Sábados Felices se erige como el programa de humor más longevo de la televisión colombiana, que más que un simple espacio de entretenimiento, se ha convertido en una plataforma principal para el descubrimiento de leyendas de la comedia cada fin de semana. A pesar de todos lo años que han pasado desde su primera emisión, el programa ha sabido adaptarse a los cambios generacionales.
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Uno de los humoristas que por un largo tiempo ha hecho parte, es Jorge Muñoz, conocido popularmente en el mundo del entretenimiento como “Tato”, ha logrado consolidarse como una de las figuras más versátiles de la comedia colombiana gracias a su talento para la ventriloquía. Su participación en el legendario programa Sábados Felices lo catapultó a la fama, donde su inseparable personaje, el niño “Tatillo”, se convirtió en un referente de humor blanco y picardía.
El pasado fin de semana, Tato hizo parte del programa del canal “Se dice de mí", en el que relató el distanciamiento que atravesó con su familia seres queridos por causa de su matrimonio. Esto al mencionar que la presencia de sus padres y hermana generaba incomodidad para quien se convertiría su esposa, por lo que estas actitudes lo fueron alejando de ellos, así como deteriorando su relación familiar.
Sin embargo, el momento más complejo fue cuando llegó la separación, donde tuvo que superar ciertas dificultades económicas por los bienes compartidos del matrimonio: “A nombre de ella estaba todo: la casa, el carro y la empresa”aseguró Tato entre lagrimas. La intención de su pareja era quedarse también “El Show de Tato”, el que había construido él con bastante esfuerzo.
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En el primer intento de la repartición de bienes resultó ser una fracaso, así contó: “Cuando yo le dije: ‘Vamos, entonces, vender las cosas para dividir. (Le dije) lo que sí necesito, por fa, es que me des el, el nombre de la empresa para cambiar para que yo sea el representante legal’. Me dijo: ‘No. Yo llevo quince años trabajando con el show de Tato, yo no la voy a entregar’”, dando paso a toda una disputa legal.
Durante la entrevista, el hijo de Muñoz confesó haber sido testigo de todo lo que estaba ocurriendo:“Ella quería quedarse con, pues, prácticamente la imagen de lo que era el show de Tato y, pues, es que ese era su trabajo y era su vida y era lo que había venido construyendo, incluso desde antes de que yo naciera”. Con el fin de llegar a un acuerdo, el comediante cedió la vivienda, su vehículo y a cambio pidió poder conservar el nombre de la empresa.
Mientras que por otro lado, tuvo que velar por recuperar sus relaciones familiares, regresando a su casa para poder reencontrarse con sus padres, momento que los tres definen como completamente emotivo y sin nada de rencor de por medio.
