El vallenato colombiano está de luto tras la muerte del maestro Ovidio Granados Melo, reconocido acordeonero, compositor y considerado durante décadas como el más importante restaurador de acordeones del país. El artista falleció en Valledupar a los 84 años, luego de permanecer varios días internado en el Instituto Cardiovascular del Cesar debido a complicaciones derivadas de una isquemia.
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La partida de quien era conocido cariñosamente como el ‘Viejo Villo’ representa una pérdida irreparable para el folclor vallenato, no solo por su trayectoria musical, sino también por el legado que construyó alrededor del instrumento insignia de esta expresión cultural.
Nacido en el corregimiento de Mariangola, en el departamento del Cesar, Ovidio Granados se convirtió en el patriarca de una de las dinastías más importantes de la música vallenata. Su nombre trascendió las fronteras del país gracias a su habilidad para reparar y restaurar acordeones, oficio que ejerció durante más de seis décadas desde su taller ubicado en el barrio Los Caciques de Valledupar.
Por ese lugar pasaron generaciones de músicos que confiaban en sus conocimientos para devolverle la vida a sus instrumentos. Su experiencia era tan reconocida que incluso técnicos de la fábrica alemana Hohner, una de las más prestigiosas fabricantes de acordeones del mundo, admiraban su trabajo.
Su historia artística comenzó en 1959 cuando integró el grupo Los Playoneros del Cesar. Años después participó en el primer Festival de la Leyenda Vallenata, celebrado en 1968, donde obtuvo el segundo lugar en la competencia de acordeoneros, detrás del legendario Alejo Durán.
Volvió a concursar en las ediciones de 1975 y 1983, alcanzando nuevamente el segundo puesto. Tras esos resultados decidió retirarse de las competencias para concentrarse en la reparación de acordeones, actividad que lo convirtió en una verdadera institución dentro del vallenato. Con su característico sentido del humor solía bromear diciendo que no quería seguir participando para evitar que lo llamaran “Ovidio Segundo”.
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Aunque nunca logró coronarse como Rey Vallenato, su legado quedó inmortalizado a través de su familia. Sus hijos Juan José Granados y Hugo Carlos Granados conquistaron la corona del Festival de la Leyenda Vallenata en 2005 y 2007, respectivamente, consolidando una dinastía que ha dejado huella en la historia del género.
El reconocimiento más importante llegó en vida. En 2025, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata le otorgó el título de Rey Vallenato Vitalicio, exaltando su invaluable aporte a la preservación de los saberes tradicionales y a la cultura vallenata.
Además de su faceta como técnico y restaurador, Ovidio Granados también dejó una importante huella como músico. Participó junto a Diomedes Díaz en la grabación de canciones emblemáticas como “Diana”, obra del compositor Calixto Ochoa. Asimismo, fue autor de temas como “El pobrecito” y “El vicio”.
Tras conocerse la noticia de su fallecimiento, su hijo Hugo Granados compartió un emotivo mensaje en redes sociales. En sus palabras, expresó sentir un “profundo agradecimiento” por todo lo aprendido junto a su padre y destacó que de él recibió “enseñanzas, amor y buenos consejos”.
Con la muerte de Ovidio Granados, el barrio Los Caciques pierde a su histórico “cirujano de acordeones”, mientras que el vallenato despide a uno de sus más grandes guardianes. Su legado seguirá vivo en cada acordeón que pasó por sus manos y en las generaciones de músicos que encontraron en él un maestro, un consejero y un referente indiscutible de la cultura colombiana.
