Pasó el 8 de Marzo y a muchas nos ofrecieron flores y chocolates. Mientras recibimos los mensajes, olemos las rosas y deleitamos el paladar en medio de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, también es preciso cuestionarnos y manifestarnos a favor del reconocimiento de las actuales luchas de las mujeres aún en espacios tan esotéricos -para algunas personas-pero también tan masculinizados como lo es el fútbol.
En el deporte como en otros escenarios donde las mujeres han tenido que abrirse paso, es preciso, necesario y urgente, mantener la memoria como elemento fundamental de la resistencia de aquellas que históricamente han construido un camino para otras, que han allanado la cancha, que han emparejado el camino para que el disfrute de los derechos sea una realidad y ante todo, es preciso conmemorar pero también celebrar los avances en los derechos conquistados.
Desde todos los rincones, el fútbol practicado por mujeres en el mundo representa un espacio de lucha por la equidad pero también por la identidad, por el territorio y la memoria colectiva. Una memoria que busca resignificar y visibilizar la presencia de las mujeres en la cancha, sino también fuera de ella en los cargos de dirección, de gestión y de toma de decisiones. Una memoria que sirva de argumento a los vaivenes del mercado. Una memoria que reconozca que en Colombia, muchas mujeres han sido relegadas a silencios que parecen interminables especialmente cuando se trata de las violencias contra sus cuerpos.
Porque sí. Es necesario reconocer que en el fútbol - como en cualquier deporte- se fraguan relaciones desiguales entre hombres y mujeres que llevan al abandono del deporte a causa del acoso o que deciden callar para mantenerse en la competencia. Mas allá de la inestabilidad de los torneos, la brecha salarial que se mantiene, la estigmatización social y la escasa cobertura mediática que hacen parte de las barreras estructurales en el fútbol; hay un flagelo que azota y apaga la voz de las mujeres: la violencia sexual tipificada en el abuso y el acoso. Según los datos de ONU Mujeres el 21% de las deportistas profesionales han sido acosadas en un ámbito deportivo durante su infancia.
Muchas mujeres han gestado una lucha titánica para la erradicación de estas violencias de manera colectiva en Colombia. Asomujer y Deporte - como ejemplo emblemático- es una organización que desde el territorio ha dado una lucha importante desatando las mordazas de niñas y mujeres para que levanten su voz y denuncien a sus agresores. Sus abogadas y demás profesionales durante cerca de veinte años han levantado la voz no solo a la instancia legislativa también han interpelado a las instituciones públicas que tienen a su cargo la promoción de los derechos de las mujeres para que ejerzan su función, pero además desde el territorio acompañan los procesos y se enfrentan a cofradías de violentadores exponiendo su propia integridad.
Por su parte, la Asociación Nacional de Fútbol Femenino que emerge en tiempos de incertidumbre como fue la pandemia, conformada por pioneras del fútbol, profesionales de la gestión y del movimiento de mujeres, ha generado redes de trabajo comunitarias y articulación interinstitucional llegando al Congreso para defender el Estatuto de la Igualdad de las Mujeres, la ley del deporte y las iniciativas legislativas por un deporte libre de violencias, mientras que genera espacios para que las mujeres rurales, para las mujeres emprendedoras en el ámbito futbolero y para las mujeres mayores de 30 años tengan un espacio seguro para jugar -entre otros- mostrando que el fútbol ha estado y estará en todo su ciclo vital. Su torneo La 30+ Primer Torneo para Mujeres y Diversidades mayores de 30 años recoge a más de 300 mujeres que han vuelto a la cancha en un espacio de cuidado de la salud física y mental.
Por la misma fecha de conformación de esta asociación, surge Transformándonos, una iniciativa de futbolistas y ex futbolistas profesionales, con una propuesta de cambio dirigida a niñas y mujeres jóvenes con proyectos de empoderamiento donde la cancha es el punto de partida. Junto a Fundación Selección Colombia y otras organizaciones del proyecto Somos Equidad han logrado traspasar fronteras.
Sería injusto no pensar en las luchas individuales donde muchas han acuerpado la denuncia contra abusadores y acosadores a veces desde el anonimato y en otras a su propio nombre. Mujeres como Carolina Rozo que a costa de perder su trabajo en el mundo del fútbol y ser revictimizada, se atrevió a denunciar el acoso sexual que vivió cuando hacía parte del cuerpo técnico de la Selección Colombia de menores. Estar dispuestas a perder una carrera en el mundo del deporte no es un lujo, es una consecuencia de la lucha contra instituciones y entidades que hacen oídos sordos ante las denuncias de las mujeres. La pasión, la ascendencia y el reconocimiento son algunas de las cosas que hay que desprenderse cuando se lucha desde la individualidad.
Por eso la juntanza es el gran aporte para fortalecer esta resistencia y nada más cercano y claro que el reclamo de las colectivas futboleras que mezclan los colores de sus propios clubes con los de las hinchas rivales -en el partido- para arropar la resistencia de las mujeres con el trapo de una LIGA FEMENINO DIGNA YA. La campaña de la Coordinadora Futbolera y Feminista de Colombia que reclama una competición que permita a las jugadoras tener sus derechos laborales que implican contratos dignos y equitativos.
Así, alentar desde las tribunas es también un imperativo que fortalece la visibilidad del fútbol practicado por mujeres y el crecimiento de espacios seguros para todas. No se trata únicamente de aplaudir goles, sino de comprender el trasfondo político y social de cada partido disputado. Cada convocatoria, cada campeonato y cada transmisión televisiva representan avances en una lucha por derechos, dignidad y reconocimiento profesional.
Ahora bien, si de reconocimiento se trata no podemos dejar pasar la gala de Fémina Football, un espacio que durante nueve años ha venido exaltando el mérito deportivo desde la creación de la Liga Profesional Femenina de Fútbol en Colombia. Aunque la Liga se haya convertido en un desafío para lograr su sostenibilidad, iniciativas como la de este medio de comunicación liderado por Natalia Prieto, encarnan el proceso de visibilización de las mujeres en el fútbol profesional Colombiano, llegando a amplificar las historias de las jugadoras y vinculando a importantes marcas con una apuesta por la equidad.
Fémina Football se ha convertido en referencia para otros medios de comunicación alternativos como Superpoderosas, FF -Fútbol Femenino-, el portal Históricas liderados por mujeres que han levantado la voz en la narración de historias y visibilización de eventos en el fútbol. La narración de partidos de fútbol en Colombia dio un punto importante con María Fernanda - Mafeland- extendiéndose al ámbito internacional poniendo su voz y prestando los micrófonos de su canal a otras en diferentes eventos del fútbol practicado por mujeres.
Organizaciones de mujeres y mujeres de manera individual han generado espacios que arropan los proyectos del fútbol profesional en los clubes donde también brillan las luchas de mujeres históricas como Liliana Zapata y la vinculación del Club Formas Íntimas con alianzas con los equipos Envigado y Atlético Nacional pero también los clubes en el fútbol amateur dirigidos por la histórica Amparo Maldonado en el Valle entre otros.
Podría seguir listando las iniciativas populares e institucionales que muestran que cada paso es un desafío ganado que surgen cada día para mostrar que, visibilizar con acciones propias la lucha de las mujeres en el fútbol colombiano no es una concesión; es un deber colectivo que merece conmemorarse y celebrarse. Porque en el fútbol como en la vida, cuando los reflectores se posan sobre una mujer futbolista y futbolera, también abre un espacio para quienes vienen atrás. Por eso conmemoramos y celebramos.
