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¿Qué opciones hay de turismo cafetero cerca de Bogotá?

Hasler Rodríguez, guía y anfitrión del Hotel La Palma y el tucán, conversa sobre cafés especiales para GastrPop.

En municipios y pueblos como Choachí, Fusagasugá, Sutatenza, Mesitas del colegio, Moniquirá, Miraflores, Zetaquirá, Silvania y Zipacón hay fincas cafeteras que abren sus puertas a visitantes, por un día.

En Colombia la cultura cafetera no ha estado a la altura de la calidad de los granos. La mayoría de los colombianos sabemos poco de café y lo tomamos quemado y dulzón.

Sin embargo, hay un interés creciente por aprender a catar y conocer nuestra historia cafetera, un momentum con notas aromáticas que se suma a la economía de experiencias, también en alza.

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El año pasado el barista y caficultor Diego Campos ganó por primera vez en nombre de Colombia el mundial de barismo en Italia.

El posicionamiento de marcas de cafés especiales como Amor Perfecto, San Alberto, Azahar, El Libertario, que ofrecen en sus tiendas en Bogotá experiencias cortas de catación o tostión, de entre 1 y 4 horas, hace que haya cada vez más opciones para aprender y disfrutar del café de alta calidad.

Café San Alberto tiene un ritual llamado “bautizo cafetero” que enseña a apreciar los atributos de los cafés especiales y termina con el maridaje con mieles o rones locales.

También se han multiplicado las ferias y exposiciones de café y las experiencias o tours por haciendas o fincas cafeteras sin necesidad de ir al Eje Cafetero.

Sin jipaos, sin el imaginario de conocer a la Gaviota, sin los paisajes del Valle del Cocora, cada vez hay más experiencias cafeteras disponibles en Cundinamarca y Boyacá, para ir y volver de Bogotá el mismo día.

En municipios y pueblos como Choachí, Fusagasugá, Sutatenza, Mesitas del colegio, Moniquirá, Miraflores, Zetaquirá, Silvania y Zipacón hay fincas cafeteras que abren sus puertas a visitantes por un día.

Existe una experiencia mixta para visitar granjas de chocolate y café, y otra, con un tinte medio ridículo, denominada: Ser agricultor por un día, una invitación a ponerse la ruana, agarrar la cesta y si tienes pelo largo hacerte dos trenzas, claro.

Son experiencias que se compran online y cuestan entre 77 y 159 dólares por persona.

La Palma y el tucán es una experiencia particular, un hotel en Zipacón que ofrece “turismo experiencial cafetero a 90 minutos de Bogotá”. Por supuesto que los 90 minutos terminan siendo bastante más, debido al tráfico de salida de la ciudad, pero su propuesta, que tiene la opción de pase día y recorridos a pie o en bicicleta, incluye la posibilidad de dormir en cabañas en medio de cafetales, con la vista excepcional de yarumos, la visita de pájaros y mariposas y un restaurante con un desayuno variado y generoso incluido.

También tiene pistas especializadas para ciclo montañismo, un jacuzzi, una red elevada de esas que emocionan a los influencers porque puedes tomarte fotos levitando entre palmas.

Es campestre y sofisticado, una experiencia instagrameable; mira como aprendo de café, mírame recoger los granos maduros, “a room with a view” y un story flotando entre palmas con Ojalá que llueva café en el campo de banda sonora.

Las nueve cabañas que conforman el hotel nacieron en 2017 como solución de hospedaje para los compradores extranjeros del café especial que sus dueños cultivan y en su mayoría exportan. “Solo una pequeña cantidad se vuelve café de consumo en Colombia y se vende en las tres tiendas Libertario, hay dos en Bogotá y una en Getsemaní, Cartagena”, dice Hasler Rodríguez, guía y anfitrión.

En Cundinamarca hay más de 60 municipios cafeteros y cerca de 32.000 fincas. Su café se caracteriza por tener notas dulces acarameladas, de panela y chocolate. Eso se puede comprobar en la cata de La Palma y el tucán probando sus variedades Paz, Libre y Rock.

“El nicho de cafés especiales en Colombia es muy nuevo, tendrá 20 años”, dice Hasler. “Es café muy suave, de alta calidad, en variedades como Geisha, Bourbon Sidra y SL - 28″. En el 2020 lograron vender en 330 dólares, en una subasta en Panamá, la libra de un lote de café. “Es el más caro que se ha vendido en Colombia” presume Hasler.

Un impecable escape de fin de semana para el neo hípster postpandemia.

Más información en: @lapalmayeltucan_hotel

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