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Susana y Elvira: crecer, perder certezas y volver a encontrarse

La historia que acompañó a toda una generación de mujeres colombianas finalmente llega a la pantalla grande este jueves 28 de mayo.

Susana y Elvira llega a cines
Susana y Elvira llega a cines Cortesía

Hay películas que funcionan como un espejo generacional, y Susana y Elvira logra precisamente eso. Más allá del regreso de unos personajes queridos o del salto de una webserie al cine, la cinta se instala como una conversación honesta sobre lo que significa ser mujer cuando ya no existen las certezas de los 20, cuando las amistades cambian, el amor se transforma y la vida obliga a reconstruirse más de una vez.

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Protagonizada por Manuela González y Mabel Moreno, la película entiende algo que pocas producciones se atreven a mostrar sin tantos filtros: crecer no siempre se ve elegante ni perfecto. Hay contradicciones, frustraciones, pérdidas, silencios incómodos y decisiones que pesan. Pero también hay nuevas oportunidades. Y esa es quizá una de las reflexiones más poderosas de la historia, a los 40 todavía hay vida, todavía existe la posibilidad de enamorarse, de perdonar, de volver a encontrarse con otras personas y, sobre todo, con una misma.

La cinta no juzga a sus protagonistas. Al contrario, las acompaña desde la vulnerabilidad. Susana y Elvira no intentan representar mujeres perfectas ni “empoderadas” desde el cliché. Representan mujeres reales, agotadas a veces, confundidas otras tantas, pero profundamente humanas. Justamente allí radica buena parte de la identificación que puede generar en el público femenino que creció viendo la serie web y que hoy atraviesa dilemas similares.


Una conversación que creció con su audiencia

Susana y Elvira siempre han sido eso: una conversación íntima entre amigas que terminó convirtiéndose en la conversación de toda una generación. Desde su nacimiento como blog en 2008, el proyecto conectó porque hablaba sin pena de sexo, amor, decepciones, relaciones tóxicas y crisis emocionales en una época en la que muchos de esos temas todavía se escondían “debajo de la mesa”. Hoy, casi dos décadas después, la película demuestra que esas preguntas siguen vigentes.

Más que nostalgia, lo que produce la cinta es un reconocimiento. Resulta inevitable pensar en cómo las amistades femeninas evolucionan con el tiempo, las amigas que antes compartían fiestas ahora comparten heridas, cansancios, divorcios, maternidades o decisiones de no maternar. La película logra retratar ese tránsito con sensibilidad, mostrando que las relaciones entre mujeres también sobreviven a las distintas versiones en las que cada una se convierte con los años.

Ese es uno de sus mayores aciertos, no convertir la adultez en una meta luminosa ni en una derrota. La historia deja claro que crecer no significa tener la vida resuelta. A veces, llegar a cierta edad implica aceptar que muchas cosas salieron distinto a como se imaginaron. Pero lejos de caer en una mirada derrotista, la película plantea que también hay belleza en reinventarse tarde, en volver a empezar cuando parecía que todo ya estaba definido.

En la película, el amor no aparece como una promesa simple ni como una recompensa para quien “hizo las cosas bien”. Aparece como un territorio complejo, atravesado por dudas, duelos y aprendizajes. Lo mismo ocurre con la amistad no es un vínculo estático, sino una relación que también debe acomodarse a las nuevas formas de vivir, de decidir y de sostenerse.

Por eso, Susana y Elvira funciona mejor cuando se permite mirar a sus protagonistas desde la contradicción. Son mujeres que se equivocan, que dudan, que desean, que a veces no saben qué hacer con lo que sienten. Y esa falta de perfección es, precisamente, lo que vuelve más honesta la historia.

Al final, la película no intenta dar respuestas definitivas sobre el amor, la amistad o la adultez. Lo que hace es algo mucho más valioso, validar que nadie tiene realmente todo resuelto. Y quizá por eso conecta tanto. Porque recuerda que crecer no significa dejar de sentir miedo, sino aprender a vivir con él mientras se sigue buscando felicidad en medio del caos.

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