Estuve de paso en un viaje de trabajo en el municipio de Corozal-Sucre, que se encuentra de cumpleaños por estos días, y me impresionó su gastronomía, porque tuve la fortuna de encontrarme con una feria en donde resaltaban sus amasijos tradicionales como el famoso diabolín, la trompá, las parpichuelas y la deliciosa galleta de limón. Y en ese trasegar por las calles del sitio quise preguntarle a sus habitantes por chefs reconocidos para hablar con ellos. Alguien me dio un nombre; “Mariela Robinson Díaz, pero no se encuentra aquí, está en Bogotá haciendo patria con nuestros sabores tradicionales de Sucre y creo que tiene un restaurante que se llama Sam Basilio”.
Me di a la tarea de buscarla, me conseguí su contacto y me contó su historia, una historia llena de sabiduría entre papas cocidas rebosadas y fritas con queso y jamón (wichis), fritos tradicionales, pasteles (tamales para nosotros los del interior) y en general una sazón y un amor por la comida del Caribe que muy pocos tienen.
Licenciada en preescolar, con muchas ganas de abrir nuevas oportunidades, llegó hace cinco años a Bogotá. Pero no quería ejercer su profesión, porque su amor heredado por la cocina le dio la idea de montar un restaurante que enalteciera los sabores y las tradiciones de su región. Dice con mucho orgullo doña Mariela que en su restaurante no solo se sirve comida costeña, sino también se sirven recuerdos, esos que evocan a la colonia costeña que tuvo que emigrar hacia el interior en busca de mejores oportunidades. Es como una especie de embajada Caribe en Bogotá, allí mediante el paladar se recuerdan esas recetas de las madres, de las abuelas y de esas mujeres de municipios pequeños de la costa forjadas al calor del fogón.
En su menú se pueden encontrar dos secciones; el paso 1 en donde hay especie de entradas como quienes, carimañola de carne, de queso, arepa e huevo solita o con carne, o con huevo y chicharrón, y también las no muy conocidas pero siempre deliciosas arepas de anís con queso. Ya en la parte de platos fuertes encontramos un plato que a mí personalmente no me mata pero que seguramente cuando vuelva a Bogotá le daré una segunda oportunidad y es el pastel costeño. Parece que los de la señora Mariela tienen fama y me hizo prometerle que lo probaría de nuevo. La posta cartagenera también se hace presente en el menú, la zarapa de carne, el sancocho de res, el de pollo y el trifásico, y por supuesto su majestad el mote de queso. Son platos que guardan la memoria de la costa, con cocción lenta, tradición y el amor que le pone a cada detalle Mariela Robinson.
Obvio se puede acompañar esto con bebidas autóctonas como el guarapeitore, el jugo de corozo, de tamarindo y de la deliciosa guayaba agria.
Siempre hay por ahí gente que le pone el alma a la cocina, que solo necesita inspiración, añoranza, sentido de pertenencia por sus tradiciones, y sobre todo mucha ganas de dar amor a través de la comida. Seguramente la colonia costeña está muy agradecida por tener ahora la opción en el norte de Bogotá de tener a doña Mariela y a Sam Basilio como visita obligada para añorar por medio del paladar sus raíces y sus orígenes.
Dirección: carrera 15 No 106-47 Bogotá
Instagram: @sambasilio_ac
