Opinión

Corozo, el oro rojo del Caribe

Personas del interior merecen probar cosas nuevas cuando van de vacaciones a la playa y adoptarlas como propias cuando regresan a sus casas: Hugo Valenzuela

Gourmetro
Corozo

Somos conocidos mundialmente por ser un país rico en frutas; se afirma que podríamos comernos una fruta diferente cada día durante los 365 días del año, pero hay algunas muy comunes y otras que no aprovechamos tanto porque tal vez no sabemos de su potencial y diversidad. Si a mí me preguntan la fruta que más me gusta en jugo es el kilo, esa mezcla entre ácido y dulce es agradable a los sentidos; pero en los últimos años viviendo a nivel del mar he descubierto la grandeza del corozo, una fruta infravalorada y que no se ve en todo el territorio nacional.

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El corozo costeño (Bactris guineensis) es el fruto de una pequeña palma espinosa que crece de forma silvestre en el Caribe colombiano, especialmente en departamentos como Bolívar, Córdoba, Magdalena y Sucre. Es un ingrediente fundamental de la cultura caribeña, apreciado por su sabor único que mezcla lo dulce con una acidez refrescante. Pero en el Magdalena Medio, en departamentos como Santander es desaprovechado y hasta vilipendiado en su nombre. Allí lo conocen como “uva lata” y muchas veces naciendo de forma silvestre y sin cultivo permanente lo dejan perder, no lo recolectan y no lo aprovechan correctamente. Puede ser que no lo hagan debido a su palma espinosa que dificulta acceder a su fácil recolección. En el interior solo se consigue en tiendas de cadena de origen caribeño, y también en esos barrios donde hay una gran colonia costeña, que asegura la venta rápida del producto.

El sabor del corozo es delicioso; yo he tenido la fortuna de procesarlo artesanalmente en casa en donde se despulpa, se hierve durante horas y se convierte en una de las bebidas de jugo natural más deliciosas que he probado. Con el corozo se puede también hacer vino, y chefs innovadores hoy en día lo ponen en platos de alta cocina realizando reducciones para una posta cartagenera, helados, reducciones en salsas para una hamburguesa y hasta me lo he encontrado en postres como la milhoja que probé hace poco en la capital del Magdalena.

Debería el país en sus fogones aprovechar mucho más este producto que en mi concepto es el oro rojo de la región Caribe. Personas del interior merecen probar cosas nuevas cuando van de vacaciones a la playa y adoptarlas como propias cuando regresan a sus casas. Yo soy de los que siempre cuando voy a otra región pruebo lo local; así he conocido el níspero, el zapote costeño, la galleta de limón cordobesa, la chepacorina del Carmen de Bolívar, el Rondón de San Andrés, el caldo de chorotas de Santander, el pusandao del Pacífico, el ají de maní caucano, las deliciosas empanaditas de pipián en Popayán, y en general muchos de los platos típicos enriquecedores que hacen de nuestra gastronomía una futura potencia mundial.

¡Que viva el oro rojo del Caribe! ¡El delicioso corozo de nuestro país!

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