La educación es, sin duda, la herramienta más poderosa para transformar realidades. Por décadas, los jóvenes del noroccidente de Bogotá han esperado una oportunidad real para acceder a la educación superior sin tener que atravesar la ciudad por horas. Tras la reciente entrega de los predios para el Multicampus Universitario de Suba, nos encontramos ante una encrucijada: ¿estamos construyendo un sueño de calidad o simplemente instalando una solución de emergencia?.
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Desde el Partido Político MIRA en el Concejo de Bogotá hemos sido enfáticos: nuestros jóvenes no merecen estudiar en contenedores. Aunque celebramos que el proyecto avance y que se cuente con una inversión proyectada de $215 mil millones de pesos bajo el CONPES 4181, no podemos ignorar que el inicio de operaciones, previsto para el segundo semestre de este año, contempla la instalación de 64 estructuras modulares. Esta medida, planteada para albergar a 920 estudiantes, se queda corta frente a la dignidad y las necesidades de una localidad que ha esperado demasiado tiempo.
Nuestra preocupación central hoy radica en la falta de garantías contractuales claras para la construcción definitiva. La historia de Bogotá nos ha enseñado que, en muchas ocasiones, la “fase temporal” termina convirtiéndose en la norma por falta de planeación técnica y exceso de urgencia política. La educación pública de alto nivel no se construye en contenedores, que es lo que se pretende desde el Gobierno Nacional; se construye con visión, responsabilidad y una infraestructura digna y bien planificada.
Suba merece un multicampus de ladrillos, con laboratorios de punta y espacios que inspiren el conocimiento, no módulos provisionales que perpetúen la precariedad. No se trata de populismo; se trata de decisiones serias, sin olvidar los compromisos del Gobierno actual con la juventud, gran parte de su electorado. Por ello, desde el Partido MIRA hemos anunciado un control político y una vigilancia estricta.
No permitiremos que lo provisional reemplace lo definitivo. Exigiremos que se pase de los módulos a los ladrillos en el menor tiempo posible, asegurando que cada peso de los $1,7 billones destinados a proyectos estratégicos en la ciudad se ejecute con total transparencia. Es hora de saldar la deuda histórica con el noroccidente de la capital. Los jóvenes de Suba no deben conformarse con proyectos a medias; merecen pasar de un potrero a una universidad de verdad, no a un campamento temporal.
