La controversia volvió a rodear a Liliana Campos, conocida públicamente como “La Madame”, luego de que denunciara que le habrían cancelado el acceso a una vivienda turística en Barú, zona insular de Cartagena, presuntamente por cuenta de su pasado judicial. La mujer aseguró que el inmueble había sido reservado mediante la plataforma Airbnb por uno de sus hijos, residente en Estados Unidos, pero que, tras conocerse su identidad, comenzaron los inconvenientes para concretar la estadía.
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A través de varios videos publicados en redes sociales, Campos afirmó sentirse víctima de discriminación y señaló que, pese a haber cumplido su condena, continúa enfrentando rechazo social. “Está cansada de ser discriminada y atropellada”, expresó en una de las grabaciones que rápidamente se viralizaron en plataformas digitales.
Polémica en Cartagena: “La Madame” asegura que no la dejaron hospedarse en Barú por sus antecedentes
La exconvicta anunció además que recopilará pruebas para iniciar acciones legales junto a su abogada, entre ellas una posible tutela y una demanda, argumentando que tiene derecho a rehacer su vida sin continuar siendo señalada por hechos del pasado. Hasta el momento, ni Airbnb ni las autoridades relacionadas con la administración del inmueble se han pronunciado oficialmente sobre las declaraciones de Campos.
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El caso reavivó el interés público alrededor de la historia de “La Madame”, considerada uno de los personajes más polémicos de la última década en Cartagena. Liliana del Carmen Campos Puello fue condenada por los delitos de trata de personas y concierto para delinquir agravado, luego de ser señalada de liderar una red de explotación sexual que operaba en sectores turísticos de la ciudad amurallada.
En una reciente entrevista concedida al periodista Rafael Poveda en el pódcast Más Allá del Silencio, Campos habló sobre el negocio ilegal que manejó durante varios años y aseguró que llegó a trabajar con más de tres mil mujeres. Según relató, “no fue en uno ni dos años, sino durante mucho tiempo”, explicando que muchas mujeres llegaban atraídas por los ingresos económicos que podían obtener.
Durante la conversación, también rechazó los señalamientos que la vinculaban con explotación de menores de edad. Según dijo, “nunca trabajó con menores” y siempre verificaba documentos de identidad para evitar que alguna adolescente ingresara a su organización. Además, insistió en que ninguna mujer fue obligada a permanecer allí y afirmó que “a ella la pintaron como un monstruo, pero ninguna mujer salió a decir que la forzó”.
Campos igualmente negó haber tenido nexos con redes internacionales de explotación sexual y aseguró que siempre trabajó de forma independiente. En la entrevista, habló además sobre las dificultades que enfrentó durante su paso por distintas cárceles del país, donde permaneció privada de la libertad durante varios años.
“Mujer operada, bonita y con plata en una cárcel en Colombia sufre”, manifestó al recordar las tensiones y problemas que, según dijo, vivió con otras reclusas durante su permanencia en prisión.
Pese a todo, afirmó que no volvería a involucrarse en actividades relacionadas con el negocio que la llevó a la cárcel. Según expresó en el pódcast, “jamás volvería a ser madame” porque entendió que esa experiencia fue “una lección demasiado fuerte”.
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Ahora, mientras busca rehacer su vida lejos de los escándalos judiciales, la nueva denuncia por presunta discriminación en Barú vuelve a poner a Liliana Campos en el centro del debate público sobre la reintegración social de personas que ya cumplieron sus condenas.
