El fútbol de salón y el deporte colombiano están de luto. A los 54 años falleció Giovanni Hernández, uno de los grandes referentes del microfútbol y figura histórica de la Selección Colombia campeona del mundo. Su partida deja un vacío inmenso en el deporte que ayudó a engrandecer con talento, liderazgo y una zurda llena de fantasía.
Conocido como el ‘mago’ por su capacidad para dominar la baldosa y convertir espacios reducidos en escenarios de espectáculo, Giovanni marcó una era en el fútbol de salón nacional. Fue el capitán eterno de una generación dorada que tocó la cima en el VII Torneo Mundial de Fútbol de Salón, cuando Colombia levantó el título en una final inolvidable.
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Las imágenes de aquella consagración siguen vivas en la memoria colectiva de muchos en el país. En el coliseo Julio Borelli, la Selección Colombia, dirigida por Manuel Sánchez, empató 3-3 ante Bolivia en tiempo reglamentario y alargue, y terminó imponiéndose 3-1 en la tanda de penales. Giovanni Hernández fue el líder espiritual y futbolístico de ese equipo que quedó grabado en la historia grande del salonismo colombiano.
Su talento no solo se medía en goles o asistencias. Era el cerebro del equipo, el hombre que manejaba los tiempos, que pedía el balón en los momentos más complejos y que transmitía carácter en cada jugada.
Tras colgar los tenis, Giovanni no se alejó del microfútbol. Su liderazgo encontró continuidad en el cuerpo técnico. Como asistente de Jaime Cuervo, hizo parte del proceso que llevó a Colombia a conquistar los títulos mundiales de 2011 y Bielorrusia 2015, aportando experiencia y conocimiento táctico.
Más adelante asumió como entrenador en la Liga Profesional de Fútbol de Salón, donde también dejó huella. Fue campeón con Bucaramanga FSC en 2009 y repitió gloria con Taz Santander en los torneos 2016-I y 2016-II, consolidando una carrera exitosa tanto dentro como fuera de la cancha.
Hoy el microfútbol colombiano despide a Giovanni Hernández, uno de sus máximos íconos, que no pudo ganar el partido en su lucha contra un cáncer de estómago. Sus gambetas imposibles, su liderazgo y su pasión quedarán sembrados para siempre en la historia del deporte nacional.
