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La política del cringe: ¿es efectivo para los candidatos exponerse al ridículo en campaña?

Expertos analizan el uso de estrategias disruptivas en la campaña presidencial de 2026 y advierten los riesgos que corren los candidatos.

Elecciones presidenciales 2026
El 'michi' de Mauricio Lizcano, el 'periodicazo' de Juan Daniel Oviedo y la escoba de Sergio Fajardo han sido algunas de las apuestas comunicativas disruptivas de esta campaña presidencial Fotos: redes sociales de los candidatos

A propósito de las elecciones de este 2026 varios candidatos presidenciales han optado por usar estrategias disruptivas para llamar la atención de la opinión pública. En ocasiones, consiguen generar una conversación sostenida y en otras solo logran hacer el ridículo.

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Muestra de ello han sido el periodicazo de Juan Daniel Oviedo, la escoba como símbolo de la campaña de Sergio Fajardo y el avatar del gato que usó el exministro de las TIC Mauricio Lizcano.

¿Es tan rentable electoralmente arriesgarse a dar cringe? ¿De verdad ayudan estas tácticas a mejorar la intención de voto de los candidatos? En PUBLIMETRO analizamos algunas piezas audiovisuales de esta campaña y hablamos con dos expertos en marketing político para entender por qué los equipos de algunos candidatos insisten en combinar las estrategias tradicionales con la adopción de estrategias disruptivas que en ocasiones rayan en el ridículo.


“Eso efectivamente, sí genera mayores visualizaciones, más vistas e incluso en algún caso, viralidad. Pero esa viralidad lastimosamente termina desdibujando a las figuras públicas y a la imagen de los candidatos, porque los ridiculiza. Deja de ser un video entretenido y esa ridiculez se le asocia al candidato”, sostuvo Carlos Arias Orjuela, magíster en Psicología del Consumidor, docente universitario y consultor en Comunicación Política.

Además, señaló que este tipo de estrategias no son exclusivas de esta campaña. De hecho, recordó el caso del excandidato presidencial del Centro Democrático Óscar Iván Zuluaga, quien apareció bailando junto a varios jóvenes durante la campaña presidencial del 2022 en la que terminó quemándose.

Para Eugenie Richard, docente e investigadora de la Universidad Externado de Colombia, estas estrategias responden a lo que denominó como “la política del TikTok”.

“Es la política del momento, que tiene que impactar y se tiene que someter a las reglas del entretenimiento. Eso nos lleva a una simplificación extrema del mensaje y a la utilización de símbolos fáciles”, explicó Richard.

En ese sentido, consideró que las campañas están cayendo en una trampa debido a las dificultades que están teniendo los políticos para captar al electorado con una narrativa consistente.

“El problema es que el impacto sin narrativa no sirve. Para que realmente una cosa se inscriba en el imaginario colectivo y convenza no solo tiene que haber simplicidad en el mensaje, sino también credibilidad”, puntualizó la profesora Richard.

En ese sentido, señaló que si bien los equipos de campaña nunca buscan que los candidatos hagan el ridículo, a veces ese es el destino de sus piezas de comunicación debido a que escogen más los símbolos o los momentos.

¿Qué les falta a estas estrategias para ser más efectivas?

La profesora Eugenie Richard advirtió que los estrategas de las campañas siempre se enfrentan a una incertidumbre frente a la posibilidad de que una apuesta resulte efectiva o contraproducente.

“Para que funcione, un fenómeno viral tiene que sonar muy auténtico e inscribirse en los códigos de viralidad de la red del momento”, sostuvo Richard.

En ese sentido, consideró que las piezas de comunicación realmente efectivas tienen que combinar al menos tres elementos: creatividad, autenticidad y coherencia con la marca y con la narrativa de cada aspirante.

El profesor Carlos Arias coincidió en que la coherencia es fundamental para las campañas. Arias citó el libro Los siete principios de persuasión del psicólogo estadounidense Robert Cialdini, según el cual la coherencia es un pilar para la persuasión. Esto, por supuesto, tiene múltiples aplicaciones en política electoral.

“Entre más coherente sea el candidato con lo que dice, con lo que hace y cómo actúa en público y en privado, genera mayor persuasión. Se convierte en un atributo de su personalidad política la coherencia que tenga”, sostuvo Arias.

En contraste, la incoherencia puede ser mal vista en la opinión pública.

Arias mencionó varios puntos flacos de distintas campañas. Para Paloma Valencia, por ejemplo, ha sido complejo sortear las contradicciones que ha tenido con su fórmula vicepresidencial Juan Daniel Oviedo en asuntos como la continuidad de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

En el caso de Abelardo de la Espriella ha sido muy comentada su conversión religiosa: pasó de ser un ateo vehemente a un creyente fervoroso.

Mientras tanto, la campaña de Iván Cepeda carga varios lastres del actual gobierno debido a que es considerado como el proyecto del continuismo. En ese sentido, anotó el profesor Arias, le ha costado mantener un relato coherente de lucha contra la corrupción tras escándalos como el de la UNGRD durante el período del presidente Gustavo Petro.

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