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Manaus Brasil: el hogar de la selva amazónica que sí o sí debe conocer este 2026

Booking.com reveló los 2 destinos más populares de América Latina en su más reciente informe de predicciones y Manaus es uno de ellos.

Guía para viajar a Manaus Brasil
Manaus- Brasil Foto de referencia: Una lancha a motor en el lago rodeada de hermosos árboles verdes bajo un cielo nublado. (Descargada de Freepik.es- 27 de enero 2026)

Viajar sigue siendo uno de los grandes anhelos de quienes buscan ampliar la mirada del mundo. Tras la pandemia, esa pulsión se intensificó y hoy el turismo global vive una aceleración evidente, marcada por un cambio profundo en la forma de viajar. Ya no basta con visitar un destino “bonito”: los viajeros buscan experiencias que les permitan conectar consigo mismos, con la naturaleza y con la identidad de los lugares que recorren.

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Bajo ese nuevo panorama, Booking.com reveló en su más reciente informe de tendencias cuáles son los destinos que han registrado un mayor aumento en búsquedas a nivel global de cara a 2026. Dos ciudades latinoamericanas destacan en la lista: Barranquilla, en Colombia, y Manaus, en el corazón de la Amazonía brasileña.

Con la intención de entender qué hay detrás de este creciente interés, Publimetro Colombia viajó hasta Manaus, una ciudad que no se explica únicamente desde el turismo tradicional. Llegar allí es, desde el primer momento, una experiencia sensorial: el calor espeso, el verde infinito y el imponente río Amazonas marcan el ritmo de una ciudad que parece vivir en diálogo permanente con la selva.


Manaus no se presenta como un destino de excesos, sino como un lugar ideal para la desconexión consciente. Caminar por sus calles es encontrarse con capas de historia que van desde el esplendor del auge del caucho —reflejado en joyas arquitectónicas como el Teatro Amazonas— hasta las expresiones culturales contemporáneas que conviven con las tradiciones indígenas. Arte, música y gastronomía se entrelazan con relatos de resistencia y adaptación en medio de uno de los ecosistemas más importantes del planeta.

Más allá de sus atractivos turísticos, Manaus ofrece algo que hoy muchos viajeros priorizan: la posibilidad de bajar el ritmo. Ya sea navegando por el río, explorando comunidades cercanas o simplemente observando el encuentro de las aguas, la ciudad invita a una pausa que se siente cada vez más necesaria en un mundo hiperconectado.

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¿Cuáles son las paradas obligatorias en Manaus?

Para entender este destino hay que abrir todos los sentidos. Manaus no es un lugar que se explore únicamente con los ojos: se escucha en el canto constante de los animales, se percibe en la humedad del aire y se siente en la presencia imponente de sus árboles gigantes. Es un territorio que se vive desde lo sensorial, donde la naturaleza marca el ritmo y obliga al viajero a mirar —y sentir— de otra manera.

1. Musa (Museo de la Amazonía): La selva en su mayor esplendor

Este museo es un jardín botánico de 100 hectáreas ubicado en la reserva forestal Adolpho Ducke que invita a recorrer la selva a pie a través de circuitos ecológicos, donde el visitante puede encontrarse con monos, serpientes y arañas, descubrir viveros con orquídeas, bromelias y hongos, observar laboratorios con fauna viva, mariposas e insectos en libertad, y culminar la experiencia en una torre metálica de 42 metros de altura que ofrece vistas privilegiadas de la inmensidad de la floresta y de las aves que habitan sus copas.

2. Presidente Figueiredo: la “Tierra de las Cascadas”

Aquí el agua marca el ritmo del recorrido. No es una exageración: hay registro de más de 150 cascadas, lo que convierte al lugar en un destino clave para quienes buscan aventura, caminatas en la selva y experiencias ligadas al agua, lejos de la señal y del ruido urbano.

Los recorridos se hacen por senderos de intensidad media que atraviesan la Amazonía en su estado más directo: árboles nativos de gran tamaño, tramos de selva cerrada, vestigios de cuevas y caminos que llevan a caídas de agua que aparecen una tras otra. El terreno exige atención, pero no preparación extrema, lo que permite explorar sin perder el disfrute del entorno.

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3. El Teatro Amazonas: un homenaje a los gustos europeos en la selva brasileña

La ciudad de Manaus resguarda uno de sus símbolos culturales más elocuentes: el Teatro Amazonas. Durante décadas ha sido considerado una joya cultural, no solo por albergar la escena musical más representativa de la región, sino porque todo en él fue concebido como una obra de arte en sí misma.

Basta con levantar la mirada para entenderlo. Las paredes, los frescos, los telones y los ornamentos revelan cómo la estética europea permeó el Amazonas a finales del siglo XIX.

Una de las piezas más llamativas se encuentra en el techo principal, cuya pintura simula la base de la Torre Eiffel, un guiño directo a la influencia francesa de la época y a la ambición cultural de una ciudad que vivía el auge del caucho.

El Teatro Amazonas fue inaugurado el 31 de diciembre de 1896, luego de 15 años de una construcción tan minuciosa como costosa. Salvo la madera, que es de origen local, todos los materiales fueron importados desde Europa sin escatimar recursos. Desde Italia llegaron 198 lámparas de araña de cristal, entre ellas 32 de cristal de Murano veneciano, mientras que el hierro fundido escocés sostiene las 22 columnas huecas que, además de su impacto visual, aportan a la reconocida acústica del lugar.

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4. Encontro das Águas: El lugar del mundo en el que dos ríos conviven

Este es uno de los puntos más emblemáticos de Manaus y, al mismo tiempo, uno de los fenómenos naturales más impactantes de la Amazonía: el encuentro de las aguas del río Negro y el río Amazonas. A simple vista, el contraste es evidente. Durante varios kilómetros, ambos ríos corren lado a lado sin mezclarse, dibujando una frontera natural entre el tono oscuro del río Negro y el color marrón claro del Amazonas.

La explicación está en la ciencia, pero la experiencia es completamente sensorial. Las diferencias de temperatura, velocidad y densidad del agua hacen que cada cauce mantenga su identidad: el río Negro es más cálido y lento, mientras que el Solimões fluye con mayor rapidez y una temperatura más baja. Al tocar el agua, los visitantes pueden sentir claramente ese contraste, una forma tangible de dimensionar la magnitud de dos de los ríos más grandes del planeta.

Con algo de suerte, el recorrido se completa con la aparición de delfines rosados de río, que emergen entre las aguas y confirman que este no es solo un atractivo visual, sino un ecosistema vivo y activo.

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