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Opinión: El nuevo outsider: un camaleón

Jair Buitrago Barrera, economista e investigador CLACSO, reflexiona sobre el fenómeno político de Juan Daniel Oviedo.

Juan Daniel Oviedo, candidato a la Alcaldía de Bogotá
Juan Daniel Oviedo (Juan Pablo Pino)

Con los números, los datos, la estadística y la tecnología, que hacen parte de la gran revolución de nuestro tiempo, se puede hacer política de una forma diferente. Al interpretar y combinar todo, lo que se obtiene es conocimiento valioso que puede generar muchos réditos de todo tipo, principalmente políticos. Esto es algo que ha comprendido Juan Daniel Oviedo de buena forma.

El outsider (anglicismo para definir a un espécimen que ha aparecido de la nada dentro de la jungla de tanto espécimen político tradicional) de la presente carrera electoral a la presidencia en Colombia y que, pese a su segundo lugar en la consulta de la centro-derecha colombiana -casi toda de la derecha-, muchos los proclaman como el gran vencedor junto al Pacto Histórico de la reciente jornada electoral que elegía al legislativo para los próximos cuatro años y definía a algunos candidatos que irán a la primera vuelta presidencial.

El conocimiento producto de la información analizada puede usarse para conectar con las necesidades de la población, y no con las necesidades creadas artificialmente, como es la manera tradicional de hacer política en nuestro entorno: me invento un problema para lanzarme y doy las respuestas para solucionarlo. Ya tenemos muchos problemas como para que ciertos “tanques de pensamiento” insistan en crear muchos otros que no existen.

Dediquémonos a solucionar los que ya tenemos. Quieren soluciones reales a problemas imaginarios, y obviamente, tristemente todo queda allá, donde señalaba Platón, en el mundo de las ideas.


Este señor sí es un outsider, pero no como un Milei o un Bukele o mucho menos como el tigre, que hasta de estafar jefes de pirámides sabe. Juan Daniel usa los datos e interpreta la información con el fin de conectar y movilizar a las personas, además con un respeto por la paz y la vida como bases de un proyecto político moderno, declarando que las clases en el poder no han sabido redistribuir la riqueza ni a través del empresariado ni del Estado y que eso ha pronunciado el giro a la izquierda, aseveración bastante aguda que podría granjearle el rótulo de “comunista” dentro su contexto político.

Esas son algunas de las afirmaciones que suelta Oviedo cuando se le pregunta por su postura en torno a los problemas de Colombia y las soluciones que tendría para afrontarlos. Esperemos que en algún momento podamos ver su coherencia; al menos en lo que respecta a su discurso, expresado en medio de tantas hienas y fieras, no sin ataques, sobresaltos y risas burlonas propias de ese ecosistema.

Paloma y los halcones de derecha no pudieron conciliar con esas posiciones y de esa forma atraer los votantes del centro. Sin embargo, el tipo tiene la capacidad de burlarse de sí mismo cuando lo tratan de “coger de marica”, eso un buen signo para ser un gobernante -no el único. Él solo continúa explicando sus ideas como si nada, riéndose también con su carácter y personalidad característicos.

Habla de que hacer política para él es más difícil porque su universo electoral se queda encerredo en tres cuartas partes de los votantes habilitados, esto debido a su orientación sexual en un país todavía profundamente machista y morrongo; aunque si uno lo escucha hablar y lo observa con deteniemiento, no es tan marica como muchos creen. Incluso considera que no es dando plomo y más plomo como se solucionan los problemas del país, una de las escasas ideas ya trasnochadas que sigue usando gran parte del sector de la llamada Gran Consulta por Colombia, en donde Oviedo participó, como lema electorero desde hace ya décadas.

Pisar tierras extranjeras, y no solo Miami, además de haber estudiado allí, al menos le ha dado cierta perspicacia que otros políticos tradicionales tardarán aún en asimilar. Oviedo es Phd. en economía, de una universidad francesa, y lo conocimos en el medio político gracias al fichaje que le hizo a la dirección del DANE el entonces presidente Iván Duque, un ejemplar de la política bien conocido después del ungimiento de su carnita para asumir la presidencia del país.

