Cultura

Así fue la presentación del libro sobre Malcolm Deas: Diego Aretz reconstruyó la vida del inglés que estudió a Colombia durante décadas

Durante la presentación de “Malcolm Deas: Retrato del inglés que hizo de Colombia su historia”, el periodista Diego Aretz reconstruyó la dimensión más humana del historiador británico que dedicó seis décadas a estudiar el país. A partir de conversaciones, testimonios, archivos y la biblioteca personal de Deas, la obra revela sus obsesiones, amistades y la profunda relación que terminó construyendo con Colombia.

Foto Así fue la presentación del libro sobre Malcolm Deas: Diego Aretz reconstruyó la vida del inglés que estudió a Colombia durante décadas.
Master Fanáticos Foto Diego Aretz presentó “Malcolm Deas: Retrato del inglés que hizo de Colombia su historia” y reveló al hombre detrás del historiador.
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Durante años, Diego Aretz siguió las huellas de un inglés que llegó a Colombia con 22 años y terminó dedicando décadas a intentar comprender un país que, al comienzo, también lo desconcertaba. El resultado fue “Malcolm Deas: Retrato del inglés que hizo de Colombia su historia”, un libro que fue presentado en Bogotá y que no se limitó a reconstruir la obra académica de uno de los grandes estudiosos de la historia política colombiana: buscó algo más difícil, entrar en su biblioteca, sus conversaciones, sus amistades, sus silencios y hasta en la manera particular en que observaba a los colombianos.

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La historia tiene algo de paradoja. Malcolm Deas llegó desde Oxford a Colombia en 1963 sin imaginar que buena parte de su vida intelectual terminaría transcurriendo alrededor de este país. Décadas después, el periodista, documentalista e investigador Diego Aretz emprendió el camino contrario: se internó en el universo que Deas había acumulado durante años para intentar comprender cómo aquel extranjero terminó convertido en uno de los intérpretes más reconocidos de Colombia.

Ese fue uno de los hilos que atravesó la presentación del libro, realizada el 27 de octubre de 2026 en el Gimnasio Moderno de Bogotá. Allí, Aretz presentó una obra publicada por Ediciones Uniandes que reúne investigación histórica, perfil periodístico, recuerdos y testimonios de personas que conocieron al historiador británico. La presentación fue posteriormente registrada por Caracol Radio, que destacó que el autor reconstruyó a Deas desde testimonios de familiares, colegas, académicos, discípulos y dirigentes colombianos.


Pero para comprender por qué alguien dedicaría un libro entero a seguir la vida de un historiador hay que regresar al principio.

¿Qué encontró Malcolm Deas en Colombia para quedarse durante seis décadas?

Una de las preguntas que atraviesa el libro es aparentemente sencilla: ¿por qué Colombia?

Aretz contó que Deas era un joven formado en Oxford que debía decidir qué lugar de América Latina estudiar. México parecía inicialmente una posibilidad evidente, pero ya existía una amplia tradición académica concentrada en ese país. Colombia apareció después, casi como una combinación de curiosidad intelectual, literatura y azar.

Según el relato recopilado por Aretz, dos libros estuvieron entre los elementos que despertaron su atención, entre ellos Nostromo, de Joseph Conrad. Luego vino el mapa.

Aretz recordó que Deas le resumió aquel momento así: “Tomé el mapa, bajé desde México, pasé por Centroamérica, encontré un país grande que además era el país de las novelas que yo había leído”.

Tenía 22 años.

Lo que ninguno de los dos —ni el joven historiador ni el país que estaba a punto de estudiar— podía saber entonces era que esa decisión terminaría prolongándose durante alrededor de seis décadas.

Deas investigaría las guerras civiles, los partidos políticos, los presidentes, las élites, las regiones, la violencia, las instituciones y las contradicciones nacionales. También formaría estudiantes colombianos en Oxford, mantendría conversaciones con dirigentes de distintas épocas y construiría una biblioteca extraordinaria sobre Colombia y Venezuela.

El catálogo de la Universidad del Norte registra hoy una Colección Malcolm Deas de 13.285 títulos, conservada por la Biblioteca Karl C. Parrish Jr. como parte de sus fondos especiales.

