“Si yo tengo vida de rey con una familia feliz, ¿para qué quiero vida de presidente?”, le respondió —con firmeza— el hoy candidato presidencial Abelardo de la Espriella al actor Heráldico ‘Aco’ Pérez cuando le preguntó si le gustaría llegar a la Presidencia. El comentario lo hizo en una entrevista que se publicó en abril de 2024. Año y medio después, en noviembre del 2025, De la Espriella estaba subido en el escenario del Movistar Arena de Bogotá dando un discurso de campaña. “Hace tres meses y medio, tras un año de reflexión, oración y meditación, tomé la decisión más trascendental de mi vida: dejé una vida apacible en Florencia, Italia, y regresé a la Patria para asumir el reto de salvarla y reconstruirla”, vociferó De la Espriella —con aún más firmeza— frente a cerca de 15.000 personas que fueron a escucharlo. Esa no fue, sin embargo, la única vez que cambió de opinión.
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Un presagio de los contrastes que marcarían la figura de Abelardo de la Espriella se dio desde el comienzo de su vida. Aunque nació en Bogotá, ha dicho en múltiples ocasiones que se siente absolutamente costeño. Sus padres, Abelardo de la Espriella Juris y María Eugenia Otero Aldana, son oriundos de Córdoba y él se crió en Montería.
En las entrevistas le gusta destacar su habilidad para los negocios. Ha señalado que desde niño trabajó en puestos de comida rápida y que siempre ha tenido un gusto por el dinero.
En Montería, cuando aún era niño, conoció al exjefe paramilitar Salvatore Mancuso, una de las figuras que le ha causado más cuestionamientos durante su carrera. “Lo veía montar moto en el barrio en el que crecimos cuando él tenía más de 20 años y yo 10, porque él me lleva a mí 16 años, no teníamos oportunidad de ser tan cercanos porque la edad no lo permitía”, sostuvo De la Espriella en una entrevista en la emisora W Radio. Su relación ha sido uno de los episodios más controvertidos de su vida, aunque De la Espriella ha señalado que esa cercanía nunca estuvo permeada por ninguna actuación ilegal.
El candidato presidencial advirtió en su momento que a Mancuso solo lo volvió a ver en la mesa de negociación del Acuerdo de Santa Fe de Ralito, donde el exjefe paramilitar representaba a las desaparecidas Autodefensas Unidas de Colombia y De la Espriella a la sociedad civil. Para entonces, el abogado penalista era el presidente de la Fundación Iniciativas de Paz (Fipaz). Una vez Mancuso fue extraditado a Estados Unidos, mantuvo conversaciones e incluso sostuvo encuentros presenciales con el abogado. Sin embargo, De la Espriella no fungió como su defensor.
Eso sí, su firma de abogados —De la Espriella Lawyers— ha defendido a varios líderes políticos señalados de tener vínculos con las AUC. Entre sus clientes han estado excongresistas condenados por nexos con paramilitares como Rocío Arias, Dieb Maloof y Eleonora Pineda. Además, De la Espriella Lawyers consiguió la absolución del también excongresista José de los Santos Negrete, quien había sido señalado de ser uno de los firmantes del Pacto de Ralito, un acuerdo ilegal entre líderes políticos y jefes paramilitares.
“Cuando estalló el proceso de la parapolítica en Colombia, yo fui uno de los abogados pioneros en defensa de las personas que se encontraban encartadas en esos procesos. Básicamente, me convertí en un experto en la materia con mi equipo”, aseguró De la Espriella en un video promocional de su firma de abogados en el que destacaba el “triunfo” en el caso de José de los Santos Negrete.
Los clientes más polémicos
Pero aunque parezca difícil, los parapolíticos que defendió no son sus clientes más controvertidos. Quizás uno de los más famosos en Colombia fue David Murcia Guzmán, el cerebro del esquema piramidal DMG.
Este año, durante una entrevista con el periodista Daniel Coronell, Murcia Guzmán contó que el abogado De la Espriella le habría cobrado una importante suma de dinero en honorarios y que no se los devolvió tras abandonar su defensa legal. Pero De la Espriella ha negado estas versiones.
“Se inventaron que yo me robé 474 millones de dólares de David Murcia. Eso hace parte de la leyenda urbana. Imagínate: yo escondiéndole eso al gobierno americano”, sostuvo De la Espriella en una entrevista con Publimetro de agosto del año pasado. Incluso aseguró que quien dejó una deuda pendiente fue Murcia Guzmán. “Me quedó debiendo como $750 millones de la época, que serían ahora como ‘milqui’”, agregó el abogado en la misma entrevista.
