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Duplat y Esteman abren un nuevo camino en el pop nacional con ‘El observador’

La dupla nos cuenta hacia dónde se dirige este viaje de romanticismo retro y cómo buscan conquistar los escenarios en los próximos meses.

Esteman y Duplat
Esteman y Duplat Cortesía

La escena musical colombiana se sacudió con una de las colaboraciones más esperadas, uniendo el talento de Duplat y Esteman en su nuevo sencillo ‘El observador’. Esta colaboración representa la fusión perfecta entre la genialidad multiinstrumental y el aire retro de Duplat, con la teatralidad, el carisma y el consolidado sello pop internacional de Esteman. La canción se posiciona de inmediato en el ecosistema digital como un himno magnético y bailable que le canta a la introspección y a la cotidianidad desde una estética sonora impecable. Con este lanzamiento, los artistas no solo demuestran la enorme complicidad que comparten en el estudio, sino que se preparan para conquistar las principales listas de reproducción y convertirse en la banda sonora necesaria del público que busca frescura, ritmo y letras con contenido en el pop nacional, donde ambos artistas hablaron con Publimetro sobre este lanzamiento.

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¿Qué encontraron el uno en el otro que no hubieran explorado en sus colaboraciones previas con otros artistas?

Duplat: “Yo venía de hacer colaboraciones muy metidas en mi zona de confort, muy de nicho o súper instrumentales. Pero cuando me senté con Esteban (Esteman), encontré a un camaleón del pop. Él tiene una escuela internacional brutal y una capacidad para meterle drama y cuerpo a las canciones que a mí me vuela la cabeza. Me sacó de mi caparazón de pianista ermitaño y me enseñó a abrir el sonido sin perder mi esencia clásica”.


Esteman: “Totalmente. Por mi parte, yo venía de hacer un pop mucho más rítmico, más enfocado en el movimiento y en el melodrama bailable. Al juntarme con Duplat, encontré una rigurosidad musical impresionante. Su piano no es un simple acompañamiento, es un personaje más. Me dio una estructura armónica mucho más madura y sofisticada de la que venía explorando, logrando un equilibrio perfecto donde nuestras voces se entrelazan como un juego de espejos”.

La canción nace de la herida de amar desde el lugar equivocado. ¿Cómo fue para ambos habitar ese personaje del ‘Observador’ que ve la vida pasar sin ser el protagonista de la historia de amor?

Esteman: “Fue un ejercicio de vulnerabilidad absoluta y de tragarse el orgullo. En el pop estamos muy acostumbrados a cantarle al desamor desde la rabia, el reclamo o la tusa bailable, pero habitar a ‘El observador’ es otra cosa. Es pararse en la esquina de la fiesta, mirar a la persona que amas siendo feliz con alguien más y aceptar que perdiste, pero sin resentimiento. Cantar desde esa periferia dolió, porque te obliga a conectar con esos momentos de la vida donde te tocó ser invisible”.

Duplat: “Para mí fue casi como musicalizar una película en blanco y negro. Tuvimos que bajarle a la potencia vocal y buscar una interpretación contenida, muy íntima, casi susurrada. No es un canto de reproche, es la crónica resignada y agridulce de alguien que prefiere contemplar la belleza del otro desde lejos, sabiendo que su presencia ya no cabe en esa historia. Es un personaje muy cinematográfico y nostálgico”.

Se habla de “las formas más silenciosas del amor”. ¿Cómo se logra que el silencio sea un lenguaje musical en una balada tan rica instrumentalmente?

Duplat: “El secreto estuvo en dejar respirar la música. Aunque ‘El observador’ tiene una arquitectura muy rica con vientos, cuerdas y un piano de cola muy presente, el verdadero truco fue el espacio entre las notas. Diseñamos los arreglos para que el silencio se sintiera en las pausas dramáticas y en la sutileza con la que entra cada instrumento. La música no satura; al contrario, adorna el vacío de esa habitación solitaria donde está el personaje”.

