Caterine Ibargüen volvió a hablar duro, pero no desde la pista, sino desde la experiencia de una mujer que sabe perfectamente lo que significa intentar convertirse en deportista de alto rendimiento sin tener todos los recursos garantizados. La medallista olímpica, que ya se retiró oficialmente del atletismo profesional, entregó una entrevista en la que dejó una reflexión directa sobre el abandono que siguen viviendo muchos talentos en Colombia.
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En diálogo con El Colombiano, Ibargüen habló de su nueva vida fuera de la élite, su llegada a la televisión como presentadora deportiva y el papel que todavía quiere cumplir en defensa de quienes sueñan con representar al país. Aunque aseguró que está feliz en esta nueva etapa, también dejó claro que sigue viendo con preocupación las dificultades que enfrentan niños, jóvenes y atletas para poder competir.
Caterine Ibargüen cuestionó la falta de apoyo al deporte colombiano
La frase más fuerte de la entrevista llegó cuando habló de casos de deportistas que deben vender productos para conseguir recursos y poder viajar a competencias. Ibargüen puso como ejemplo una noticia sobre niños de taekwondo que tuvieron que vender empanadas para intentar cumplir sus sueños deportivos.
Ante ese panorama, la exatleta fue contundente: “Si a Caterine Ibargüen le hubiera tocado sacar de sus recursos para ir a un viaje a Medellín, ustedes no hubieran conocido una medallista olímpica”. Con esa frase, la campeona dejó sobre la mesa una crítica que va más allá de su historia personal: el talento solo no alcanza cuando no hay respaldo económico, institucional y formativo.
Ibargüen recordó que su familia y su pueblo no tenían los recursos para sostener todo lo que implica competir, viajar y mantenerse dentro de un proceso deportivo. Por eso insistió en que Colombia está llena de talento, pero que muchos niños se quedan en el camino cuando no encuentran apoyo del Gobierno o de las entidades encargadas del deporte.
“Eso se está viendo gris”: la preocupación por las nuevas generaciones
La exdeportista también recordó que, cuando Colombia logró ocho medallas olímpicas en Río 2016, pensó que el camino para los atletas que venían detrás sería mucho más fácil. Sin embargo, su lectura actual es distinta y bastante preocupante.
Según explicó, después de tantos resultados internacionales, esperaba que los nuevos talentos tuvieran mejores condiciones, pero aseguró que esa expectativa no se ha cumplido. Incluso afirmó que ese panorama “se está viendo gris”, al referirse a las dificultades que siguen enfrentando muchos deportistas pese a los logros que ya ha conseguido el país.
La situación es todavía más llamativa porque, según ella, Colombia continúa obteniendo resultados a pesar de la falta de apoyo. Para Ibargüen, eso demuestra la capacidad de los deportistas nacionales, pero también deja en evidencia una deuda estructural: si con poco respaldo se compite, con procesos serios y sostenidos podrían aparecer muchas más historias de éxito.
El llamado de Caterine al Gobierno
Ibargüen también dejó un mensaje para los gobernantes y para quienes aspiran a dirigir el país. Para ella, el deporte no puede seguir siendo un tema secundario frente a otras discusiones nacionales, porque es una herramienta directa de educación, prevención y transformación social.
La exatleta lo resumió con una frase fuerte: “Un niño en una cancha es un niño que le quitamos a la guerrilla o a cualquier grupo armado”. Con esto, pidió entender el deporte como una inversión real para la juventud y no solamente como una actividad recreativa o un tema de medallas.
Además, contó que actualmente hace parte de la Comisión de la Liga de Atletismo de Antioquia y que le gustaría que no se acabe el Ministerio del Deporte en Colombia. También dejó abierta la puerta a seguir trabajando desde espacios de liderazgo, siempre que tenga la oportunidad de aportar al deporte desde otro lugar.
Por ahora, Caterine Ibargüen sigue construyendo una nueva etapa lejos de la competencia, pero cerca del deporte. Ya no salta por medallas, pero sus declaraciones vuelven a poner presión sobre una discusión que el país no ha resuelto: de nada sirve celebrar campeones si los próximos talentos tienen que hacer rifas, ventas o colectas para poder competir.