Otro de los nombres que más le han recordado sus rivales políticos en campaña es el de Álex Saab, el señalado testaferro del detenido expresidente venezolano Nicolás Maduro.
Saab, quien es de nacionalidad colombiana, fue nuevamente deportado a Estados Unidos el 16 de mayo de 2026 y permanece bajo custodia federal en Miami a la espera de enfrentar nuevos procesos judiciales por lavado de dinero y corrupción. De la Espriella ha dicho que trabajó como abogado de Saab desde el 2013 y que, a raíz de las investigaciones que había en su contra en Estados Unidos, le brindó asesoría para entablar negociaciones con las autoridades norteamericanas. No obstante, el candidato presidencial señaló que mientras trabajó con él nunca tuvo noticia de sus vínculos con el régimen de Maduro. Saab, por su parte, aseguró en una entrevista con El Espectador publicada en 2021 que De la Espriella era su “amigo”.
Este episodio le ha valido fuertes cuestionamientos durante la presente campaña presidencial al abogado, pues es considerado como uno de los candidatos de la extrema derecha y ha sido un acérrimo crítico del gobierno venezolano.
Pero ese es solo otro de los contrastes —y las contradicciones— que han marcado el camino de De la Espriella durante su vida como figura pública. Fue ateo y decía que no creía en nada que la razón no pudiera explicar, pero ha señalado que se volvió católico hace seis años. “Hay muchos ejemplos de personas que, como yo, no creían, pero se convirtieron y llegaron a ser grandes defensores de la fe”, le dijo a este medio el año pasado. Defendió una salida negociada del conflicto con la extinta guerrilla de las Farc, pero después fue uno de los críticos más acérrimos del Acuerdo de Paz que firmó ese grupo con el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos. De Petro comentó que era un “hombre honesto” y que en su administración en la Alcaldía de Bogotá había “perseguido a las mafias del Distrito” que tenían un complot contra él. En esta campaña presidencial lo ha llamado “atarbán dictatorial” y ha dicho que su gobierno funciona “como una banda criminal”.
El camino a la Casa de Nariño
Pese a todo, sus cambios de opinión y su controvertida lista de clientes no le han impedido perfilarse como uno de los candidatos presidenciales con más chances de llegar a segunda vuelta. Además, ha conseguido varios aliados en el camino.
“El doctor Enrique Gómez y yo somos los que nunca nos hemos despegado de Abelardo. Los demás (candidatos al Congreso) obviamente tenían sus compromisos. Yo lo que hice fue dejar de trabajar, dejar absolutamente todo, por seguir a Abelardo”, le contó a este medio el senador electo Salvación Nacional, Germán Rodríguez, quien además es mayor en retiro de la Armada y se hizo conocido en redes sociales por sus videos opinando de política.
La alianza que hizo De la Espriella con los candidatos al Congreso de Salvación Nacional, que se promocionaron como la ‘lista del ‘Tigre’, fue muy fructífera para ambas partes. Por un lado, le permitió al candidato presidencial llevar a sus propios candidatos al Congreso y, por el otro, le ayudó al partido a conservar su personería jurídica.
Por ahora, De la Espriella tiene otro reto político en frente: aunque ha manifestado una y otra vez su respeto por el expresidente Álvaro Uribe, tendrá que derrotar a su candidata, Paloma Valencia, en las urnas si quiere llegar a la Casa de Nariño.
Esa relación también ha estado marcada por las contradicciones. Mientras sus seguidores vituperan la figura de Uribe y comparten videos de inteligencia artificial que lo muestran como una figura perversa de la clase política, él ha expresado su aprecio por el exmandatario y el legado de sus gobiernos.
Lo cierto es que De la Espriella ha logrado hacer temblar los cimientos del uribismo y del establecimiento político. Aun cuando —en el peor de los casos— se queme en la primera vuelta, su figura creó una nueva arista en la derecha que podría ganar más peso en próximas elecciones. Y si pasa a segunda vuelta, podría convertirse en un parteaguas para la historia de la política colombiana.
*Este perfil hace parte de un especial periodístico sobre los principales candidatos presidenciales. Puede leerlo aquí.