Y allí aparece otra parte esencial de esta historia: la biblioteca de Malcolm Deas no es simplemente un conjunto de libros. Es también una especie de mapa del país que pasó décadas tratando de descifrar.

Diego Aretz buscaba al hombre, no solamente al académico

El peligro de escribir sobre una figura como Deas era evidente: terminar produciendo una biografía académica destinada principalmente a especialistas.

Aretz quiso evitarlo.

Según explicó durante el proceso de presentación de la obra, su interés estaba en aquello que normalmente queda por fuera de las bibliografías y los currículos.

“Me interesaba más el hombre detrás del historiador, sus conversaciones, sus obsesiones, sus amistades, sus recuerdos, sus silencios”, explicó el periodista al describir la intención del libro.

Ese cambio de perspectiva es fundamental para entender “Malcolm Deas: Retrato del inglés que hizo de Colombia su historia”.

La ficha de Ediciones Uniandes explica que el libro fue construido a partir de conversaciones con Deas, testimonios de familiares, amigos, colegas y discípulos, además de la lectura de sus principales trabajos. La editorial lo define más como un retrato intelectual y humano que como una biografía convencional.

La investigación tomó además un giro inesperado: Deas murió mientras el proyecto todavía estaba en marcha.

Aretz explicó posteriormente que ese momento lo obligó a reconsiderar la estructura de la obra. En lugar de presentar al lector una voz única que pretendiera explicar al personaje de principio a fin, decidió dejar entrar otras voces.

Así, las personas que habían acompañado a Deas terminaron funcionando como piezas de un rompecabezas.

Familiares. Historiadores. Estudiantes. Amigos. Dirigentes. Académicos.

Cada uno conservaba un Malcolm distinto.

El historiador que admitía que Colombia lo había despistado

Entre las revelaciones más útiles para comprender la manera de investigar de Malcolm Deas aparece una confesión que, viniendo de uno de los académicos extranjeros más asociados con los estudios colombianos, puede resultar inesperada.

Durante sus conversaciones con Aretz reconoció que inicialmente no entendía el país.

“Me despisté mucho los primeros dos años”, recordó el periodista al reconstruir aquellas charlas.

La frase parece menor, pero Aretz encontró allí una clave.

Deas no habría llegado a Colombia con una teoría cerrada que luego intentó demostrar. Llegó con preguntas. Escuchó. Leyó. Viajó. Contrastó datos. Desconfió de las explicaciones que pretendían resolver un país entero con una sola idea.

En otra conversación resumió esa dificultad con una frase cargada de ironía: “Si los colombianos tampoco lo entendían, ¿cómo lo iba a entender yo?”.

Para el lector, este punto resulta especialmente didáctico porque ayuda a comprender el llamado método de Malcolm Deas.

Su interés no estaba únicamente en las grandes teorías. Le interesaban los detalles.

Quién mandaba realmente en una región. Cómo funcionaba una institución. Qué diferencias había entre una violencia y otra. Cómo operaban los partidos políticos en territorios distintos. Qué podían revelar documentos aparentemente pequeños sobre fenómenos mucho mayores.

Aretz resumió esa actitud con otra de las frases recuperadas durante su investigación: “Si uno quiere entender algo tiene que escribirlo con todos los detalles posibles”.

Una Colombia que no debía encajar a la fuerza en una teoría

Ese es quizá uno de los puntos centrales del retrato construido por Aretz.

Deas desconfiaba de los diagnósticos demasiado perfectos.

Cuando estudiaba la violencia, por ejemplo, cuestionaba la idea de que los colombianos fueran violentos por una suerte de condición inevitable. En lugar de aceptar semejante explicación, hacía preguntas más concretas: ¿qué violencia?, ¿en qué región?, ¿en qué momento?, ¿producida por quién?, ¿bajo qué circunstancias?

La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la investigación.

No es lo mismo afirmar que Colombia “es violenta” que preguntarse por qué determinadas formas de violencia aumentan en ciertos lugares, desaparecen en otros momentos o responden a intereses diferentes.

En una conferencia dictada en la Universidad del Norte Aretz condensa esa mirada en una frase especialmente poderosa: “Malcolm Deas no quería encontrar una Colombia que encajara en una teoría; quería encontrar la Colombia que existía”.

