El inicio de año en Colombia ha traído consigo una realidad compleja para el sector del servicio doméstico. Mientras el Gobierno Nacional celebra el ajuste en la remuneración básica, desde el Sindicato de Trabajadoras Domésticas (Sintrasedom) surge una voz de alerta que no solo apunta a la economía, sino a la representación política de quienes sostienen los hogares del país.
(Pude también leer: Grave accidente: bus se volcó, dejó 18 personas heridas y árboles evitaron una tragedia mayor)
Yenny Hurtado, presidenta de la organización, manifestó en entrevistas con Blu Radio su preocupación por la estabilidad laboral de miles de mujeres. Según la dirigente, el incremento del salario, que en términos de costos globales para el empleador puede alcanzar variaciones significativas, ha comenzado a generar una ola de despidos anticipados.
El impacto en el empleo formal
Para muchas familias, el nuevo costo de la contratación formal se ha vuelto inalcanzable. “Ya tenemos unas cuantas despedidas. Las patronas ya no las llamaron y les dijeron que no volvieran porque no tenían con qué pagarles”, explicó Hurtado. Esta situación está empujando al gremio hacia la informalidad, donde las trabajadoras se ven obligadas a negociar pagos inferiores al mínimo legal para evitar el desempleo.
Aunque el sindicato reconoce que un mejor salario es un derecho necesario, advierten que, sin incentivos o medidas que protejan la permanencia en el cargo, el beneficio se diluye ante la falta de vacantes.
La distancia con la Vicepresidencia
Uno de los puntos más críticos de las declaraciones de Hurtado tiene que ver con la figura de la vicepresidenta Francia Márquez. Históricamente, Márquez ha construido un relato de identidad basado en su pasado como empleada doméstica, una narrativa que fue eje central durante su campaña electoral. Sin embargo, para Sintrasedom, esa identificación no se ha traducido en acciones concretas.
“Ella jamás nos llamó para preguntarnos nada”, relató la líder sindical. Hurtado aseguró que, tras intentar formalizar un encuentro con la alta funcionaria, la respuesta fue la falta de espacio en la agenda: “Tenía la agenda llena para dos años y esta es la hora que nunca nos atendió”.
Asimismo mencionó la líder que para ella “eso es puro cuento. Nunca la vi interesada en las trabajadoras del hogar y ahora, como vienen elecciones, vuelve a hablar del tema”.
La crítica se intensificó al contrastar la realidad cotidiana de las trabajadoras con el estilo de vida actual de la vicepresidenta, quien ha sido señalada anteriormente por el uso de transporte aéreo oficial para sus desplazamientos.
Más allá de las controversias políticas, el malestar de las trabajadoras radica en la exclusión institucional. Hurtado denunció que el gremio no tiene una participación real en las mesas de concertación donde se deciden las políticas salariales que afectan directamente su sustento.
El sentimiento de ser utilizadas como bandera electoral pero olvidadas en el ejercicio del poder resume el clima de descontento. Mientras el país observa las cifras de crecimiento y ajuste económico, en las puertas de las casas de familia el panorama es distinto: una lucha constante por mantener la formalidad en un mercado que, según el sindicato, les está dando la espalda ante el silencio del Gobierno que prometió representarlas.
