Colombia solo está pensando en elecciones y eso es normal. El país mira hacia el nivel nacional, los candidatos, las encuestas, las alianzas y los grandes discursos. Pero en medio de esa conversación hay algo que no podemos olvidar: Bogotá no es una ciudad más. Bogotá es la capital del país.
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Lo que pase en Bogotá marca el rumbo de Colombia. Aquí se concentran decisiones, instituciones, economía, movilidad, seguridad, educación, empleo y también buena parte de los problemas que después terminan impactando al país entero. Por eso, hablar de futuro nacional sin hablar en serio de Bogotá es quedarse a mitad de camino.
Durante años, la ciudad se acostumbró a administrar problemas. Cada año conocemos nuevas cifras sobre inseguridad, colados, microtráfico, deterioro urbano o hacinamiento carcelario. Cada año aparecen los mismos diagnósticos y cada año los ciudadanos siguen viviendo las mismas dificultades o peores.
Por eso he planteado diez medidas concretas para recuperar el orden, la autoridad y el rumbo de la capital.
La primera es la construcción de una mega cárcel en Sumapaz: Bogotá alberga cerca de 16.000 personas privadas de la libertad en cárceles diseñadas para 10.000 cupos, mientras las URI y estaciones de Policía registran un hacinamiento superior al 150%. A esto se suma que aproximadamente el 32% de las extorsiones denunciadas se originan desde centros penitenciarios.
La cárcel no puede seguir funcionando como una oficina del crimen. Tiene que ser un lugar de control, aislamiento de cabecillas y trabajo penitenciario. El que le hizo daño a la sociedad debe asumir consecuencias y reparar.
La segunda decisión es acabar con los colados en TransMilenio mediante un Plan Nación-Distrito contra la evasión. Solo en 2025 los colados generaron pérdidas superiores a los $265.000 millones. Se necesitan controles permanentes, infraestructura anticolados, cobro real de sanciones y seguimiento a reincidentes. La regla debe ser clara, quien incumple, responde.
La tercera es recuperar la Calle 72. Durante años, uno de los corredores más importantes de Bogotá ha estado marcado por bloqueos, disturbios y deterioro urbano. La propuesta contempla reubicar el campus de la Universidad Pedagógica a otras sedes y recuperar ese corredor con seguridad permanente, renovación del espacio público, protección al comercio, movilidad garantizada y autoridad real. Claro que la educación debe fortalecerse, pero Bogotá también tiene derecho a moverse, trabajar y vivir sin miedo.
La cuarta decisión es que los presos trabajen por Bogotá. La reincidencia carcelaria pasó de 16,4% en 2016 a 23,4% en 2025, mientras los programas de estudio y deporte apenas llegan al 3% de los privados de la libertad. Quienes cumplan las condiciones deben participar en labores de servicio social como recuperar espacios deteriorados, limpiar zonas críticas, sembrar árboles y pintar puentes. El mensaje debe ser claro en que el que dañó, debe reparar y el que destruyó la ciudad, debe ayudar a reconstruirla.
La quinta decisión es eliminar las zonas de tolerancia. Los indicadores muestran que algunos de los sectores más violentos coinciden con estas zonas. Santa Fe registra una tasa de 54,7 homicidios por cada 100.000 habitantes y Los Mártires alcanza 53,6 homicidios por cada 100.000 habitantes, más de tres veces el promedio distrital.
Bogotá no puede tener “repúblicas independientes”, por eso la ciudad necesita una estrategia integral de recuperación institucional con más seguridad, intervención judicial, renovación urbana y protección real para víctimas de explotación y trata.
La sexta decisión es transformar el San Juan de Dios. Durante más de 20 años, este lugar ha sido símbolo de litigios, promesas incumplidas, abandono y una ideología terca. Bogotá no puede seguir perdiendo uno de sus terrenos más estratégicos. La propuesta es impulsar un gran proyecto de renovación urbana alrededor del sector, con vivienda social y asequible para trabajadores, jóvenes y familias de ingresos medios y bajos, mediante alianzas entre el Distrito, la Nación, las universidades y el sector privado.
La séptima decisión es cero droga en el espacio público. Bogotá está perdiendo una batalla silenciosa en parques, barrios y entornos escolares. Entre 2023 y 2025, los casos asociados al consumo de marihuana en menores aumentaron 156% y los relacionados con tusi crecieron 98%.
Este tema no me es ajeno, soy autor del Acuerdo 983 de 2025, mediante el cual se estableció una señalización clara en los perímetros y zonas donde no está permitido el consumo de drogas en el espacio público, especialmente para proteger a niños y adolescentes. Pero señalizar no basta si no hay autoridad para hacer cumplir la norma, se necesita desmantelar las redes de microtráfico que operan alrededor de colegios y parques.
La octava decisión es enfrentar con seriedad la habitabilidad de calle. Bogotá registra actualmente 10.478 habitantes de calle, la segunda cifra más alta de los últimos 28 años. La ciudad no puede seguir normalizando el deterioro humano ni el deterioro del espacio público. Se requiere una ruta obligatoria de atención médica, psiquiátrica y social en casos de adicción severa y trastornos mentales graves.
La novena decisión es tener menos distrito inútil. Bogotá cuenta actualmente con 72 entidades y distintos ejercicios de reorganización han estimado ahorros superiores a $100.000 millones. En una ciudad con tantas necesidades en seguridad, salud, educación e infraestructura, es válido preguntarse si todos esos recursos están siendo bien utilizados. Hay que fusionar o eliminar entidades que dupliquen funciones y destinar esos recursos a lo que la gente realmente necesita.
La décima decisión es traer la Fórmula 1 a Bogotá. Las ciudades también compiten por inversión, turismo, empleo y proyección internacional. Por eso propongo crear la Semana Bogotá Motor e impulsar una alianza público-privada para traer el Gran Premio de Bogotá.
Por eso la discusión nacional también debe pasar por aquí. Por nuestras calles, estaciones, colegios, cárceles, parques, barrios y familias. Y quizás ese sea el principal mensaje de estas 10 decisiones, recordarle a la ciudad que todavía es posible recuperar la autoridad, el orden y el progreso.
