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Después de la derrota de Paloma Valencia, Oviedo tomó distancia y Uribe le pasó factura

El expresidente rompió el silencio luego de los duros de la exfórmula vicepresidencial del Centro Democrático. El choque sacude nuevamente la derecha.

Alvaro Uribe, Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo
Alvaro Uribe, Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo (Helber Vargas)

La derrota de Paloma Valencia en la primera vuelta presidencial no solo dejó al Centro Democrático por fuera de la disputa final, sino que también abrió más una grieta interna sobre quién debe cargar con el costo político de una campaña que intentó moverse entre el uribismo tradicional y una apuesta de centro que nunca terminó de cuajar. Esta vez, el choque quedó expuesto entre Álvaro Uribe Vélez y Juan Daniel Oviedo.

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La molestia del expresidente surgió luego de que Oviedo, fórmula vicepresidencial de Valencia, señalara que uno de los errores de la campaña fue haber puesto sobre la mesa la posibilidad de que Uribe fuera ministro de Defensa en un eventual gobierno. Según el exdirector del Dane, esa propuesta habría espantado a votantes de centro que podían ver con prevención un regreso del expresidente a un cargo de alto poder en seguridad.

La respuesta de Uribe no fue una ruptura abierta, pero sí un cobro político. En entrevista con Caracol Radio, el expresidente dijo que le “extrañaba” la posición de Oviedo y recordó que, según él, apenas unos días antes había sostenido una conversación cordial con el excandidato vicepresidencial.


“Me extraña eso del doctor Juan Daniel Oviedo. Antier no más tuve un gran diálogo con él. Él sabe todo mi respeto. ¿Cómo sale con eso?”, afirmó Uribe, según la transcripción de la entrevista.

El reclamo de Uribe a Oviedo

El punto que más incomodó al líder natural del Centro Democrático fue que Oviedo presentara ese episodio como una de las causas del resultado electoral. Uribe recordó que, cuando Valencia mencionó su nombre como posible ministro de Defensa, él mismo tomó distancia de esa posibilidad y respondió, en tono amable, que no aceptaría ese cargo.

En su explicación, el expresidente insistió en que Paloma Valencia no necesitaba un ministro de Defensa de ese peso político, porque, según su lectura, podía asumir ese liderazgo desde la Presidencia. Incluso recurrió a la ironía para imaginar un escenario “fantástico” en el que él fuera ministro y Oviedo terminara como su viceministro.

Pero detrás de esa frase hubo un mensaje más directo: Uribe considera injusto que se le endilgue parte de la derrota a una propuesta que, según él, no prosperó y que él mismo desactivó públicamente. “Me parece que es injusto y que nos estamos desmontando por la nuca de la responsabilidad”, dijo.

La contradicción que persigue a Oviedo

El episodio también deja en evidencia la posición incómoda en la que quedó Oviedo. Su llegada a la fórmula de Paloma Valencia fue leída como un intento de ampliar la campaña hacia sectores moderados, liberales y de centro. Sin embargo, esa apuesta convivía con una candidatura profundamente marcada por el uribismo, por el discurso de seguridad y por la figura de Álvaro Uribe.

Esa tensión terminó pasándole factura. Oviedo buscó marcar distancia de los elementos más duros de la campaña, pero el reclamo de Uribe apunta justamente a eso: no se puede entrar a una alianza política, beneficiarse de su estructura y luego presentar sus símbolos principales como una carga electoral.

La contradicción se volvió más visible después de la primera vuelta. Mientras Valencia anunció su respaldo a Abelardo de la Espriella, Oviedo evitó sumarse de inmediato a esa decisión y ha condicionado cualquier acercamiento a garantías frente a los derechos de las minorías. En entrevista con El País, el exdirector del Dane dijo que estaría dispuesto a creerle a De la Espriella si se compromete con proteger esos derechos, una postura que intenta conservar su relato de centro en medio de una derecha mucho más dura.

Paloma Valencia obtuvo menos del 7 % de los votos y respaldó a De la Espriella después de reconocer su derrota, mientras Oviedo se mostró más ambiguo frente a ese apoyo, según reportó El País. Por eso, la frase de Uribe no solo fue una respuesta a una crítica puntual.

Fue también un recordatorio de las reglas internas de una coalición, sino quien entra a una campaña marcada por el uribismo difícilmente puede sorprenderse después de que el uribismo pese, incomode o espante a ciertos electores.

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