En una jornada marcada por la tensión diplomática, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a poner sobre la mesa una de sus ambiciones territoriales más controvertidas. Este miércoles 21 de enero, durante su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos, el mandatario exigió la apertura de “negociaciones inmediatas” para que su país adquiera Groenlandia, el territorio autónomo perteneciente a Dinamarca.
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Ante la élite económica mundial, Trump fue tajante al afirmar que la isla, a la que describió como un “gigantesco pedazo de hielo”, solo puede prosperar y estar segura bajo la bandera estadounidense. “Solo Estados Unidos puede proteger esta gigantesca tierra, desarrollarla y mejorarla”, sentenció desde el podio suizo.
¿Seguridad nacional o expansión territorial?
El argumento central del presidente estadounidense se basa en la incapacidad defensiva que, según él, enfrentan Dinamarca y el resto de los aliados de la OTAN en la región del Ártico. Trump insistió en que ninguna nación está en condiciones de asegurar la soberanía y protección de este punto estratégico, salvo la potencia que él lidera.
Para reforzar su postura de fuerza, el mandatario recordó la reciente intervención en Sudamérica: “Somos una gran potencia, mucho más grande de lo que la gente cree. Creo que lo descubrieron hace dos semanas en Venezuela”, afirmó, aludiendo a la operación militar que derrocó a Nicolás Maduro a principios de enero.
El dilema de la fuerza: “Seríamos imparables”
Una de las declaraciones que más eco generó en los pasillos de Davos fue la referente a los métodos para obtener el control de la isla. Aunque Trump subrayó que EE. UU. debe tener en “propiedad” el territorio, descartó —al menos de momento— una intervención militar directa contra un aliado de la OTAN.
“Probablemente no conseguiremos nada a menos que decida utilizar una fuerza excesiva, con la que, francamente, seríamos imparables, pero no lo haré”, declaró el presidente, calificando esta afirmación como la declaración más importante de su discurso.
El mandatario buscó calmar los temores internacionales sobre una escalada bélica en el Ártico, repitiendo en tres ocasiones: “No tengo necesidad de utilizar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No usaré la fuerza”. Sin embargo, la presión por una compra comercial inmediata deja a Copenhague en una posición diplomática sumamente incómoda.
El valor estratégico de Groenlandia
El interés de Washington no es nuevo, pero la urgencia expresada en 2026 responde a la creciente competencia por las rutas comerciales del Ártico y el acceso a tierras raras y recursos minerales que el deshielo está dejando al descubierto. Para Trump, la adquisición no es solo una transacción inmobiliaria a gran escala, sino una necesidad de seguridad nacional para consolidar el dominio estadounidense sobre el hemisferio norte.
El gobierno de Dinamarca aún no ha emitido una respuesta oficial a esta nueva exigencia en Davos, pero el ambiente en el Foro Económico sugiere que el tema de Groenlandia dejará de ser una anécdota para convertirse en el nuevo eje de fricción de la política exterior de la Casa Blanca.
