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Opinión: Paloma Valencia: claridad en medio del caos

La concejala Cristina Calderón hace público su apoyo a la candidata presidencia Paloma Valencia en esta columna de opinión, y explica sus razones.

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Concejala Cristian Calderón se suma a Paloma Valencia

La política colombiana lleva años atrapada entre el ruido, la confrontación y la incertidumbre. Mientras unos quieren desmontarlo todo y otros se resignan a que nada cambie, los colombianos terminamos sintiendo que el país perdió el rumbo. En medio de esa sensación de cansancio colectivo, la candidatura de Paloma Valencia aparece como una propuesta clara, firme y entendible para Colombia en 2026. Y quizás eso sea precisamente lo que más necesita el país: claridad.

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Paloma Valencia no representa una política ambigua ni acomodada a las encuestas. Lleva años defendiendo ideas concretas sobre democracia, seguridad, libertad económica e institucionalidad. En tiempos donde muchos políticos prefieren decir lo que la gente quiere oír, ella ha mantenido posiciones coherentes incluso cuando generan debate. Y eso, guste o no, es una muestra de carácter.

Uno de los puntos más importantes de su propuesta es la defensa de la democracia y de la Constitución de 1991. Aunque para muchos estos conceptos suenen lejanos o demasiado técnicos, en realidad hacen parte de la vida diaria de todos los colombianos. La democracia significa que ningún presidente puede hacer lo que quiera; que existen límites, jueces independientes, separación de poderes y reglas de juego claras. Eso es precisamente lo que hoy muchos sentimos amenazado.

Colombia necesita volver a creer en sus instituciones. Necesita recuperar la confianza en que las leyes están por encima de los gobiernos y no al servicio de intereses políticos.

Pero más allá del debate institucional, hay algo que conecta directamente con las preocupaciones de los colombianos: la economía. Porque al final las discusiones políticas tienen sentido si mejoran la vida cotidiana. Y ahí Paloma Valencia también plantea una visión concreta: fortalecer el emprendimiento, apoyar a las empresas y recuperar la confianza para invertir.

A veces en Colombia se habla del empresariado como si fuera el enemigo, cuando en realidad detrás de cada empresa hay empleos, salarios y oportunidades. Sin crecimiento económico no hay reducción de pobreza posible. Sin empresas fuertes no hay recaudo para financiar programas sociales. Y sin estabilidad jurídica nadie arriesga capital para generar desarrollo.

Paloma entiende algo básico, pero fundamental: la riqueza no aparece por decreto. La riqueza no la crea el Estado. La riqueza se construye con trabajo, inversión y confianza.

Esa visión puede sonar simple, pero hoy resulta necesaria en un país golpeado por la incertidumbre económica, la informalidad y el desempleo. Colombia necesita volver a ser un lugar atractivo para producir, emprender y generar oportunidades, especialmente para los jóvenes que sienten que cada vez tienen menos opciones.

Ahora, si hay un tema que se ha convertido en una preocupación nacional es la seguridad. El sentimiento es que el Estado perdió el control. El aumento de la violencia, las extorsiones, los grupos armados y el miedo han deteriorado la tranquilidad de millones de familias.

En ese escenario, la propuesta de Paloma Valencia insiste en fortalecer la Fuerza Pública, recuperar la autoridad del Estado y garantizar que la seguridad vuelva a ser una prioridad nacional. Porque sin seguridad no hay inversión, no hay turismo y no hay empleo. Pero sobre todo, sin seguridad no hay paz.

La paz no puede construirse desde la debilidad institucional ni con concesiones a los violentos. La verdadera paz necesita autoridad, justicia, legalidad y orden. Los colombianos queremos volver a vivir sin miedo.

Otro aspecto que hace interesante su candidatura es el liderazgo femenino que representa. Durante décadas la política colombiana estuvo dominada casi exclusivamente por hombres. Hoy el país está preparado para discutir liderazgos distintos, y Paloma Valencia ha demostrado que puede ocupar un lugar relevante en ese escenario no solo por ser mujer, sino por preparación, trayectoria y capacidad de debate. Nadie está más preparado y capacitado para gobernar este país que Paloma.

Su presencia también amplía conversaciones necesarias sobre pobreza, inclusión, infancia y oportunidades sociales desde una perspectiva diferente. Eso enriquece el debate público y ayuda a construir soluciones más completas frente a los enormes desafíos que enfrenta Colombia.

Por supuesto, ninguna candidatura es perfecta y ningún político tiene todas las respuestas. Pero en tiempos de incertidumbre, las sociedades también buscan liderazgo, coherencia y visión de país. Y ahí es donde Paloma Valencia logra conectar con muchos ciudadanos que sentimos preocupación por el rumbo de Colombia.

Su apuesta combina defensa institucional, seguridad, crecimiento económico y liderazgo firme. Es una propuesta clara. Y en un momento donde abundan los discursos vacíos y las promesas imposibles, la claridad termina siendo un valor político enorme.

Más allá de la polarización, hay una parte del país que quiere volver a hablar de orden, oportunidades, estabilidad y democracia sin complejos. Y esa conversación, sin duda, apenas comienza. Es Paloma o nunca. Para Colombia no hay plan B.

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