Teo, el último rockstar

Por Juan Claudio Castro*

Por Publimetro Colombia

No estoy acá para defender una vez más a Teófilo Gutiérrez. Esa tarea, créame, hoy sería propia de un necio, de una persona que no quiere aceptar la realidad. El delantero tiró de la cuerda por milésima vez, sin tener en cuenta que la confianza de la gente estaba sostenida por apenas un hilo. Y obviamente se rompió.

No voy a justificar otra vez sus acciones, no porque sea imposible, sino porque la acumulación de capítulos conflictivos llevó al hastío. Sólo estoy acá para decir que hemos perdido al último rockstar, al personaje que no necesita de drogas para cometer estupideces, ni de hoteles para romper televisores, ni de una guitarra eléctrica para hacer ruido. El tipo es cabalmente una estrella de rock insertada en el ambiente del fútbol. Sólo le faltó ir a entrenar en una limousine.

Al clásico de Avellaneda entre Independiente y Racing todavía le quedaba bastante tiempo de juego cuando Teo ya estaba en las duchas, una vez más expulsado, dejando a su equipo con 9 hombres y el marcador adverso.

En ese mismo momento empezó a correr una versión: el árbitro Sergio Pezzotta le había mostrado la tarjeta roja porque el colombiano le había dicho “carón”. ¡Carón! En Argentina ese término no posee ningún significado. O sí, forzadamente podríamos llegar a deducir que carón es una persona que tiene la cara grande, pero verdaderamente acá  nadie anda por la vida acusando de carón a otro, no se usa, no tiene sentido. Del mismo modo que no se le dice ojón a alguien que tiene los ojos grandes. Y así podría seguir con muchas otras partes del cuerpo.

Carón (descarado) dicen que dijo Gutiérrez. Cagón (cobarde) interpretó el juez. Y mientras la discusión dialéctica se encendía en los medios de comunicación, Racing se apagaba en la cancha, tratando inútilmente de lograr un empate heroico y llevándose un duro 4 a 1 en contra. El público ya se iba, pero aún quedaban el hit del final.

Desencajados por la derrota que determinó en ese mismo momento la renuncia del entrenador Alfio Basile, los jugadores más experimentados del plantel increparon en el vestuario a Gutiérrez, que después de recibir varios golpes sacó un arma para defenderse.

Caos, pánico y huída en taxi para el jugador de Barranquilla. Se difundiría luego que el arma era de juguete, pero a esa altura sólo era un dato importante para la justicia, no para lo deportivo. Los días de Teo en Avellaneda ya habían terminado.

Hoy, como hincha de Racing, es muy difícil no estar dolido. Agotó el crédito de devoción, esa que le ofrecimos desde aquel primer día que le hizo dos goles a San Lorenzo, hasta este sábado al mediodía, en el que le volvió a marcar a Independiente, aunque a nadie ya le importe.

Porque Teo, vale aclarar, llegó y se fue haciendo goles. Hablando de más, privilegiando lo individual sobre lo colectivo, peleándose con todo el mundo, pero haciendo goles, yendo al frente. Algo que le faltó a muchos de sus compañeros. Cuando baje la marea de odio lo vamos a recordar, hemos perdido al último rockstar.

*Creador de www.enunabaldosa.com, hincha de Racing. Twitter: @juancastroMDP.

Vea también:

Top cinco de peleas de Teófilo Gutiérrez.

Juega en mi equipo, siempre.

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