La relación diplomática y comercial entre Ecuador y Colombia atraviesa uno de sus momentos más críticos. En el marco del Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe celebrado en Panamá, la ministra de Ambiente y Energía de Ecuador, Inés Manzano, rompió el silencio sobre la actual “guerra comercial” derivada de la imposición de aranceles y el corte de suministro energético por parte del Gobierno de Gustavo Petro.
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Con una metáfora directa y punzante, Manzano cuestionó la lógica económica de Bogotá: “¿A tu mejor cliente, cómo lo tratas? ¿Bien o mal?”. La funcionaria basó su argumento en una realidad estadística innegable: Ecuador mantiene un déficit en su balanza comercial con Colombia de casi 1.000 millones de dólares, lo que sitúa al país vecino como un comprador estratégico para la industria colombiana.
El fin de la energía y la crisis del arroz
La tensión escaló recientemente tras dos decisiones drásticas del Gobierno colombiano. Primero, la aplicación de un arancel del 30% al arroz ecuatoriano y la prohibición de su ingreso por vía terrestre. Segundo, y quizás lo más sensible para la infraestructura ecuatoriana, la decisión de cortar el suministro de energía eléctrica, del cual Ecuador era el principal comprador regional.
Manzano recordó que, históricamente, Colombia ha sido un proveedor clave en momentos de crisis, pero subrayó que la relación de vecindad debería basarse en la cooperación y no en las restricciones. “Yo soy el mejor cliente de Colombia. Y a los mejores clientes hay que tratarlos bien”, recalcó ante la audiencia internacional.
El narcotráfico: Una lucha con costo económico
Uno de los puntos más profundos de la intervención de Manzano fue la vinculación de la economía con la seguridad regional. La ministra explicó que Ecuador está asumiendo costos astronómicos en su guerra contra el narcotráfico, un delito que, según sus palabras, “acarrea otros peores como la trata de personas”.
Desde la perspectiva de Quito, el esfuerzo por “hacer lo correcto” y enfrentar al crimen organizado debería ser reconocido y respaldado por sus socios comerciales. Manzano sugirió que la estabilidad de Ecuador es vital para la seguridad de Colombia, y que las trabas comerciales solo debilitan la capacidad del Estado ecuatoriano para combatir estos flagelos internacionales.
Entre la nostalgia de la Gran Colombia y el “dolor” actual
Pese al tono crítico, la ministra no ocultó los lazos culturales y la admiración que siente por el pueblo colombiano. Invocó la historia compartida de la Gran Colombia y la similitud en costumbres y música. No obstante, cerró con una frase que resume el sentimiento del gobierno de Daniel Noboa:
“Colombia tiene tanto que en este momento nos duele, pero también necesitamos que nos miren como lo que somos: un cliente que le está diciendo que, por seguridad, por favor, haga su parte”.
Con estas declaraciones, Ecuador deja la pelota en la cancha del Palacio de Nariño, esperando que la diplomacia económica prevalezca sobre la imposición de barreras que hoy afectan la canasta básica y el sistema eléctrico de ambos países.
