En una decisión histórica que pone fin a casi 30 años de incertidumbre técnica y legal, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) anunció la modificación de la licencia ambiental para la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO). Este movimiento administrativo es el “oxígeno” que necesitaba uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos y postergados de la capital colombiana.
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La medida afecta un segmento estratégico de 9,5 kilómetros, que se extiende desde el estribo norte del puente sobre el Río Bogotá hasta la intersección con la Calle 13. Con esta actualización, el proyecto ALO Sur no solo recibe el aval para avanzar, sino que se somete a un riguroso Plan de Manejo Ambiental (PMA) diseñado para mitigar el impacto en el ecosistema circundante.
Un equilibrio entre movilidad y naturaleza
El director general de la CAR, Alfred Ignacio Ballesteros, fue enfático al señalar que la decisión, tomada al cierre de 2025, busca armonizar la crisis de movilidad que asfixia el occidente de Bogotá con la protección del entorno.
“Claramente el ambiente siempre será la prioridad, pero también facilitar el desarrollo de las ciudades es parte de nuestra responsabilidad”, afirmó Ballesteros.
El proyecto modificado no se limita a la pavimentación. El plan de obra incluye:
- Nuevo eje vial: Construcción de dos carriles adicionales para mejorar el flujo de carga y pasajeros.
- Rehabilitación: Intervención total del corredor existente entre el Río Bogotá y la Calle 13.
- Infraestructura hidráulica: Puentes vehiculares sobre los canales Castilla, Magdalena y Alsacia, optimizando el drenaje de la zona.
- Espacio público: Creación de una alameda peatonal integrada con ciclorrutas.
La “Muralla Verde”: Compensación de alto impacto
Para contrarrestar el impacto del concreto, la CAR ha impuesto exigencias ambientales sin precedentes. La sociedad ALO Sur SAS deberá ejecutar la rehabilitación ecológica de más de 80 hectáreas y la siembra de 10.700 árboles nativos.
Un punto innovador en la licencia es la obligación de sembrar al menos dos hectáreas con especies retenedoras de agua, una medida crítica para garantizar que el corredor vial no altere los ciclos hídricos del suelo cercano al Río Bogotá.
Cronología de un proyecto esquivo
La historia de la ALO ha sido una carrera de obstáculos. La licencia original data de 1999, pero múltiples recursos de reposición y cambios en las directrices ambientales del Ministerio de Medio Ambiente mantuvieron la obra en un limbo jurídico.
El punto de inflexión ocurrió el pasado 11 de julio de 2025 con la resolución 50257000458. Tras resolver los últimos recursos de reposición interpuestos por el concesionario, la CAR finalmente ha despejado el camino legal.
Este avance se produce en un momento de tensión para la infraestructura regional, luego de que gremios como ProBogotá advirtieran sobre riesgos en cerca de 40 proyectos de movilidad debido a nuevas exigencias ambientales. Con el destrabe de la ALO, se envía una señal de seguridad jurídica para la inversión en obras públicas en este 2026.