Conocí al señor Oviedo algún tiempo atrás cuando hacía presencia repentina y sospechosa en una acto deportivo y cultural que impulsamos cerca a la embajada de los Estados Unidos con un deporte nuevo llamado Tchoukball y otro más tradicional, el fútbol, además de algunas otras actividades culturales. El evento se llevaba a cabo con recursos de la alcaldía local de Teusaquillo y se exigía principalmente que ningún político se hiciera presente, cosa poco menos que imposible en nuestro contexto repleto de lagartería profesional —afortunadamente ese título no lo expiden oficialmente ni es requisito para ingresar a formar parte de la fauna y flora nacional del escenario político; de lo contrario la Fundación Universitaria San José ya habría graduado a más de un therian sin la necesidad de presentar ningún examen ni de asistir a ninguna clase virtual. La fórmula sería pareja para todos los que consignen en los tiempos establecidos, por aquello de Francisco Pareja, el fundador de tan “afamada y reconocida” institución, plata en mano...—.

Pues bien, Juan Daniel pasaba por aquel parque casualmente todo emperifollado con un traje verde, camisa de estampados, un pantalón bota campana y unos mocasines extremadamente puntiagudos, como si fuera para una fiesta retro de los ochenta e hiciera parte de una de esas coreografías de la época. Todo menos que casual y de improviso. En ese momento supe de su olfato político, aunque el evento tampoco le podría representar una cantidad significativa de electores.

Lo echamos de inmediato, por supuesto, pero él desfilaba como si pasara por allí por puro azar, aleatoriamente; bien producido, con su atuendo muy bien escogido y sabiendo exactamente la ruta de su paseo. Y pensar que ese evento no representaba ni tan siquiera una muestra significativa de los hay de la ciudad.

Irse a vivir en Bosa en tiempos de campaña a la alcaldía de Bogotá, hipotecar su casa e ir a limpiar baños públicos para impulsar su nombre en una consulta presidencial, sin duda Oviedo comprende cómo funciona el marketing y lo que las cifras tienen para decir, a diferencia de muchos de sus compañeros de consulta.

El tipo al menos se dio la pela de estudiar y hacer su Phd. en lugares que le exigían las mínimas competencias de lectoescritura, matemáticas, y pensamiento crítico para otorgarle el cartón- sabemos de otros doctores que han llegado o estado cerca de posiciones de poder, pero que a la hora de demostrar sus habilidades, o bien fue que pagaron para que les hicieran la tesis o es que se hacen los maricas con el erario y el futuro de los colombianos, para el beneficio,eso sí, de su patrimonio familiar.

Para no ir lejos en ese tema de esos doctores, tenemos el caso de uno de los ungidos y primogénitos del uribismo, el doctor Andrés Felipe Arias, más conocido en la fauna local como “Uribito”, y que después de la corrupción evidente de Agro Ingreso seguro, aseguró no saber nada de nada. Ni Socrates se habría atrevido a dar tan aguda respuesta en medio del proceso en el que fue encontrado culpable y condenado, muy a pesar del sistema judicial colombiano; el filósofo hubiese pedido la cicuta primero.

La docta ignorancia campea en nuestro país en el escenario público desde hace mucho tiempo, y no son precisamente seguidores de la escuela del pensamiento socrático: le decimos doctor a cualquier marica. Esperemos que si Oviedo sigue en el ecosistema político no sea uno más. Siquiera estudió y se graduó como debe ser; o eso es lo que nos está demostrando.

Estamos buscando un outsider desde hace rato, debe ser la moda mundial, en algunos casos parece no ir tan bien y ya los estamos viendo. Usar el marketing para inflar fenómenos políticos hace un tiempo viene terminando muy mal.

Si caminamos hacia una sociedad que cuestiona, que se pregunta qué hay detrás de cada manifestación política, lograríamos que el destino muchos fuera mejor en términos de educación, salud, justicia social, economía y otras muchas asignaturas que el país y la sociedad tiene pendientes; sin embargo, muchos políticos se han graduado a expensas de eso y sin resolver siquiera los asuntos más elementales donde podrían ejercer su posición privilegiada.

Despierta Galán, hablamos de ti. Despierta Bogotá. Oviedo ya es un protagonista de la carrera presidencial de este año: el domingo se graduó de político. Vendrá por Bogotá e irá por más: es un buen camaleón.

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