El domingo 31 de mayo, millones de colombianos hicieron algo sencillo y profundo: salieron de casa, hicieron la fila y votaron. El resultado fue contundente: la abstención cayó al nivel más bajo de este siglo. Con el 100% de las mesas informadas, 23.978.304 personas acudieron a las urnas de 41.421.973 habilitadas, una participación del 57,8%; es la cifra más alta en 24 años. Y conviene reconocerlo: la jornada transcurrió con orden, normalidad y transparencia gracias a las garantías electorales que dispuso la Registraduría Nacional del Estado Civil, base de la confianza que se reflejó en las urnas.
Ese ánimo define el escenario que viene. Abelardo de la Espriella, con el 43,7%, e Iván Cepeda, con el 40,9%, disputarán la segunda vuelta el próximo 21 de junio. Quien gane lo hará con un respaldo más amplio que el de sus antecesores, y ese respaldo no es un trofeo para colgar en la pared: es un compromiso que se firma con la gente. A más votos, más exigencia; lo que demanda hechos concretos, no discursos.
Bogotá lo entendió bien y habló con voz propia. Más de cuatro millones de bogotanos salieron a votar —una cifra sin precedentes para la ciudad—, con una participación del 67,9% de su censo electoral: la segunda más alta del país, solo por detrás de Cundinamarca (69,6%). El entusiasmo se sintió en todo el territorio: ocho localidades superaron el 70% de participación. En Bogotá, Iván Cepeda obtuvo 1.706.249 votos (41,6%) y Abelardo de la Espriella, 1.543.517 (37,6%); ambas votaciones concentran cerca del 79% del voto bogotano. Más allá de los nombres, el mensaje es difícil de ignorar: Bogotá decide, Bogotá se moviliza y Bogotá pesa en el destino del país.
Por eso la capital tiene derecho a levantar la voz. Y lo primero que debe hacer el próximo presidente es asumir compromisos concretos y medibles con una ciudad que necesita una ruta seria para cerrar el déficit de policías y devolverle tranquilidad a los barrios. Necesita una solución estructural al déficit del Fondo de Estabilización Tarifaria de TransMilenio. Y necesita revisar unos marcos tarifarios de servicios públicos que hoy se sienten, mes a mes, en el bolsillo de millones de hogares. Más que anuncios nuevos, Bogotá necesita que la Nación ayude a resolver problemas que llevan años acumulándose.
A esos compromisos se suman peticiones puntuales que no dan más espera. La primera: cumplir con la financiación de la Segunda Línea del Metro, una obra que la ciudad espera y que no puede quedar atrapada en la incertidumbre presupuestal. La segunda: que el próximo gobierno entienda que Bogotá tiene una agenda de obras pendientes que dependen del respaldo nacional, como la ampliación de la Autopista Norte, la ejecución de la PTAR Canoas y la nueva Calle 13. La capital no debería seguir negociando cada proyecto como si fuera un favor político: son obras estratégicas que dependen de la cofinanciación de la Nación para ser técnica y financieramente viables.
Y ese mandato tiene un rostro joven. Solo en Bogotá, la Registraduría reportó 1.531.877 jóvenes entre 18 y 30 años habilitados para votar, una cuarta parte del censo de la ciudad. Si votaron al ritmo promedio de la ciudad, cerca de un millón de ellos acudió a las urnas el 31 de mayo. Es una cifra enorme, que desmiente el lugar común de que los jóvenes no participan: sí participan, y tienen incidencia en los resultados electorales. Por eso, en lugar de instrumentalizarlos con discursos emocionales en campaña, es hora de cumplirles con obras concretas y de impacto real. El Multicampus de Suba es justamente eso: acceso a educación superior de calidad en una de las localidades con mayor población juvenil de la ciudad.
Bogotá pide, en el fondo, algo razonable: un gobierno que cuide los recursos públicos como si fueran propios, que combata la corrupción con hechos y que invierta cada peso en el progreso de la ciudad. No pide favores; pide que se le cumpla y que se le trate por lo que es: el motor económico del país.
La lección del domingo es clara y muy humana, cuando la gente siente que su voz pesa, vota, cuando ve que su voto se traduce en obras, vuelve a hacerlo. Desde el Partido MIRA lo decimos con convicción: Bogotá votó, Bogotá pide y Bogotá merece un gobierno nacional que le cumpla.
