PADRE JOSÉ GONZÁLEZ, DIRECTOR DE SAMARITANOS DE LA CALLE
LA PROPUESTA

Samaritanos de la Calle se reunió en las últimas horas con el EMRU y la Alcaldía de Cali para proponer la posibilidad de tener, dentro del proyecto de renovación urbana del centro, ‘Ciudad Paraíso’, un sector para los habitantes de la calle.

“La propuesta mía es que no los saquen. A ellos no los aman en ninguna parte. Hay que darles trato digno. Hay que hacer torres de edificios para habitantes de calle. Para brindarles comida, salud, techo. Y que se siga haciendo una atención integral”, reveló el padre González en exclusiva para PUBLIMETRO.

La propuesta, que está en construcción, contempla una ciudadela con un descampado donde incluso aquellos habitantes de calle que trabajan en reciclaje puedan parquear sus carretas y puedan entrar con sus mascotas. También se espera tener una bodega de reciclaje.

“No hay que hacer lo que se hizo en Bogotá. No les quite la droga, no los atomice, mejor reúnalos. Ellos incluso podrían trabajar para pagar su pieza, por unos $2000”, añadió el religioso.

EN CIFRAS
600

voluntarios tiene en la actualidad la Fundación Samaritanos de la Calle, que atiende a los habitantes de la calle de Cali en seis casas.

En el corredor de la Calle 26. En Santa Elena. Debajo de los puentes de la Autopista. En San Judas. En Fray Damián. En los separadores del centro. En Sucre. En la ladera. En el oriente. En el Obrero. En la Loma de La Cruz. A orillas del río Cali por La Isla. En El Calvario.

Los puntos donde se encuentran focalizados los más de cuatro mil habitantes de la calle de Cali ya están identificados y son los de siempre. Y poco cambian porque estos lugares tienen un denominador común, según explica el padre José González, director de Samaritanos de la Calle: “donde hay porquería, es decir alucinógenos, hay habitantes de calle”.

El fenómeno de los habitantes de calle en la capital vallecaucana, como en el resto de ciudades de Colombia, está amarrado como por un cordón umbilical a las ‘ollas’ de expendio de drogas, sectores deprimidos donde se acopian, empacan y distribuyen alucinógenos como marihuana, cocaína y, la más barata y la más consumida, el basuco.

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Sin embargo, dice el padre González, una verdadera autoridad en el tema en la ciudad, los habitantes de calle no son agresivos ni se dedican al hurto. Muchos de ellos son, incluso, profesionales que hablan varios lenguajes.

“Mientras se les trate respetuosamente, no se les agreda o no se les tenga temor, ellos no tienen problema. Los habitantes de calle casi nunca son agresivos y no son ladrones. En El Calvario y Sucre he tenido problemas porque hay gente que a la sombra de ellos, se esconden portando armas y robando. Pero no son ellos, son otros consumidores que sí tienen casa y comida”, sentencia.

Para acabar con los habitantes de calle hay que acabar con los puntos de expendio, asegura el padre. “Este es un fenómeno social, un problema de ciudad, pero ellos no pueden ser tratados como perros”.

Desde hace 19 años, la Fundación Samaritanos de la Calle, de la Arquidiócesis de Cali, se ha convertido en el apoyo más importante para los habitantes de la calle de la capital vallecaucana.

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El trabajo empezó con lo más importante: el alimento. Un puñado de voluntarios se reunían un día de la semana, en la noche, y repartían pan con alguna bebida caliente con los habitantes de la calle de los sectores más deprimidos del centro de Cali; Sucre, El Calvario, San Pascual, Santa Rosa, San Bosco y el barrio Obrero.

No obstante, la propuesta y la intervención de Samaritanos no se quedaron ahí. De hecho, hoy en día la fundación cuenta con cerca de 600 voluntarios, que aportan su buena energía y horas de trabajo en las seis casas que tiene el programa por la ciudad hoy en día para los habitantes de la calle, explica González.

“Empezamos solamente atendiendo necesidades básicas insatisfechas. Hoy tenemos todo un proceso que estamos patentando. Tenemos dos hogares de paso, uno en Santa Elena y otro en El Calvario, que se sostienen económicamente con el apoyo de empresas privadas y de la Alcaldía de Cali, que además pone los profesionales de apoyo psicológico y social. Ahí tenemos cupo para recibir a 250 personas”, indica el religioso.

En efecto, se trata del Centro de Acogida Día en el barrio Santa Elena y del Hogar de Paso ‘Sembrando Esperanza’, en el barrio San Bosco. Ahí la Secretaría de Bienestar Social y Samaritanos de la Calle tienen un dispositivo de atención básica que brinda a esta población servicios de higiene personal, duchas, ropero, lavaderos y alimentación.

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Pero también son sitios que posibilitan iniciar procesos de resocialización y reconstrucción de sus proyectos de vida, explicó el padre González, con el apoyo y acompañamiento de psicólogos, trabajadores sociales, médicos y familiares.  

“Y empezamos a hacer salidas con ellos, para que empiecen a entrar a espacios que han perdido: educación, cultura, deporte. Al final, empezamos a trabajar con la familia, que es la primera expulsora. La familia ya no cree en el habitante de calle, entonces el trabajo es con ellos. Después de ese encuentro, empiezan a tener una etapa laboral, de autosuficiencia. Ahí ya han reducido consumo y daño, tanto para ellos como para su familia y la sociedad”, agrega el padre José González.

Son muchos los que así han logrado salir de la calle, asegura el religioso. O mejor, regresar a sus casas, retomar sus vidas. Quizá no son tantos como se quisiera, quizá otros se han perdido en el camino y han vuelto al infierno gris y duro de la calle y en consumo. Nadie lo sabe. Pero lo cierto es que todos ellos, y el resto de los habitantes de la calle de Cali, saben que Samaritanos de la Calle sigue ahí. Que hay una opción para cambiar de vida.