Cultura

Evelio Rosero nos ofrece un recorrido por su tormentosa ‘Casa de furia’

Conversamos con el escritor colombiano, quien presentó su más reciente novela.

Evelio Rosero

Nacho Caicedo celebra su aniversario de bodas. Con seis hijas y una exitosa carrera como magistrado, decide que es una buena ocasión para invitar familia, amigos y allegados en lo que será una jornada de fiesta de todo un día y una noche.

Pronto quedará claro que juntar a tantas personas no solo es una proeza logística, sino que a medida que avanza el día –y la noche– los secretos, deseos y rencores van abriendo las grietas de una tragedia que no podrá evitarse cuando la muerte toque el timbre.

Evelio Rosero nos habló de esta novela, donde la intriga y la angustia se juntan mientras la música es cada vez más ensordecedora en esta fiesta infernal.

Para empezar, coméntenos de las ideas y referentes que nutrieron este libro, que sabemos le tomó algún tiempo agrupar, ¿qué historias inspiraron Casa de furia?

Muchas historias, sobre todo las del país: el secuestro, la impunidad, por mencionar solo dos. Ahora bien, en la ficción las historias nunca van predeterminadas. Suelen aparecer, suelen brotar como las plantas extrañas en un jardín solo de flores. Es como si cada personaje viniera al mundo con sus propias historias para contar, bajo el brazo. Se propone uno, como autor, ciertas historias para desarrollar, que obran a manera de epicentro, pero la mayoría de historias las va generando el mismo proceso creativo de la novela, lo que yo llamo los vericuetos inesperados y los abismos intempestivos.

¿De qué manera la idea de una casa (sus dueños, invitados y enemigos) agrupa muchos de los problemas que nos aquejan como país?

Eso ocurre porque esa casa, sus dueños, sus invitados, sus enemigos, están dentro de un país, de una historia que los acobija a todos por igual, de una realidad idéntica que, sin embargo, es causa de diferentes reacciones. En todo caso, ese entorno familiar no deja de ser un espejo fiel del país, el monstruo y el ángel que lo acobijan todo. Hay ríos todavía puros en Colombia, pero en sus orillas hay fabricantes de estiércol de ácido dispuestos a malograrlos. Eso es lo que ocurre.

Uriela es clave, no solo por su sabiduría sino por su inteligencia emocional, ¿podría contarnos más sobre la creación de este personaje?

Uriela es la consecuencia humana de una de mis hermanas, que admiro y quiero mucho, pero también de amigas muy especiales que tuve la suerte de conocer a lo largo de toda mi vida. Mis personajes femeninos son consecuencia de esas mujeres, ya niñas o muchachas o ancianas. Creo que siempre le doy más importancia a mis personajes femeninos en mis novelas. Por ejemplo, en Los Ejércitos, si bien el protagonista es el profesor Pasos, a él lo mellan y lo alegran y lo afligen y lo dictaminan las presencias femeninas del pueblo donde habita, sus latidos, sus pulsiones, su esposa, su vecina.

En muchos casos, el lector va en busca del final feliz. Este libro propone más bien un conflicto inicial, otros intermedios y uno final, ¿cómo decidió el desenlace de este gran caos?

No lo decidí a conciencia. Diría que ese gran caos al que usted se refiere fue generando el final indicado. La protagonista, Uriela, que es el espíritu y la inteligencia de la novela, se enfrenta a la barbarie, a la locura que nace de confrontar esa misma violencia. Es el bien contra el mal, de nuevo enfrentados. En este caso la esperanza radica en Uriela. Pero, si no estoy mal, en la novela la esperanza es derrotada. Porque eso es lo que ocurre a diario en este país.

«Si no estoy mal, en la novela la esperanza es derrotada. Porque eso es lo que ocurre a diario en este país«

En el libro, las personas que hacen daño son las “sombras”, pero también los invitados, la misma familia, los viejos rencores. De todos los conflictos que existen entre los personajes, ¿cuál diría que es el que lo complica todo e inicia el desastre?

La enemistad entre Nacho Caicedo y Nimio Cadena: La venganza.

La música juega un papel primordial en la manera en que todo se desarrolla, ¿fue de alguna forma una crítica a la manera en que nos ensordecemos ante los problemas de otros?

Puede ser. Me cautiva esa posibilidad. Siempre he dicho que el lector es otro creador. Las conclusiones del lector a veces no las imaginaba el autor. Muchas gracias.

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