A casi un año del atentado que terminó con la vida de Miguel Uribe Turbay, su esposa, María Claudia Tarazona, volvió a hablar desde uno de los lugares más difíciles del duelo: el de una madre que intenta explicarle a su hijo menor la ausencia definitiva de su papá. En entrevista con Mañanas Blu este viernes 5 de junio, Tarazona contó que prepara un ritual familiar para que Alejandro, el hijo que tuvo con el fallecido precandidato presidencial, pueda despedirse de él de una manera simbólica, tranquila y profundamente íntima.
La escena, por dura que suene, tiene una razón que parte el corazón. María Claudia explicó que una de sus mayores preocupaciones ha sido acompañar el dolor de Alejandro, darle respuestas que le entreguen calma y permitirle llorar sin ocultarle la realidad de la pérdida.

“Yo trato de darle la respuesta que le dé más calma y paz; yo creo que es importante darle un espacio en el que pueda llorar y asimilar lo que es no tener a su papá y haberlo perdido”, dijo Tarazona en la entrevista. Luego agregó una frase que resume el peso emocional de este año para su familia: “A mí lo que más me quiebra es oír a Alejandro llorar por su papá”.
Un ritual para despedir a Miguel Uribe desde el amor
Tarazona contó que este fin de semana viajará con su familia a una montaña para acampar y realizar un acto simbólico pensado especialmente para Alejandro. No será un homenaje público ni un evento político. Será una despedida familiar, construida desde la memoria y desde la necesidad de ayudar a un niño a tramitar una ausencia que cambió su vida.
“Este fin de semana vamos a ir a hacer un ritual que estoy planeando para mi hijo. Es en una montaña y nos vamos a ir a acampar”, explicó.
La despedida tendrá varios momentos pensados para conectar a Alejandro con el recuerdo de su papá. María Claudia dijo que estarán sus hijas, sus novios, Alejandro y ella. También relató que preparará una caminata con mensajes de Miguel para su hijo y que, al final, sembrarán un árbol, escribirán una carta y liberarán mariposas.
“Voy a poner a Alejandro a hacer una caminata en la que le voy a poner unos mensajes de su papá y al final vamos a sembrar un árbol, escribir una carta y liberar unas mariposas, para que ellas le lleven el mensaje de despedida a su papá”, expresó Tarazona en Mañanas Blu.
El gesto tiene una fuerza evidente: no busca borrar el dolor, sino darle forma. En medio de una tragedia nacional, María Claudia está intentando que el duelo también tenga un espacio doméstico, familiar y amoroso, lejos del ruido político que rodeó el asesinato de su esposo.
El atentado que estremeció a Colombia
Miguel Uribe Turbay fue atacado el 7 de junio de 2025 durante un acto político en Bogotá. Según reportó AP, el entonces senador y precandidato presidencial recibió tres disparos, dos de ellos en la cabeza, durante un mitin de campaña. Tras el ataque, permaneció en estado crítico hasta su muerte, el 11 de agosto de 2025.
El crimen fue calificado como magnicidio y reabrió una herida profunda en Colombia: la de la violencia política contra aspirantes presidenciales. Se trató del primer asesinato de un aspirante presidencial en más de tres décadas, un hecho que devolvió al país a memorias dolorosas de los años en los que la política también se medía bajo amenazas, atentados y funerales.
Uribe Turbay, miembro del Centro Democrático, era senador y había anunciado su intención de competir por la candidatura presidencial de 2026. Su muerte no solo golpeó a su partido y a su familia, sino que también alteró el ambiente político nacional en plena antesala electoral.
¿En qué va el caso por el magnicidio?
Las autoridades han avanzado en varios frentes judiciales. El adolescente que disparó contra Miguel Uribe fue sancionado con siete años de reclusión en un centro de atención especializado para menores, tras admitir su responsabilidad en el ataque.
El País también reportó que, para agosto de 2025, había seis personas vinculadas materialmente al asesinato, entre ellas el menor que disparó, personas señaladas de transportar el arma y Elder José Arteaga Hernández, alias “El Costeño”, señalado como uno de los principales articuladores del crimen.
En febrero de 2026, la justicia condenó a Katherine Andrea Martínez, alias “Gabriela”, a 21 años y dos meses de prisión por su participación en el caso. Ella aceptó responsabilidad en un preacuerdo y su testimonio permitió avanzar en la investigación sobre la estructura que habría participado en el asesinato.
Uno de los avances más fuertes llegó en marzo de 2026, cuando la Fiscalía emitió órdenes de captura contra siete mandos de la Segunda Marquetalia, disidencia de las FARC, por su presunta responsabilidad en el crimen. Entre los señalados aparecen alias Iván Márquez y alias Zarco Aldinever, este último mencionado como presunto autor intelectual. La Fiscalía planteó que el asesinato habría hecho parte de una operación estructurada para desestabilizar la democracia.
Aun así, el caso sigue teniendo preguntas abiertas. La determinación plena de autores intelectuales, motivaciones y redes que permitieron el ataque continúa siendo clave para la justicia y para una familia que, un año después, no solo espera verdad judicial, sino también una forma de seguir viviendo con la ausencia.
Una despedida para un niño y una memoria para el país
El ritual que planea María Claudia Tarazona no borra lo ocurrido ni reemplaza la justicia que todavía se exige. Pero sí muestra otra dimensión de una tragedia política: la de una familia que debe aprender a despedirse mientras el país sigue hablando del magnicidio.
En el centro de todo está Alejandro, un niño que perdió a su papá y que ahora tendrá una montaña, un árbol, una carta y unas mariposas como parte de su proceso de despedida. Un gesto sencillo, pero cargado de significado, con el que María Claudia busca transformar el dolor en memoria y ayudarle a su hijo a entender, desde el amor, una ausencia que nunca debió llegar así.