Allí está probablemente una de las razones por las que su obra terminó influyendo tanto en distintas generaciones de investigadores.

13.285 títulos y una biblioteca que terminó en Barranquilla

Pero los rastros de Malcolm Deas no quedaron solamente en Oxford o en las páginas de sus publicaciones.

Una parte considerable de ellos terminó en Barranquilla.

La Biblioteca Karl C. Parrish Jr. de la Universidad del Norte conserva su colección personal dentro de un conjunto de fondos especiales dedicados a preservar archivos de figuras relevantes para la historia regional y nacional.

Según información institucional de Uninorte, la colección de Deas alcanza los 13.285 títulos y se concentra particularmente en historia de Colombia y Venezuela.

La dimensión del fondo ayuda a comprender el tamaño de la obsesión intelectual que Aretz intentó reconstruir.

No eran solamente libros ordenados en estantes.

Había décadas de preguntas.

Lecturas subrayadas, conexiones, autores, debates, interpretaciones y caminos posibles hacia una historia colombiana que Deas se negaba a simplificar.

Durante el I Encuentro de Colecciones Especiales de la Universidad del Norte, dedicado precisamente al legado de Malcolm Deas y de Álvaro Cepeda Samudio, el rector Adolfo Meisel resaltó la importancia de estos fondos para que investigadores y estudiantes puedan profundizar en la historia del país, el Caribe colombiano y Barranquilla.

De esa manera se produjo una especie de círculo inesperado: aquel joven inglés que abrió un mapa en Europa buscando un país para investigar terminó dejando miles de libros sobre ese mismo país en una biblioteca del Caribe colombiano.

Malcolm Deas también abría puertas

La investigación de Aretz encontró además un legado difícil de medir en catálogos.

Deas ayudó a numerosos colombianos a acercarse al mundo académico británico y a Oxford. Entre sus discípulos y personas vinculadas a esa tradición académica aparecen nombres importantes de la historiografía y la vida pública nacional.

Los testimonios reunidos por Aretz lo describieron prestando libros, facilitando contactos e incluso poniendo a disposición de estudiantes colombianos su casa, su bicicleta o su automóvil.

De allí surgió otra de las conclusiones del periodista:

“Uno podría hablar durante unas horas de su influencia intelectual, pero hay otra forma de influencia: abrir una puerta a alguien”.

Y Malcolm Deas, según las voces recogidas durante la investigación, abrió muchas.

Por eso el libro no funciona únicamente como explicación de una obra historiográfica. También reconstruye una red humana.

El inglés que dejó de ser simplemente extranjero

Deas obtuvo la nacionalidad colombiana en 2008, después de décadas de relación con el país. La publicación de Uniandes recuerda que había llegado en 1963 y que durante seis décadas recorrió regiones, estudió la historia nacional y formó generaciones de colombianos en Oxford.

Ese recorrido llevó a Aretz a formular una síntesis que también terminó funcionando como espíritu del libro:

“Para entender a Malcolm Deas hay que terminar hablando de Colombia, y para entender algunas cosas de Colombia resulta inevitable encontrarse con Malcolm Deas”.

El prólogo del libro fue escrito por James A. Robinson, Premio Nobel de Economía 2024, y comienza con otra pregunta que permite dimensionar la singularidad del personaje: qué otro historiador podía reunir reconocimientos y recuerdos provenientes de expresidentes, académicos, intelectuales y antiguos estudiantes. El carácter de Robinson como autor del prefacio y la estructura de la obra están confirmados en el catálogo de Ediciones Uniandes.

La pregunta, en el fondo, conduce al mismo lugar al que llegó Diego Aretz después de atravesar documentos, conversaciones, archivos y miles de páginas.

Malcolm Deas llegó a Colombia buscando un objeto de estudio.

Terminó encontrando un país al que dedicó su vida.

Y décadas después, cuando Diego Aretz entró en su biblioteca para reconstruirlo, descubrió que detrás de las grandes interpretaciones históricas había algo mucho más difícil de archivar: un hombre curioso, escéptico, detallista y profundamente atravesado por Colombia.

Tal vez por eso su biblioteca terminó aquí.

Y tal vez por eso, incluso después de su muerte, Colombia sigue haciéndole preguntas.

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