Esteman: “Es que el silencio en esta canción es el equivalente a los pensamientos que el protagonista no se atreve a decir en voz alta. Los instrumentos entran como ráfagas de aire: un arreglo de cuerdas que sube cuando la emoción aprieta, o el piano de Duplat que se queda suspendido en el aire. Logramos que la riqueza instrumental no compitiera con la soledad del tema, sino que la amplificara, haciendo que cada pausa se sienta como un suspiro”.

Se mencionan influencias de la balada francesa y el europop. ¿Qué artistas o discos específicos tenían en el radar mientras buscaban ese sonido “elegante” y melancólico?

Esteman: “Queríamos esa fina línea entre el drama europeo y la sofisticación que te hace mover el pie. En mi radar estaba muy fuerte la estética y la melancolía de Sébastien Tellier, L’Impératrice, e incluso clásicos de la canción francesa como Serge Gainsbourg. Buscábamos esa elegancia atemporal que se siente súper nocturna y chic, pero que al mismo tiempo te abraza el corazón con una cobija de nostalgia”.

Duplat: “Y para equilibrar ese peso francés y darle el toque bailable y brillante, nos clavamos mucho en el europop de los 70 y 80. Teníamos muy presente la escuela de ABBA esa genialidad de hacer canciones con melodías de piano súper tristes pero con un ritmo que te invita a moverte. También estuvo en la mesa el sonido fino y orgánico de bandas contemporáneas como Phoenix. Queríamos que sonara clásico pero moderno, un viaje pop con mucha clase”.

Si ‘El Observador’ es el inicio de un nuevo camino, ¿hacia dónde nos va a llevar este viaje de romanticismo y balada en los próximos meses?

Duplat: “Nos va a llevar a un lugar de mucha madurez y, sobre todo, de exploración sin miedo. Para mí, este tema abrió una puerta para entender que el romanticismo hoy no tiene que ser cursi ni anticuado; se puede hacer música con una riqueza técnica tremenda, con arreglos de vientos y pianos grandiosos, pero que a la vez se sienta fresca en el circuito actual. Lo que viene en camino es un viaje nocturno, muy cinematográfico, donde seguimos experimentando con esas texturas análogas y letras que raspan un poquito el corazón”.

Esteman: “Es el punto de partida de una etapa donde nos estamos permitiendo ser mucho más teatrales y elegantes. El público puede esperar un universo visual y sonoro muy cohesionado. Queremos que este viaje no se quede solo en los audífonos, sino que se traslade a los escenarios como una experiencia nostálgica completa. Vamos a seguir escarbando en esas baladas que tienen el alma de los clásicos de los setenta, pero con la producción vanguardista que nos gusta. Es una invitación a abrazar la melancolía con mucha clase”.

¿Qué cambió en ustedes durante ese año que hizo que la canción final fuera distinta a la que escribieron originalmente?

Esteman: “El tiempo fue nuestro mejor aliado. Al principio, la canción tenía una estructura un poco más predecible, más pegada al pop convencional. Pero durante ese año pasaron muchas cosas en nuestras carreras y vidas personales; maduramos la idea de la distancia y el desapego. Eso nos permitió volver al estudio con la cabeza fría y decir: ‘Quitémosle adornos innecesarios a la letra y démosle más peso a la interpretación’. El cambio más grande fue que aprendimos a confiar en la sutileza; la versión final es mucho más honesta, íntima y dolorosa que el primer bosquejo".

Duplat: “Exacto, originalmente el demo era quizás un poco más denso instrumentalmente en algunas partes, como que queríamos meter todo el arsenal desde el principio. En ese año de reposo, nos dimos cuenta de que el verdadero poder de ‘El Observador’ estaba en la tensión, en cómo va creciendo poco a poco. Yo cambié mi enfoque en el piano; pasé de querer hacer transiciones complejas a buscar el acorde exacto que acompañara la voz de Esteban en su momento más vulnerable. La canción maduró con nosotros, se volvió más elegante y dejó de tener afán por explotar, encontrando su fuerza en la contención”.

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