Colombia y Venezuela comparten uno de los patrimonios naturales más extensos, diversos y estratégicos del continente: las sabanas tropicales de la Orinoquia, una ecorregión que abarca cerca de 38 millones de hectáreas y que hoy se encuentra en el centro del debate sobre sostenibilidad, producción y conservación.
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Este vasto territorio, caracterizado por intensos ciclos de sequía e inundación, alberga ecosistemas clave como sabanas secas e inundables, bosques de galería, morichales y humedales, todos fundamentales para el equilibrio ambiental. Sin embargo, en las últimas décadas, la presión de la actividad humana ha generado transformaciones aceleradas que amenazan su integridad ecológica.
Las sabanas de la Orinoquia, uno de los ecosistemas más valiosos de Colombia y Venezuela, enfrentan una transformación acelerada
De acuerdo con datos del IDEAM, cerca del 20% de las sabanas naturales de la Orinoquia colombiana han sido convertidas en sistemas de agricultura intensiva o ganadería tecnificada, especialmente por la expansión de cultivos como arroz, soya y palma africana, así como la introducción de razas bovinas exóticas.
No obstante, en medio de este panorama, emerge un caso excepcional: Paz de Ariporo, donde la ganadería tradicional aún predomina en cerca del 70% del territorio, combinando prácticas productivas con la conservación de la biodiversidad.
Un modelo basado en el conocimiento ancestral
En este municipio del departamento de Casanare, los llaneros han mantenido prácticas heredadas durante generaciones, como el uso controlado del fuego, la rotación de potreros y la adaptación a la estacionalidad climática. Estas estrategias permiten producir sin degradar el entorno, conservando la riqueza natural del paisaje.
Este equilibrio llamó la atención de expertos de The Nature Conservancy, quienes desarrollaron el estudio sobre agrobiodiversidad y sostenibilidad en los hatos ganaderos tradicionales.
Los investigadores se propusieron documentar la diversidad biológica, identificar las funciones ecológicas de las especies y visibilizar el conocimiento tradicional llanero, considerado clave para la sostenibilidad del territorio.
Una explosión de biodiversidad en los hatos ganaderos
El estudio, realizado en 16 veredas que suman 2.550 hectáreas, reveló resultados sorprendentes: se identificaron 955 especies de plantas vasculares, distribuidas en 132 familias y 544 géneros, convirtiéndose en el inventario más completo registrado en la zona.
Este hallazgo desmonta el mito de que los sistemas ganaderos son “desiertos verdes”. Por el contrario, los expertos concluyen que los hatos tradicionales funcionan como verdaderos reservorios de biodiversidad, donde la producción y la conservación coexisten.
Entre las especies identificadas se destacan:
- 89 especies de leguminosas, fundamentales para la fijación de nitrógeno.
- 67 especies de gramíneas, esenciales para la protección del suelo.
- Numerosas hierbas, arbustos y árboles nativos, adaptados a suelos ácidos.
Además, el 82% de las especies son nativas de la Orinoquia, lo que evidencia que estos sistemas productivos mantienen la matriz vegetal original del ecosistema, a diferencia de los modelos intensivos que introducen especies exóticas.
Multifuncionalidad ecológica y usos tradicionales
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es la identificación de 894 usos y funciones ecológicas de las plantas. La investigación destaca que:
- El 60% de las especies tiene dos o más usos.
- 37 especies presentan más de cinco usos diferentes.
Entre sus funciones se encuentran la provisión de néctar para polinizadores, alimento para fauna, regulación hídrica, estabilización de suelos y control del microclima.
Un caso emblemático es la palma moriche (Mauritia flexuosa), que ofrece alimento, materiales de construcción, fibras, medicina y servicios ecosistémicos, convirtiéndose en un símbolo de la agrobiodiversidad llanera.
Asimismo, se documentaron:
- 147 especies medicinales, consideradas una “farmacia viva”.
- 116 especies alimentarias.
- 78 especies maderables.
- 68 especies ornamentales.
Estas prácticas se concentran en espacios conocidos como topocheras o chagras familiares, donde las comunidades, especialmente las mujeres, conservan semillas, cultivos y saberes tradicionales, fortaleciendo la seguridad alimentaria y la autonomía económica.
Fauna y equilibrio ecológico
El estudio también evidenció la riqueza faunística del territorio, con aproximadamente 350 especies de vertebrados, entre ellas:
- 230 especies de aves
- 60 mamíferos
- 35 reptiles y anfibios
- 25 especies de peces
A esto se suma una gran diversidad de invertebrados, clave para el funcionamiento de los ecosistemas.
Especies como el alcaraván y el garrapatero contribuyen al control biológico de plagas, mientras que el chigüiro y el venado favorecen la regeneración de los pastizales. Depredadores como el puma y el jaguar mantienen el equilibrio de la cadena trófica.
Los polinizadores, como abejas nativas y mariposas, garantizan la reproducción de plantas, mientras que los escarabajos coprófagos reciclan nutrientes al procesar hasta el 80% de las heces del ganado en menos de 48 horas.
Servicios ecosistémicos clave
Los hatos ganaderos tradicionales generan múltiples servicios ecosistémicos fundamentales:
- Regulación del agua: los morichales almacenan agua en temporada de lluvias y la liberan en sequía.
- Fertilidad del suelo: las leguminosas fijan nitrógeno sin necesidad de fertilizantes.
- Captura de carbono: los sistemas silvopastoriles pueden almacenar entre 2 y 5 toneladas de CO₂ por hectárea al año.
- Control natural de plagas y polinización.
Estos servicios permiten sostener la producción ganadera al tiempo que fortalecen la resiliencia climática del territorio.
Riesgos y amenazas
A pesar de sus beneficios, este modelo enfrenta amenazas crecientes. La sustitución de razas criollas por razas comerciales está generando erosión genética, mientras que la expansión de la agroindustria acelera la transformación del paisaje.
Además, el conocimiento tradicional enfrenta un proceso de pérdida debido a factores como la migración juvenil, la educación descontextualizada y la ruptura en la transmisión de saberes.
Un modelo para el mundo
Los expertos destacan que la ganadería tradicional de Paz de Ariporo representa un modelo viable de producción sostenible, alineado con las soluciones basadas en la naturaleza.
Por ello, recomiendan impulsar su reconocimiento como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), iniciativa de la FAO, lo que permitiría fortalecer la gobernanza local y posicionar a la Orinoquia como referente global.
Asimismo, plantean desarrollar estrategias como el agroturismo de sabana y la inclusión de estos sistemas en políticas de cambio climático, reconociendo su aporte a la mitigación y adaptación.
Un equilibrio que debe preservarse
El estudio concluye que los hatos ganaderos tradicionales no solo son productivos, sino que constituyen sistemas socioecológicos de alto valor, donde la cultura, la biodiversidad y la economía conviven en equilibrio.
En un contexto de transformación acelerada, este modelo representa una oportunidad única para demostrar que es posible producir sin destruir, conservar sin aislar y avanzar hacia un desarrollo verdaderamente sostenible basado en la sabiduría ancestral.
La Orinoquia, con su riqueza natural y cultural, se posiciona así como un laboratorio vivo de soluciones para el futuro del planeta.
