero bueno, ya se sabe que tuve un incidente en mi vida y esa posibilidad se perdió. Pero aquí estamos haciendo lo que hemos hecho… Siempre me ha gustado servir a la comunidad y apoyar a los que están en la Alcaldía y la Gobernación, para tratar de sacar adelante la ciudad y el departamento. Porque es que todos somos caleños y vallecaucanos y tenemos que procurar que todo salga bien, para que todos progresemos.

¿Cuál ha sido el político que usted cree que ha hecho más por Cali?

Aquí ha habido gente que pensó en la ciudad en épocas donde realmente Cali y el Valle del Cauca tenían liderazgo. No solamente en la política sino en el deporte. Todo lo que Cali proponía, nuestra ciudad lo sacaba adelante porque tenía una gran clase di-ri-gen-te. A todo nivel.

Por ejemplo, Jorge Herrera, el gran director de los Juegos Panamericanos de 1971. También Nolasco Sierra. Por esa época había muy buenos dirigentes: Carlos Holmes Trujillo (padre), Gustavo Alcázar Monzón, Raúl Orejuela Bueno, Ramiro Andrade Terán, entre los que recuerdo. Eran gente que realmente sentía la ciudad y la región.

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¿Qué es lo que más le gusta de ser caleño?

Ah, Cali es una ciudad abierta, alegre, cosmopolita. Acá la gente se amaña rápidamente, porque Cali es una ciudad encantadora. Tiene el sabor de una ciudad con gran orientación musical y, como decía, Jairo Varela: “rodeado de mujeres bellas”.

¿Qué es lo que le hace falta a Cali para que vuelva a ser esa ciudad esplendorosa de la década de los setenta?

Que nos propongamos. ¡Es que aquí criticamos absolutamente todo! Todo es negativo, a todo le ponemos pero. Aquí nos tenemos que juntar y buscar un bien común y jalar para un mismo lado, para poder sacar la ciudad adelante. Yo estoy completamente seguro que la sacamos. Hay que trabajar mucho.

¿Cómo está de salud?

Pues me encuentro bien, aunque un poco afectado por problemas de la variabilidad, de los cambios de temperatura, las lluvias, el calor, los aires acondicionados. Yo lo primero que le pido a mi Dios es que me dé, por lo menos, los suficientes años para a mis nietos entrar a la universidad.

¿Por qué hay que sentirse orgulloso de Cali?

Porque Cali es Cali y lo demás es loma (risas).

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